En la lógica siniestra de quien nos mangonea, las elecciones representan el medio más eficaz para provocar un gran incendio

 - ¿Revolución después de las elecciones?

La bomba retumbó el pasado viernes a media mañana: según respetados medios de comunicación los fiscales de Brooklyn y Manhattan, estarían investigando posibles vínculos entre las finanzas de la campaña presidencial de Petro e individuos vinculados al narcotráfico. Aunque agregaron que a la indagación se le había dado carácter prioritario, debe advertirse que un procedimiento de esa naturaleza no conduce necesariamente a la formulación de cargos penales.   

La intervención de los fiscales estadounidenses representa un campanazo sobre otras pesquisas en etapa preelectoral, y es que la larga mano de la justicia exterior podría ocuparse de otros altos funcionarios, congresistas y candidatos. El accionar de una justicia penal extranjera no es deseable, pero se explica por la percepción de organismos transnacionales y otros gobiernos sobre el deficiente desempeño de nuestro sistema punitivo.

Quizá frente al mundo otro sería el cantar si la Comisión de Acusación hubiese examinado con rigor los aportes opacos a aquella campaña, y si la Corte Suprema hubiera sido más acuciosa con relación a los contenidos del computador de Raúl Reyes, donde aparece mencionado Iván Cepeda. Aunque las evidencias desechadas aquí serán utilizadas por autoridades norteamericanas, es necesario anotar que la eventual imputación de cargos a estos dos personajes en víspera de unas elecciones presidenciales, podría comprometer gravemente la armonía y la convivencia nacional.

No se puede desconocer que el jefe de Estado actúa como director o codirector de campaña del candidato Cepeda. Seguramente lo hace por convicción o por pensar que la continuidad de uno de los suyos en el poder es la manera de quedar a salvo de otros poderes. Más allá de su activismo electoral que ocurre mientras la Procuraduría mira hacia las estrellas, procede preguntar por el impacto que un Indictment tendría sobre las volátiles emociones del presidente, su verbo desenfrenado, su tendencia a irrespetar la institucionalidad republicana.

Antes de que se conociera la noticia sobre la investigación de New York ya rondaba la pregunta referida a la sobrevivencia de la democracia colombiana tras la contienda electoral que se avecina. Y es que el futuro de la Nación estará determinado  por la forma como los partidos y grupos enfrentados reaccionen ante un resultado que según anticipan las encuestas podría zanjarse por un voto finish.

El presidente anticipándose a una posible derrota de su pupilo, repite sin pruebas que el sistema electoral no es confiable

La actitud del centro y del centro derecha no sugiere, al menos por ahora, rechazo al veredicto de las urnas. Pero la disposición de la extrema izquierda es distinta, muchos de sus integrantes baten tambores de guerra. La minga convocada por el Pacto Histórico se suma entusiasta, la guardia indígena  comienza a recorrer el territorio protagonizando una innecesaria demostración de fuerza.

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Entre tanto el presidente anticipándose a una posible derrota de su pupilo, repite sin pruebas que el sistema electoral no es confiable, sus plataformas y procesos están viciados y se prestan al fraude. Lo hace porque desde tal premisa  le será fácil desconocer el resultado que contraríe sus deseos.  Estaremos así al borde del abismo, de la revolución definitiva tan añorada por ciertos sectores del gobierno.

En la teoría política las elecciones democráticas y transparentes, como las que somos capaces de realizar aquí,  son la manera expedita de solucionar o evitar un conflicto. Sin embargo  en la lógica siniestra de quien nos mangonea, ellas representan el medio más eficaz para provocar un gran incendio.  

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