Salvini y Di Maio, cerca del colapso en Italia

El país causa preocupación en la UE. Sus políticas internas son polémicas y la gobernanza es cada vez más difícil. Todos esperan un nuevo amanecer, ¿llegará?

Por: Francisco Henao
agosto 05, 2019
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Salvini y Di Maio, cerca del colapso en Italia
Foto: Twitter @matteosalvinimi - luigidimaio

Predappio, Italia. Julio 29. 2019. El pequeño municipio, ubicado al norte, a 320 km de Roma, se ha ido llenando de autobuses y coches desde tempranas horas del día, procedentes de todas las direcciones. Hay jóvenes, mayores, mujeres, niños, inválidos. Un gran número de ellos lucen, con aire enhiesto, camisas negras. Pero el ambiente es festivo, amistoso. No hay señales de tensión. Han llegado tantos que parecen sobrepasar a los 6000 vecinos que habitan Predappio. Van, vienen, se toman un capuccino. Las trattorias rebozan de voces. Nadie se resiste al aroma del prosciutto. Indagando en los rostros se observan rasgos de júbilo. Es una multitud festiva. No hay carabiniere a la vista. Tampoco se escuchan voces de protesta. Todos juegan al pleno acuerdo. Vaya… ¿a qué se debe este tumulto inusual? “¿No sabe?, hoy es el cumpleaños del Duce”, dijo al desgaire. Me parece no haber escuchado bien y repito: ¿De quién? De Benito Mussolini, querido, repitió la señora, cuarentona ella. ¡Tate!, claro que sí, hoy abren la cripta donde están enterrados los restos de Mussolini, como cada año. Las personas acuden puntuales a esta cita. Vienen en romería, como si fueran a visitar la tumba de San Francisco o del padre Pío de Pietrelcina. Son los adoradores del Duce, de año en año van en aumento. Nadie se escandaliza por esto, no hay prohibiciones, ninguno es llevado a la cárcel. Estamos en Italia donde la fantasía se convierte en banal y al contrario. Este entramado podría servir de guion perfecto para el excepcional cineasta Vittorio de Sica, quien después de la II Guerra Mundial se alzó con el cine neorrealista que miraba su entorno y se daba de bruces con la pobreza, un país abatido, de mirada apagada. Sica poetizó esa situación y la plasmó en la pantalla. Ladrón de bicicletas es una película suya que está considerada entre las diez mejores de todos los tiempos. 

Italia viene de lejos, del dolor, de la estrechez. Pero también de la grandeza del triunvirato de Marco Antonio-Lépido-Ottaviano y de su idioma que colonizó el mundo conocido. Siempre le ha resultado difícil gobernarse. Es esa sangre caliente del sur que altera el ánimo. En los últimos 70 años de democracia Italia ha tenido 65 Gobiernos, es difícil escoger el más inepto. Aun así es la octava economía del mundo y la tercera de la eurozona. El Duce que entregó el país en ruinas no la reconocería hoy. Al fin y al cabo es un proceso normal; el mundo está en constante cambio. La Unión Europea tiene mucho que ver en ello, nació para reparar el estropicio de los años cuarenta, que todos quieren olvidar. Pero Italia camina, como esa viejecita de Sartre que avanza por la calle desierta, con movimientos inciertos, sus huesos crujen como el cascarón de un barco sumergido por Francis Drake, no parece poder alcanzar el final de esta. La economía de hoy es tan amenazante, como aquellas hordas de camisas negras, con que el Duce sitió Roma en 1922. Bruselas y Europa entera miran de soslayo a Italia con susto. Se deuda pública es colosal, a 30 marzo de 2019 era de 2.454 mil millones de euros [2,3 billones de euros], en el año 2000 era de 1,3 billones. Cada niño italiano que nazca a partir de hoy tendrá que cubrir la deuda con sus siguientes 40 años de trabajo; una deuda que le dejaron sus abuelos. Entre 1997, al establecerse la eurozona, y 2017, el producto interior bruto per cápita real de Italia creció un 3% —menos que el de Grecia—.

