Revocar a Peñalosa, una irresponsabilidad

"A todos los que hemos votado nos ha tocado alguna vez aguantarnos a un tipo en el poder que no nos gusta"

Por: Andrés Acevedo
febrero 10, 2017
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Revocar a Peñalosa, una irresponsabilidad

Creo que a todos los que hemos votado nos ha tocado alguna vez aguantarnos a un tipo en el poder que no nos gusta, pero de ahí a ser irresponsable con las decisiones públicas hay un gran camino. Y no puedo llamar de otra manera al intento de revocatoria a Enrique Peñalosa como alcalde de Bogotá.

Es vergonzoso que sectores de izquierda que sumisamente callaron mientras Samuel Moreno se robaba la ciudad (y de paso la dejaba en ruinas con obras inconclusas), ahora sean los abanderados de sacar a una administración que está trabajando y ejecutando.

A inicios del milenio Bogotá era un ejemplo para el país, parques, bibliotecas, espacio público, transporte y cultura ciudadana hacían de la capital un lugar que los demás colombianos en vez de temer podían anhelar visitar.

Después de las administraciones de Garzón, Moreno y Petro, estamos de vuelta a la imagen de capital caótica, insegura y fea. No todo fue negativo, hubo algunos avances en estas administraciones, pero nadie dudará en señalar que actualmente Medellín, por ejemplo, es una ciudad con una mejor infraestructura pública, orgullo, e imagen nacional e internacional.

Los argumentos de quienes promueven la revocatoria no son por corrupción, y mucho menos por ineficiencia. Lo que no soportan, en muchos casos, es que no se haga lo que su antecesor tenía previsto ¿Acaso olvidan que Peñalosa fue elegido bajo una promesa cambio, por miles de bogotanos que estaban descontentos con la administración anterior?

Más allá de discutir quién es el bueno y quién el malo en esta historia, lo importante es preguntarse ¿Qué es lo mejor para Bogotá? Peñalosa lleva poco más de un año obteniendo recursos, adelantando proyectos con el gobierno nacional y contratando diseños para un cambio sustancial en la ciudad. El plan de desarrollo es el más ambicioso en toda la historia de la capital. Se contempla la construcción de metro elevado, 30 colegios completamente nuevos, 6 hospitales, decenas de kilómetros de vías, vivienda de interés social, parques, transporte masivo y ciclorrutas. No hay que ser de izquierda ni derecha para ver que obviamente todo esto será positivo para la ciudad y la sacará, así sea en parte, del rezago en infraestructura pública en el que se encuentra.

Sin embargo, como llevados por el masoquismo, quienes impulsan la revocatoria parecen preferir que la ciudad siga en un eterno anarquismo y estancamiento, antes que ver a su contradictor inaugurando obras para la ciudad. Mandarían gustosos todo el trabajo de casi dos años a la basura. Esperan tener un nuevo alcalde en el 2018, el cual, de nuevo, tendrá que comenzar a gestionar recursos y a organizar su plan de trabajo, labor que tomará otros dos años, de manera que solo hacia el 2020 se podrían comenzar a ver obras ejecutándose en la capital de Colombia.

Incluso los opositores a Peñalosa están de acuerdo en que se están haciendo cosas, así no sean las que ellos quieren. Se está trabajando, hay cambios y estos siempre producen resistencias. Contrario a lo que pasaba con Samuel Moreno durante sus primeros años, que ni se sentía. Claro, él estaba calladito robándose nuestro presupuesto distrital sin molestar a nadie.

Eso no quiere decir que haya que aceptar todo lo que proponga el gobernante de turno, ni mucho menos que esta administración sea perfecta, pero la revocatoria de mandato no es la única opción de control político que tenemos los ciudadanos. Es solo la más radical, que debería usarse una vez se han agotado las demás, o en graves casos de corrupción e ineficiencia. Es una opción que de llevarse a cabo detendría prácticamente todos los proyectos, la mayoría buenos, que están en curso.

Preguntémonos qué ciudad queremos tener en el 2020, una con nuevos colegios de lujo, metro elevado en construcción, autopista norte ampliada, mejor movilidad, nuevos hospitales, decenas de kilómetros de ciclorutas y nuevas vías de Transmilenio con buses eléctricos, que alivien el sistema y mejoren la calidad del servicio ¿O queremos comenzar la tercera década del nuevo milenio con la ciudad igual de mal, viendo cómo el siguiente alcalde apenas comienza a ejecutar su plan de gobierno? Y eso si saliera bueno, cosa que con la historia reciente de la capital, no es algo para dar por garantizado.

En mi opinión, la movilización ciudadana frente a temas específicos, el poder de las redes sociales, la presión a concejales y representantes a la cámara, los cabildos abiertos y las iniciativas populares legislativas, son mecanismos de participación ciudadana que permitirían afinar el rumbo a esta administración, sin echar a perder cientos de miles de millones de pesos que se han gastado en nóminas, diseños y estudios. Y más importante aún, sin desperdiciar dos años de gestión pública en una ciudad sumida en el atraso, que no puede darse el lujo de perder más tiempo sin avanzar.

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