Fue el palo de la política peruana para pasar a segunda vuelta, con una estrategia simple: ser el nuevo Castillo. El 7 de junio se sabrá si resultó ganadora

 - Roberto Sánchez, el rival de Keiko Fujimori con las ideas y el sombrero de Pedro Castillo

Roberto Sánchez, quien solo espera la proclamación oficial, para ir a la segunda vuelta electoral, nunca ha escondido su simpatía por el expresidente Pedro Castillo (2021-2022), preso y condenado a más de once años por su fallido intento de disolver el Congreso.

Este psicólogo de 57 años ha realizado campaña con el sombrero característico del sindicalista y maestro de escuela y, de alguna forma, ha heredado el respaldo político de sectores empobrecidos del sur andino y zonas rurales, donde Castillo sigue siendo una figura popular.

Entró en el balotaje por un puñado de miles de votos. Según oficializó este domingo la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), obtuvo el 12% de los sufragios frente al 11,9% del ultraderechista Rafael López Aliaga. Su ventaja fue de apenas 21.209 votos.

Esa escasa diferencia derivó en airados reclamos de fraude lanzados por el exalcalde de Lima que quedó tercero dentro de un interminable listado de más de 30 candidatos, muchos de ellos desconocidos. Primera, con poco más del 17,1%, quedó Fujimori, que buscará la presidencia por cuarta vez.

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El palo de la izquierda

Roberto Sánchez se ha convertido, en una de las grandes sorpresas de la política peruana. Con un discurso de izquierda nacionalista, cercano al legado de Pedro Castillo, Sánchez logró consolidar el voto rural y popular que durante años se sintió marginado por las élites políticas y económicas de la capital peruana.

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Nacido en 1969 en la ciudad agrícola de Huaral, a unos 80 kilómetros de Lima, Sánchez, antes de llegar a la primera línea de la política nacional trabajó en cargos municipales y en gestión pública local. Su carrera fue creciendo lentamente dentro de sectores progresistas y humanistas hasta convertirse en dirigente del partido izquierdista Juntos por el Perú.

Su verdadera proyección nacional llegó durante el gobierno de Pedro Castillo. Sánchez fue ministro de Comercio Exterior y Turismo entre 2021 y 2022 y se destacó por ser uno de los pocos ministros que sobrevivió a los cinco cambios de gabinete en el corto pero turbulento mandato de 17 meses, en un periodo marcado por crisis políticas permanentes y enfrentamientos entre el Ejecutivo y el Congreso.

El nuevo Castillo

En estas elecciones su estrategia fue simple: mostrarse como el nuevo Castillo. Su marca electoral fue el típico “sombrero chotano” que usaba el exmandatario en campaña. Se trata de un tradicional sombrero de paja originario de la provincia de Chota, en el departamento de Cajamarca, norte del país. Es un símbolo de la identidad y la cultura campesina en los Andes peruanos.

 - Roberto Sánchez, el rival de Keiko Fujimori con las ideas y el sombrero de Pedro Castillo
Sánchez constuyó su candidatura sobre el legado castillista

Esa imagen le permitió posicionarse entre el campesinado más postergado que respaldó a Castillo en las elecciones de 2021 y que salió a las calles para defender al expresidente tras su derrocamiento durante violentas protestas reprimidas por la policía que causaron decenas de muertos.

Sánchez Palomino fue uno de los pocos miembros del gabinete de Castillo que no fue enjuiciado por el intento fallido del entonces presidente de disolver el Parlamento para evitar que se votara un proceso de “vacancia” por incapacidad moral. Renunció poco antes de la destitución.

Ese paso por el gobierno le dejó dos herencias contradictorias. Por un lado, ganó reconocimiento entre sectores populares que todavía ven a Castillo como una víctima del establecimiento político peruano. Por otro, quedó asociado a un gobierno caótico y profundamente cuestionado por corrupción e inestabilidad. Sánchez decidió asumir ese costo y construir su candidatura precisamente sobre el legado castillista.

En línea con su carácter "castillista", como él mismo se define, Sánchez aseguró, en una rueda de prensa posterior a la primera vuelta electoral: "Vamos a recorrer todo el Perú, todos los pueblos para convocarlos a la refundación de la patria".

Su discurso pone mucho énfasis en la desigualdad social y territorial del Perú. Habla constantemente de un “Estado plurinacional”, una idea que busca reconocer formalmente la diversidad indígena y cultural del país. Además, promete aumentar el salario mínimo, ampliar el gasto en educación y fortalecer programas sociales en las regiones más pobres.

Los temores del empresariado

Su candidatura también genera fuertes resistencias. Los sectores empresariales y financieros temen que sus propuestas afecten la estabilidad económica de Perú, uno de los principales productores mineros del mundo. Reuters informó que inversionistas expresaron preocupación por sus ideas de renegociar contratos y modificar el modelo económico peruano.

Además, Sánchez enfrenta investigaciones judiciales relacionadas con presuntos delitos financieros, acusaciones que él rechaza y atribuye a persecución política. Su cercanía con Castillo también es utilizada por sus críticos para advertir sobre un eventual retorno a la polarización y la confrontación institucional que vivió el país entre 2021 y 2022.

En estas elecciones generales, ha incorporado en sus listas para el Congreso a dos hermanos de Castillo, a uno de sus sobrinos y a su cuñada y ha hecho campaña bajo la promesa de indultar al exmandatario si llega a la Presidencia.

Sus candidatas a la Vicepresidencia son dos mujeres de las comunidades quechua y aymara, Analí Márquez Huanca y Brígida Curo Bustincio

Para Sánchez, Castillo fue víctima de un "pacto mafioso" de las fuerzas políticas que controlan el Parlamento, que le puso obstáculos para llevar a cabo sus reformas y que de alguna manera se confabuló para destituirlo. Entre ellas Keiko Fujimori, y su partido, Fuerza Popular.

Sánchez puso como segunda prioridad la lucha contra la pobreza, a la que describió como "el gran enemigo de los peruanos", y apuesta a nacionalizar recursos naturales, incluido el mayor yacimiento de gas del país.

En redes sociales y foros peruanos la figura de Sánchez divide profundamente opiniones. Algunos usuarios lo presentan como el heredero legítimo del voto popular y rural que se sintió ignorado por Lima durante décadas. Otros lo ven como una reedición del experimento político de Castillo y temen una nueva etapa de crisis e inestabilidad.

La segunda vuelta del 7 de junio enfrenta dos proyectos completamente opuestos: el fujimorismo conservador representado por Keiko Fujimori y la izquierda nacionalista encabezada por Roberto Sánchez. Más allá del resultado, la elección vuelve a mostrar un Perú dividido entre la costa urbana y las regiones rurales, entre el modelo económico liberal y las demandas de cambio social profundo.

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Por Las Dos Orillas

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