Lo que más acoquina de la economía es la incoherencia para tratar los temas. Los programas del Movimiento 5 Estrellas y de la Liga se ajustan a la palabra temida en Francia y Alemania: populismo; que se traduce en aumento del gasto, bajada de impuestos y rechazo de las normas fiscales y monetarias de la UE, que llevan a que la deuda siga incontrolada. La coalición entre Matteo Salvini y Luigi di Maio ajusta más de un año. De cada encuentro entre ellos saltan chispas. Salvini habla de recortes de impuestos, Di Maio ofrece subsidios; no pasan de ser argumentos sin base real, porque si se pusieran en práctica el déficit crecería un 5% del PIB. Llegaría el momento donde el gobierno caería en manos de los acreedores, porque Italia no podría esconderse de sus compromisos internacionales, como lo establece su constitución.

A Salvini lo envalentonó el amplio triunfo obtenido en las elecciones al Parlamento Europeo de mayo y desde entonces quiere borrar del mapa a los grillinos y a su líder Di Maio por su mal resultado electoral. “Hemos ganado 7-0 a la izquierda”, canta feliz, con el rosario en la mano, ante sus adeptos. Tras las elecciones de marzo de 2018, crece sin parar. La Liga de Salvini continúa capitalizando la política de “mano dura” del gobierno, las encuestas lo acercan a la mayoría. La posición antiinmigración y euroescéptica lo consolida. Da la impresión de que sabe vender su imagen de líder único y capaz.

El 1 de agosto Salvini ganó un pulso a la UE, con los 116 inmigrantes rescatados por el guardacostas italiano, Gregoretti, a los que no permitía bajar en tierras de Italia. Logró que estas 116 personas sean acogidas en 5 países de la UE. “Fue difícil persuadirlos y despertar sus conciencias porque todos son muy generosos con los puertos de otras personas”, manifestó con ironía en el video donde da la noticia y en cuyo fondo se ve un cuadro de la Virgen. Resultados como este —¿acto electoral?— lo disparan en las encuestas. Sabe evolucionar, desde sus primeras posiciones ultraderechistas ha virado hacia el centro de la escena política, aprovechando el declive de la centroderecha Forza Italia de Silvio Berlusconi; aunque en Europa lo consideran ultraderecha. Salvini viene de la Liga Norte de Umberto Bossi que quería la secesión del Norte italiano porque iba en contra del centralismo romano. Vio que esto era inconveniente y lo abandonó. Suprimió del logo del partido la palabra "norte", al ser nombrado líder de la Liga, en 2013. Hizo desaparecer esa frontera invisible entre el norte industrial y el sur pobre. A Bossi solo le importaba la Lombardía, Padania. Matteo le dio carácter nacional y personalista al agregar “Salvini Premier”.

Su maniobra ha sido ganarse a los descontentos. Como ministro del Interior ha tocado la fibra de agricultores, obreros, industriales y artesanos, entre otros. Esto no se le pasó por la cabeza a Bossi. También ha sabido poner de su parte a sectores simpatizantes de la ultraderecha —en semana santa se fotografió con una metralleta en la mano—. Busca acentuar el soberanismo italiano y europeo, con lo cual mete miedo a Bruselas y busca obtener los apoyos de Donald Trump en el Oeste y de Vladimir Putin en el Este. Se mueve bien en el paño de las tres bandas.

¿Salvini tiene asegurado ya ser primer ministro, como lo sueña? Cualquier movimiento del M5E, le parece reprochable. Siempre tiene un pero. Su táctica es la misma de Boris para derribar a Theresa May: después de mí el diluvio. Di Maio, líder de los grillini —por Beppe Grillo—, lo dijo alto y claro, en vista de los continuos ataques de la Liga a los ministros de M5E: “No pueden estar en el gobierno con una actitud de oposición; lo que sea que hagamos, ellos dicen: 'esto no es suficiente'”. 

Uno de los caballos de batalla de la Liga es el impuesto fijo, conocido como "flat tax", que propone rediseñar las escalas de aportes tributarios con la excusa de dinamizar la economía. Es una antigua idea de Berlusconi para ayudar al país a "escapar del estancamiento y a crecer a tasas superiores del 3%". La economía italiana no crece por cuarta vez en cinco trimestres. En los tres últimos meses hasta junio, no registró crecimiento. Esta medida costará 30.000 millones de euros anuales y disparará el déficit público por encima del 135% del PIB de 2020. Esto no es otra cosa que demagogia, el pueblo al servicio de la ambición política de Salvini. Di Maio, en ese choque constante, declaró en la radio-RAI, el 2 de agosto: “Las partidas para el impuesto fijo siguen siendo un misterio. ¿De dónde sacará el dinero la Liga?, que lo digan. Esperamos de ellos la cantidad de miles de millones para ejecutarlo”.

