Ruido, el diván del consumismo

El malestar no es producto de la pandemia, siempre estuvo en usted, esperando sigilosamente un detonante. ¿Acaso cree que distrayéndose podrá superarlo?

Por: Jorge Enrique Gómez Ariza
mayo 04, 2020
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Ruido, el diván del consumismo
Foto: Pixabay

En otrora, la intervención terapéutica tradicional utilizada en el psicoanálisis disponía el encuentro entre dos actores, el paciente y el psicoanalista, mediados por un diván en el cual se recostaba el primero, usualmente con los ojos cerrados, evitando la distracción evocadora de estímulos externos que pudieran enmascarar el foco de atención de la situación primaria tratada en consulta.

Los silencios prolongados y la exploración del mundo interior permitían retornar al origen del síntoma, de esa manifestación biológica, mental, emocional, conductual o social que distorsionaba la realidad cotidiana de una persona. En este contexto, la confrontación con los fantasmas íntimos se traducía en liberación, en transformación adaptativa a las circunstancias cambiantes del entorno.

Paradójicamente en tiempos modernos el diván, el psicoanalista y el psicólogo han sido desplazados a un plano secundario, casi anodino. El avance opresor del consumismo económico, político, social y mediático han desvirtuado la relevancia del silencio interno, rotulándolo tácitamente como la causa de la enfermedad mental en pleno confinamiento pandémico.

Al respecto, hago referencia a las declaraciones de una no tan reconocida política, de un reconocidísimo partido político del país, quien propone como medida “urgente” el retorno del fútbol, porque según ella los colombianos están enfermando y necesitan “distraerse” para paliar la ansiedad, angustia, depresión, obsesiones, compulsiones y violencia doméstica.

Alineados en la misma causa, casi la mayoría de periodistas deportivas (especialmente aquellos de la franja radial de la 1:00 p.m.) exaltan las bondades del espectáculo futbolero en la economía del país y en el bienestar social, ¿pero acaso el negocio del fútbol aporta significativamente en el PIB del país?, ¿acaso distraernos es la fórmula terapéutica para superar los síntomas que se traducen en enfermedad?

Si la respuesta es un sí recomiendo acudir a youtubers, influencers y coaches neurolingüísticos quienes expondrán “tips” y rutinas para evitar la reflexión interna. Además, sugiero abogar por desestimar el coronavirus y salir a las calles, ir a gimnasios, inundar discotecas, embriagarnos, ver fútbol, creer en la demagogia de los políticos, odiar a Zidane por no alinear a James, conectarnos con los programas de entretenimiento, ser fan de Maluma y J Balvin, encasillándonos categóricamente en la falacia consumista de la diversión, otorgándole el poder mágico-curativo del malestar psíquico y social.

En tanto, si la respuesta es un no, empiece por entender que su malestar no es producto de la pandemia, el malestar siempre estuvo dentro de usted, esperando sigilosamente un detonante para hacerle reflexionar, entender y transformarse de víctima, a un actor consciente que entiende la manipulación moderna del ruido y la distracción externa como la morfina que calma temporalmente el dolor de no entender que es lo que realmente duele.

Finalmente, el dolor, el displacer o como quiera llamársele se erige como prueba de supervivencia en la selección natural. En este contexto, perduran los más fuertes, no haciendo referencia a aquellos que han conseguido una musculatura monumental en la cual esconden sus miedos y buscan aprobación, o aquellos que fortalecieron el  intelecto con el mismo propósito, hago referencia a aquellos cuya fortaleza radica en la capacidad adaptativa a un entorno natural, social y cultural que en pleno 2020 exige el silencio del diván interior.

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