Robert Daza, de lo profundo del campo de Nariño al Senado de la República

Sobrevivió al paramilitar Bloque Calima, al frente 29 de las Farc y a la estigmatización del Estado. Llega con el Pacto Histórico a defender la Cumbre Agraria

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julio 23, 2022
Robert Daza, de lo profundo del campo de Nariño al Senado de la República

Es el año 2003, en el municipio de San Pablo, Nariño, cuando Robert Daza Guevara y Duby, su esposa, madre de dos hijos y líder social campesina, se ven obligados a buscar refugio en la ciudad de Pasto para salvar sus vidas del Bloque Calima de los paramilitares dirigido por HH.

“Ellos llegaron matando gente que consumía, pero también identificando supuestos colaboradores de la guerrilla y ahí a ellos también los iban matando”, recuerda Robert Daza Guevara con un sentimiento de impotencia.

Pero no porque les haya tocado salir a la fuerza y abandonar su trabajo por la defensa de la autonomía de las comunidades campesinas —las cuales venían fortalecidas tras la gran marcha de 50.000 mil campesinos por la vía Panamericana, en 1999— sino porque el Bloque Calima llegó a San Pablo gracias al apoyo del Ejército y la Policía.

Duby, su esposa, ha sido su compañera de todos los días y horas hasta llegar al Senado

“Ellos llegaron con el batallón Boyacá de Nariño, que es la jurisdicción allí. Los posicionaron en cascos urbanos.  Ellos se quedaron allí y después empiezan, con el amparo de la Policía, a arrendar casas. La Policía los protegía y empezaron a hacer la labor de sicarios. 16 muertos hubo en ese momento. Así como sesenta y siete personas desplazadas, entre profesores, gente campesina y líderes. Y la historia se repitió, con el mismo grupo armado, en Taminango, con un saldo de 50 muertos; en La Unión, 26; y en El Bordo, pasaron de 100 a 150. Eso está en la impunidad. Ni siquiera se ha hecho como una investigación, recuerda Robert con indignación

Pero esta no era su primera lucha. Robert y Duby ya habían tenido que enfrentar al frente 29 de las FARC que llegó al territorio del macizo colombiano del Norte de Nariño y Sur del Cauca donde vivían. Se mostraron como la autoridad. Esto chocó con los campesinos que ya tenían un trabajo y plan de organización decididos. No se iban a dejar someter a ningún grupo armado. Seis compañeros suyos murieron por negarse a cooperar con las FARC, entre ellos, el alcalde de Bolívar, Orlando Hoyos y Fugencio Ortega, concejal del municipio de San Pablo.

Esa defensa del territorio campesino de Robert Daza Guevara, tiene mucho que ver con su vida rural en Cumbitara, pueblo de la cordillera nariñense, a donde había llegado de su natal Rosario. En Cumbitara no habían vías, todo se hacía a lomo de mula. A pie había que conseguir la yerba para los cuyes. Los fines de semana y en vacaciones de la escuela San Juan Bosco, donde estudió, tenía que buscar la leña para la casa. También era costumbre alimentar los animales entre semana.

“Había una convivencia muy buena, porque era, prácticamente, todo un mundo. Éramos una misma familia. Las actividades culturales nacían de la gente y las deportivas y económicas iban muy ligadas a la producción de comida, de ganado, que se lo sacaba arriado hasta Pasto”.

No conoció a su papá Segundo Daza, quien murió cuando tenía un año, y fue Mariana Guevara, su mamá, quien le transmitió la vocación de servicio y ayuda a la comunidad. Una auxiliar de enfermería que para atender a la gente de su pueblo aprendió a realizar cirugías para curar accidentes y heridas de peleas; pero era también la partera de Cumbitara.

Allí vivió Robert hasta los 16 años y, durante ese tiempo, fue dándole fuerza a la esencia campesina que unía a la siembra del maíz, plátano, caña o fruta. Asimismo, mantenía potreros para la cría de animales, labores que le servirían para sus estudios de agronomía en la Universidad de Nariño. Ya desde el bachillerato surge su liderazgo donde se vinculó a las luchas estudiantiles con los líderes sindicales y campesinos del macizo colombiano.

En el 87, cuando aún era estudiante de agronomía participé en la marcha de La Bota Caucana, que se hizo desde Santa Rosa al Mangue, del Bolívar, hacia Popayán, pero llegamos solo hasta Guachicono, vecino de El Bordo, en la vía Panamericana, en el sur del Cauca”.

Cuatro años después en una asamblea en Almaguer Robert se convirtió en el líder de la recién nacida organización territorial indígena, afro y campesina, el Comité del Macizo Colombiano (CIMA). Se en ruta entonces a fortalecer las organizaciones, las asociaciones campesinas y a defender el territorio de los intentos de hacer represas y exploraciones de minería.