Otro contratiempo para la Liga ha sido que la fiscalía de Milán ha abierto una investigación por una presunta financiación ilegal de Moscú a la Liga de Salvini, quien de inmediato calificó la noticia como “ciencia ficción”, y se negó de plano a dar explicaciones en el Parlamento, como se lo exigía el M5E, su socio en el Ejecutivo. Rusia vende petróleo a Italia por el importe de 1.500 millones de dólares, de estos dineros 65 millones van para las arcas de la Liga. Todo salió de una presunta grabación en el hotel Metropol de Moscú entre funcionarios rusos y voceros de la Liga. Hay una frase, presuntamente salida de la grabación: “No queremos depender de los iluminados de Bruselas o de los Estados Unidos”. Que es otro de los caballos de batalla de Salvini: Defender al "pueblo soberano" contra los atropellos del exterior. Del esperpento espeso que es la trama rusa, solo hay una cosa cierta, Salvini tiene una adoración especial por Vladimir Putin, es uno de sus espejos, le profesa admiración sincera, hasta donde sea posible hablar de sinceridad en política, porque sabemos que la mayor parte de veces, detrás de toda pose política, la egolatría y la ambición son las causas del movimiento. Ya sabemos que el poder es un fruto envenenado que embriaga la mente y la conciencia, como dice el jurista Michele Ainis —L’Espresso—. Salvini posa en la plaza Roja de Moscú con remera de la efigie de Putin en el pecho. En su casa, en el cuarto de estar, tiene una foto de Putin, en un marco de plata ortodoxo, (hay foto de Donald Trump) —tampoco falta la imagen de la Madonna e Gesù—. Así lo dejó ver cuando tuiteó el 26 de mayo luego de su triunfo en las elecciones al PE, en sus manos portaba un cartelito que decía "Grazie a tutti".

¿Es una coartada de los paparazzi para lograr beneficios? ¿Podría estar a la altura de las circunstancias la justicia para aclarar lo presentado? La idea que flota en el ambiente es que la justicia cojea. Así las cosas, M5E, y su ministro de justicia Alfonso Bonafede, ha propuesto una reforma a la justicia —¿Qué gobierno no quiere hacer esta reforma? Matteo Renzi la intentó, lo echaron—. Quiere separar a magistrados y fiscales, cambiar los plazos de los procesos, que el acusado vaya a la cárcel después de la sentencia. Tras 8 horas de consejo de ministros en la Palacio Chigi, 1 agosto, Giulia Bongiorno, de la Liga, puso el puntillazo: “Esta reforma no da certeza”. Para M5E su ley “barre corruptos” (Spazza Corrotti) acaba la prescripción, "después de la primera instancia, los plazos no cuentan".

Silvio Berlusconi durante su carrera política (fundó Forza Italia en 1992) ha enfrentado 37 juicios. Asegura haber gastado 770 millones de euros en su defensa. Uno de los procesos judiciales más largos y extenuantes fue el de la relación de Giulio Andreotti, 7 veces presidente del Consejo de Ministros, con Totò Riina, capo de Cosa Nostra. Un primer fallo condenó a Andreotti a 24 años de cárcel por el delito de asociación mafiosa; (supongo que el caso tuvo que llegar al despacho del Papa porque Giulio iba todos los días a misa, a la iglesia de los jesuitas). Posteriormente se dijo que antes de 1980, todo delito prescribía. Andreotti fue absuelto. A Giovanni Falcone, juez anticorrupción, Cosa Nostra lo desintegró con una bomba ANFO de 1000 kilos. 

