San Andrés, una isla que se hunde en su propio mar de corrupción

A pesar de tener todo para que sus habitantes vivan bien, los altos niveles de despilfarro y mal manejo de los recursos públicos hacen de las suyas

Por: YAIR LEONARDO FONSECA ALFONSO
enero 12, 2021
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San Andrés, una isla que se hunde en su propio mar de corrupción

La llegada del huracán Iota a la isla de San Andrés, a mediados de noviembre de 2020, dejó algunas casas destechadas, pocas edificaciones completamente destruidas y buena parte de la vegetación arrasada, especialmente en extremo sur. A pesar de lo anterior, al enfocarnos únicamente en San Andrés, los daños en la infraestructura habitacional y hotelera no fueron tan supremamente desastrosos como lo acaecido en Providencia y Santa Catalina. Es más, la reactivación económica luego del huracán y en plena pandemia, se ha hecho relativamente ágil; por ejemplo, la capacidad hotelera está funcionando casi en un 90%. De la misma manera, lugares turísticos como la Cueva de Morgan, el Hoyo Soplador, Johnny Cay, playa “charquitos”, el acuario natural, los manglares y las principales playas se encuentran completamente funcionales y operando dentro de la normalidad.

Ahora bien, pocos días después de la llegada del huracán, llamaba poderosamente la atención que, muchos isleños manifestaban su malestar con el gobierno nacional, e incluso, expresaban su descontento con la población que reside al interior del país. En efecto, los raizales han indicado copiosamente que los habitantes del “interior” nos acordamos únicamente de San Andrés cuando pensamos en vacaciones.

Lo expresado por los raizales es absolutamente cierto, difícilmente una persona de clase media viaja a este lugar para realizar negocios o inversiones turísticas, hoteleras y hasta comerciales. Atrás quedaron las décadas del ochenta y noventa; donde la isla era un puerto libre y la adquisición de una gran variedad de productos comerciales se hacía a menos de la mitad del precio oficial y generaba amplio margen de ganancias para los comerciantes que introdujeron los denominados “San Andresitos”, en buena parte de las principales ciudades ubicadas al interior del territorio colombiano.

No obstante, tampoco es menos cierto que la malversación de los impuestos y el grado de corrupción de esta porción de territorio colombiano es protuberante y salta a la vista. Por ejemplo, cualquier visitante debe comprar una “Tarjeta de Turista” de ciento treinta mil pesos colombianos, valor que al multiplicarlo por 160 no residentes (que en promedio trae un vuelo) arroja un total de veinte millones ochocientos mil pesos, los que multiplicado por 30 vuelos (que pueden ingresar fácilmente en un fin de semana de temporada alta) brinda un gran total de seiscientos veinticuatro millones de pesos, libres de cualquier descuento. De allí que los isleños sarcásticamente nombren la edificación donde está ubicada la gobernación de la isla como el “Palacio de los Magos”, porque no se sabe cómo hacen los dirigentes para desaparecer los millonarios ingresos que recibe este departamento.

A pesar de lo indicado, buena parte de la malla vial se encuentra en precarias condiciones; el alcantarillado está en un estado de absoluto abandono y en el sur de la isla, ni siquiera existe este servicio público esencial. Además, siendo un territorio con bastantes turistas, exceptuando 3 kilómetros de la zona norte, que está bien acondicionados; brillan por su ausencia los andenes en los 30 kilómetros restantes. A su vez, un número no despreciable de edificaciones particulares amenazan ruina y se encuentran abandonadas, en algunos barrios se observan vehículos olvidados en plena vía, el alumbrado público es deficiente y como consecuencia del alto nivel de delincuencia, hay sectores prohibidos para los turistas.

Hay que destacar lo excesivamente costosa que es la isla; verbi gracia, un simple huevo cuesta ochocientos pesos; una piña colada, un coco loco o cualquier bebida autóctona es cobrada en no menos de veinte mil pesos y un almuerzo difícilmente se encuentra en menos de treinta mil.

No obstante, resulta paradójico que, a pesar de los excelentes ingresos que pueden obtener los isleños con la buena explotación del turista, muchos viven en condiciones precarias. En edificaciones hechizas sin ningún tipo de cimentación, con falsos techos construidos con teja de zinc de baja calidad, viviendas sin pañetar ni pintar, así como pisos en tierra sin ningún tipo de enchapado.

Finalmente, no se puede desconocer la excelente atención brindada al turista, la exagerada amabilidad del isleño y la buena actitud frente a inquietudes y sugerencias. En igual sentido, es destacable la preservación de lugares emblemáticos y el cuidado que se brinda a la naturaleza por buena parte de los nativos. A pesar de los altos niveles de despilfarro y mal manejo de los recursos públicos por parte de los últimos gobernadores, quienes han sido enviados a la cárcel, las maravillas naturales siguen cautivando a propios y extraños, siendo un destino obligado para aquellos que valoramos el patrimonio ecológico de la humanidad.

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