Sargento Pascuas: el único de los fundadores de las Farc vivo

A los 80 años vive en una pequeña finca en Algeciras, Huila, de regreso a su mundo campesino el que dejó para alzarse en armas al lado e Manuel Marulanda Vélez

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julio 22, 2020
Sargento Pascuas: el único de los fundadores de las Farc vivo

Miguel Angel Pascuas está llegando a los 80 años. Lo conocí antes de la pandemia, cuando la gente se podía encontrar para tomarse un café desprevenidamente.

Los surcos de sus párpados son tan hondos que sus ojos parecen dos pequeñas ranuras. Está acompañado siempre de dos escoltas muy jóvenes, . Con ellos tiene otro tipo de expresarse, de comunicarse. Los muchachos lo miran con admiración desde que eran unos niños, cuando veían su accionar como comandante del Sexto Frente de las extintas Farc. Pascuas parece un abuelo campesino cualquiera. Está en Bogotá porque cada mes tiene que reclamar poco menos de dos millones de pesos, el sueldo al que tiene derecho después de haber participado como negociador, el décimo que nombró esta guerrilla en noviembre del 2012. Desde esa época apoyó, con algunas reservas, los diálogos de paz de La Habana en los que estuvo en la mesa. Ahora regresó a Algeciras, el pueblo del Huila en donde nació en 1940 y de donde lo sacaron con su mamá y sus seis hermanos cuando tenía ocho años. Pascuas, entonces, recuerda.

Sargento Pascuas formó parte del grupo de marquetaleños en 1964

Después de que los sacaron a plomo de Algeciras él y su familia duraron seis meses dando vueltas, viviendo de arrimados en casas de primos, de familiares lejanos, su mamá consiguió un puesto en la cocina de Jorge Monar, el radical cura de Órganos, uno de los pueblos más conservadores del Tolima Grande. En una de sus eucaristías los sentenció “en este pueblo no puede quedar un solo conservador. Los rojos se me van tiñendo de azul o se van”. Adjuraron de lo que creían, se comieron la indignación por el asesinato de Jorge Eliecer Gaitán, y de la noche a la mañana se transformaron en conservadores porque no tenían más para donde agarrar.

A los 12 años ya la policía conservadora lo había culeteado, raqueteado, humillado por solo ser de una familia liberal. También había visto como mataban, masacraban, torturaban a familias enteras solo por ser rojos. A esa edad regresó a Algeciras. Hacía mandados en la finca de un primo segundo, Rafael Dusán. A lomo de burro iba planadas y Gaitana. Eran los años de la paz de Rojas Pinilla. En esa época empezó a conocer a los primeros guerrilleros que pasaron por su vida. Al primer guerrillero que le trabajó fue a uno que le decían Mundo Viejo, a quien le hacía mandados y terminaría reclutándolo para la semilla de lo que serías las Farc

Primero le pusieron el remoquete de Sucre. Tenía 16 años. Desde ese momento fue cercano a Manuel Marulanda Vélez. Era un niño cuando Tirofijo ya echaba pica y pala construyendo una carretera a la Gaitana. Fue por 1960 cuando el gobierno de Guillermo León Valencia mató al Charro Negro, legendario guerrillero por el que líderes como Marulanda pedían justicia al gobierno. Desde esa época Pascuas ha visto como una y otra vez los gobiernos han deshecho cualquier promesa, cualquier compromiso. Cuando estaban reunidos en Marquetalia, tratando de vivir con un sistema económico alternativo basado en el truque, Valencia los bombardeó con Napalm. Fue la primera vez que se usó ese tipo de bombas en el mundo. Según el profesor de la Universidad del Valle, Jaques Aprile, en su libro La ciudad colombiana, con esas bombas el gobierno norteamericano pagaba lo poco que se adeudaba de los 26 millones de dólares con los que Estados Unidos le compró al presidente Marroquín Panamá. Con lo poco que tenían Pascuas se escapó de la furia del napalm junto a otros guerrilleros legendarios como Tirofijo, Fernando Bustos, Jaime Guaracas, Joselo Lozada y otros 45 campesinos que vendrían a ser la columna vertebral de las Farc.

Pascuas apareció en la última Conferencia de las Farc en armas en el Yarí.

Desde ese entonces fue un guerrero, cuarenta y cinco años en la lucha, en 1999, en plenos diálogos de paz, lo dieron por muerto. Parece que nada lo puede vencer, ni siquiera el tiempo. Es el último de los fundadores de las Farc. Los muchachos que lo acompañan no sólo se ríen de sus anécdotas, no sólo lo admiran sino que lo ven como alguien inmortal, un mito viviente. Aunque ahora parece un venerable anciano Pascuas sembró el terror en Toribío y el norte del Cauca. Hasta el 2015 pesó sobre él una recompensa por parte del departamento de estado norteamericano de dos millones y medio de dólares, además de que sobre él se emitió una circular roja de Interpol.

Todo eso ha pasado. Ahora Pascuas tiene una finca pequeña y vive rodeado por algunos de los muchachos que lo acompañaron en sus largos y arduos años de guerra. Venía cada mes a Bogotá por tierra, despacio, entre los pueblos, a recoger personalmente su mesada que le entrega el gobierno a quienes dejaron las armas, como él, con la firma de la paz en el 2017. Guarda como recuerdos sagrados los tiempos compartidos con Manuel Marulanda Velez, ahora piensa más en el campo y su pequeña finca. Sus ojos apenas se ven aunque el mira desde adentro, protegido por los surcos que tapan sus párpados.

 

 

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