Acoso y Derribo del M5E está en el punto de mira de Matteo Salvini. Por tanto la reforma de la justicia "grillini" es una banalidad, para él. “Sin una reforma real no estoy en el gobierno”, dijo a la RAI el viernes (2 de agosto). Esta es otra de sus tácticas: amenaza con irse del gobierno cuando se le contradice. El no lo exaspera. Su mayor inquina es que Luigi Di Maio y su partido M5E —partido antisistema, ni izquierda, ni derecha— hubiera entregado el voto para elegir a Ursula von der Leyen como presidenta al PE —para la Liga esto representa una “auténtica declaración de guerra”—; el Partido Demócrata —de centro izquierda, socialdemocracia— de Nicola Zingaretti, sucesor de Matteo Renzi, también votó a favor de la exministra alemana. Hoy, Salvini ve a Zingaretti como adversario al que no se debe perder de vista. Salvini no perdona que Cinque Stelle hubiera dado el volantazo para apoyar a Ursula. “La confianza se ha ido, incluida la personal”, tuiteó. La noticia se regó, los bulos hablaban de que “se acabó el juego”. Traducido: no más coalición y vamos a elecciones. Pero Di Maio no se quedó callado: “Eso es una puñalada en la espalda” y hablaba de cansancio por tantas mentiras e insultos, y atacó a la Liga: “Lo hacen porque quieren distraer del asunto ‘Moscopoli’" (los posibles millones de Moscú para la Liga).

Pero romper la coalición no conduce exactamente a nuevas elecciones. El presidente de la República, Sergio Mattarella, podría, en teoría, buscar un nuevo gobierno y M5E, aliado ahora con PD, tendría mayoría para hacerlo. M5E y PD se "hermanaron" —siendo antagonistas ideológicos— con el voto de apoyo a Úrsula, y vieron que todo es posible, si hay buena voluntad. Pero, cuidado, porque Salvini quedaría por fuera del gobierno y aunque las encuestas lo favorecen por el momento, hay una máxima que él conoce muy bien, de Andreotti —era un sabueso para oler el peligro—: “No desgasta el poder, lo que desgasta es no tenerlo”. 

¿Salvini se va del Gobierno? Giancarlo Giorgetti, uno de los asesores más cercanos al viceprimer ministro Salvini, mete presión para que la Liga se desconecte de la coalición gobernante. Giorgetti tiene un "plan maquiavélico" —revela il Corriere della Sera—, convocar elecciones anticipadas para febrero próximo, luego que un gobierno minoritario haya presentado el nuevo presupuesto en octubre próximo —la UE está expectante a ver qué tipo de presupuesto será presentado—. La Liga no apoyará al gobierno interino, pero no se opondrá a la aprobación del presupuesto. Así Salvini, según Giorgetti, sería primer ministro sin la necesidad de aliados. Creo que es un hermoso cuento de hadas.

En el fondo de este intríngulis y el maremágnum de zigzagueos políticos se echa de ver el olvido del gran constituyente de la democracia: el pueblo italiano, que Vittorio de Sica plasmó magistral en sus películas. Lo que impresionaba a Vittorio era la insolidaridad que veía. Una de las columnas de la Unión Europea es la solidaridad, que es su talón de Aquiles. Italia habla —¿con razón?— de una UE que no tiene en cuenta el principio de la subsidiariedad. Esto es discutible, pero… quién defiende a ese pueblo que todos los días se levanta más pobre, cada día más endeudado, hasta los puentes se están cayendo, mientras sus líderes pelean por su parcela política y no tienen que rendir cuentas ante nadie.

En 1998, la conocida Ley Draghi dio paso a la privatización de los bienes del Estado. Italia obtuvo por estas ventas más de 100.000 millones de dólares, con los que se amortizó parte de la deuda. Por aquellos días de danza de los millones, el periodista Giuseppe Turani se hacía preguntas: ¿Qué es el capitalismo? Tan estrechamente unido a los estrictos principios que Reagan puso de moda, en los años ochenta: que llamaron “economía vudú” —de ahí sacó Mario Draghi su ley—. Hay un artículo de Kenneth Rogoff, profesor de Harvard, el título es espectacular, El mesianismo político a menudo desemboca en las peores tiranías (lesechos.fr). Leo: “Donald Trump ha decidido recurrir al déficit presupuestario para financiar su bajada de impuestos, como ya lo habían hecho Ronald Reagan y George W. Bush. Los imperativos políticos son más fuertes que el nivel de deuda del país”. Esto es lo que quiere hacer Boris Johnson en el Reino Unido, Matteo Salvini y los populistas en Italia, Kyriakos Mitsotakis en Grecia, etc. Las deudas públicas tiemblan cuando llegan estos charlatanes al poder. Ellos se van y dejan al país arruinado. Luego los pseudohistoriadores se encargan de maquillar cifras y enaltecerlos. Al pueblo, y Vittorio de Sica da fe de ello, le queda la angustia en su corazón y en el rostro, que se ve magistral, en el filme Ladrón de bicicletas. En Turín —pongamos un solo caso, que se repite de norte a sur en la bota transalpina—, sus habitantes ven pasar delante de sus narices, a toda velocidad, el dinero de las multinacionales y el maserati de Cristiano Ronaldo, y mirar en las revistas rosas cómo son las mansiones de los famosos, porque a ellos nada de eso les cae. De ahí que Turani respondiera su propia pregunta así: “Nadie sabe bien qué es el capitalismo, pero creo que es el enorme deseo de enriquecerse, si es posible rápido y sin hacer nada”.