CIMA agrupa cuarenta municipios que defienden no solo el derecho a la tierra sino el derecho al territorio no únicamente como un lugar donde se produce la comida sino como fuente de agua y de biodiversidad.

“Es una propuesta de desarrollo sostenible. Una agricultura basada en agroecología, respeto por el suelo, por la diversidad, por el bosque, por la gente y el fortalecimiento de la autonomía. El aprovechar la riqueza local. Potenciar esa riqueza local”.

El sombrero que siempre lleva es una prenda tradicional tejida por las mujeres nariñenses que protege del sol en las labores del campo. El poncho se suele usar como abrigo y cualquier necesidad que se tenga en el camino, dice. El berraquillo, que también suele cargar, simboliza la autoridad campesina. Se trata del juete o perrero que usan los labriegos en el Valle del Patía para arrear el ganado, para arrear las bestias, para espantar perros, para ir al pueblo. Se utiliza como prevención.

“Si ven una persona con berraquillo, lo piensan dos veces para armarle pelea. Esos tres símbolos son los que yo cargo como por encargatura digamos de las comunidades campesinas que yo represento”, cuenta Robert.

Las luchas de Robert no se han quedado allí. En 2008, sin orden judicial alguna, la Policía lo detuvo sin ningún argumento legal y luego se repitió la misma situación en el 2012. Y algo aún más doloroso que le duele como una mancha que no se puede quitar, aunque esté limpio.

El senador Iván Cepeda fue clave para apoyar a Daza cuando falsos señalamientos judiciales intentaron atajarlo

En diciembre de 2020, fue allanado y detenido por la Fiscalía General de la Nación y la Policía Nacional en la llamada “Operación Santa Marta”, señalado de ser un comandante del ELN que actuaba de manera clandestina. Estaba junto a Adelso Gallo y Teófilo Acuña, quien fue asesinado a comienzos de este año, en febrero de 2022, en el sur de Bolívar.

Por su parte, los vecinos de distintas veredas, asociaciones campesinas, juntas de acción comunal, curas y párrocos salieron en su defensa y el senador Iván Cepeda publicó un trino con la declaración del Congreso de los Pueblos en el que hablaban de su relación con esta organización. Incluso el comandante de la Policía de San Pablo, Leonardo Hurtado, quien lo conocía desde el 2008 reconoció su liderazgo campesino.

Robert no olvida las más de 470 cartas de distintas organizaciones campesinas de toda Colombia que le dieron su apoyo. Y fueron estas las que lo impulsaron a buscar una curul en el Senado, al decirle: “¡Viejito, le toca subir el perfil!”.

Se postula entonces para suceder a otro líder campesino, Alberto Castilla, quien había cumplido dos períodos, y termina escogido por las múltiples organizaciones campesinas. La campaña fue la oportunidad para reencontrarse con viejos conocidos desde su infancia en Cumbitara.

Se reencontró con Óscar Bolaños con quien llevaba diez años sin verse y se fueron armando cadenas de WhatsApp, al tiempo que construían comités de trabajo municipio por municipio en Nariño para escuchar las ideas de las distintas comunidades campesinas.

Con César Pachón, el otro dirigente campesino, harán una dupleta para defender la reforma rural en el CongresoBogotá no le es desconocida a Robert Daza. Participó del paro agrario y de la cumbre agraria en 2012, 2014, 2015 y en el 2019 formó parte de la Unidad de Trabajo Legislativo (UTL) de Alberto Castilla, entonces senador del Polo Democrático Alternativo (PDA).

Sin embargo, no es el lugar que más le gusta para vivir: “Se exacerban las alergias respiratorias. Me da la migraña, me da la rinitis. Entonces yo estoy en un tratamiento de medicina natural y de medicina espiritual para armonizar la ciudad con lo que uno es —afín a la medicina ancestral influenciada por las culturas andinas y de las culturas amazónicas—  porque uno se pone a pelear con los espacios y termina como enfermándose”.

Se acompaña de su cultura: la música andina que tiene los sonidos de las zampoñas y de las quenas, instrumentos musicales que vienen de una influencia del Ecuador, Bolivia y Perú. También resalta la música fiestera del Norte del Nariño y Sur del Cauca y, por influencia externa, le llama la atención la salsa que escucha en su territorio.

Su trabajo en el Senado no sólo será el de defender la vida campesina sino lograr que se haga una reforma agraria. Habla que es necesario apoyar la exportación campesina que la importación.

Se propone fortalecer también las mesas departamentales agrarias, reconocidas por el decreto 870/14; dice que deben constituirse en todo el país porque permitirán la unificación del campesinado colombiano. Su rol lo tiene más que claro: “No llego al Senado por una decisión personal, ni tampoco voy por designación de algún poder económico o político. Yo voy a cumplir unos mandatos de una comunidad campesina que están consignados en el pliego de la Cumbre Agraria”.

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