Tanto parloteo entre Di Maio y Salvini mete en saco roto una economía que está paralizada, en recesión no declarada, de capa caída como el partido de Berlusconi. El epicentro del estancamiento —la madre de la crisis— está en la manufacturación, que es un activo de excelencia en Italia. Miles de trabajadores, especialmente mujeres, trabajan en sus casas, como en Vietnam, Bangladesh, China, son muy mal pagados. Su trabajo prácticamente es economía subterránea. El NYT tiene un artículo sobre este tema que vale la pena leer (Inside Italy’s Shadow Economy). No saben quién es su patrón. Elaboran —abrigos, jerseys, chaquetones, vestidos de novia— para las grandes marcas de lujo. Por un “sofisticado abrigo reciben 24 euros, que Fendi vende en unos 2.300 euros” o muchísimo más. Estas prendas llevan la etiqueta que anuncia "Hecho en Italia-fabricación artesanal", que tanta serotonina segrega, pero regida por la injusticia social. ¡Cómo se lucró Karl Lagerfeld, a costa de estas anónimas costureras de Bari, Siena, Puglia, Potenza, de la Florencia de Lorenzo el Magnífico, que gastaron sus ojos y sus manos, en prendas que después lucirían la Noor de Jordania, la Charlene de Mónaco o Máxima de Holanda! ¿Qué han hecho los 65 gobiernos que ha tenido Italia a lo largo de la democracia por impedir estos atropellos que atentan contra la dignidad de los seres humanos?

Pelear más que construir. O simplemente como ya lo dijo Tomasi de Lampedusa, renovarse pero sin cambiar. Señores de la Lega, de Cinque Stelle, los italianos tienen derecho a vivir. Hay que reactivar la economía. Generar dinero. Sin dinero no hay vida. Es por esto que el alcalde de Predappio —donde nació el Duce—, Roberto Canali, ha visto que el dinero lo produce Mussolini, y aprovecha ese activo para beneficiar al pueblo. “La tumba de Mussolini, desde el punto de vista turístico, es una mina de oro para el pueblo”, asienta Canali. La tumba se abría tres veces al año. Ahora Canali se ha propuesto una cruzada: Abrir la tumba todos los días del año y dice —para curarse en salud— que lo hace por motivación económica, no nostalgia hacia el fascismo. “Si tengo que hablar con toda la curia vaticana, lo haré, igual si me tengo que entrevistar con Berlusconi, Letta, Prodi, los nietos de Andreotti, incluso con Matteo Salvini que tiene un corazón maravilloso, para que me autoricen abrir la cripta todos los días. ¿Qué puedo hacer? Roma se lo lleva todo para ella”, asienta con rostro hierático. Los visitantes de Predappio regresan emocionados a sus hogares, con souvenirs del Duce, que después en sus casas alumbran. Dejan inscripciones en el libro de visitas de la cripta, donde se lee: “Duce regresa para que acabes con la corrupción”, “Italia te necesita, no tardes más”, “Contigo esto era un país, ahora es un mercado de camelleros”. Vittorio de Sica pensaría que esta es la época más fascinante para elaborar sus guiones cinematográficos.

Queda abierta la pregunta que Luigi Di Maio le hace a Matteo Salvini y la Lega: ¿Diga de dónde van a salir los 30.000 millones de euros que se necesitan para tapar el hueco fiscal que deja su rebaja de impuestos? Él tomará por la calle de en medio.

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