Reducción de congresistas en Italia, una revuelta pública contra la clase política

A través de un referendo, el país europeo aprobó recortar 345 escaños del Parlamento. Una perspectiva sobre lo que rodea la contundente decisión del pueblo

Por: Martin Eduardo Botero
noviembre 13, 2020
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Reducción de congresistas en Italia, una revuelta pública contra la clase política
Foto: PxFuel

La confianza de los ciudadanos en la política se encuentra por los suelos y estos reproches se disparan continuamente, la frustración es enorme; la apatía política y socioeconómica, omnipresentes. La ausencia de una reforma política y una actitud de desinterés por la crisis ya ha debilitado la confianza de los contribuyentes en las elecciones y el papel del parlamento, que no puede tener legitimidad propia si no presta oído a los ciudadanos, de eliminar la burocracia, de mejorar la eficacia y de aumentar la transparencia.

Por lo tanto, es necesario adoptar algunas medidas de inmediato, comenzando con la reducción de costes y contención de gastos de la política, reducir el déficit presupuestario y garantizar una mayor responsabilidad, no solo es deseable, sino también posible. Una cosa parece segura: la política y los partidos no deben hundirse en una especie de incertidumbre permanente, de inmovilismo o, peor aún, de parálisis.

Cuando surgen problemas políticos, la peor reacción es no hacer nada y quedarse de brazos cruzados. En la reciente consulta popular que refleja el descontento generalizado con los parlamentarios, la población italiana votó, de manera aplastante, en favor de reducir en casi 37% el número de parlamentarios, ahorrando a los contribuyentes unos 500 millones de euros por cada legislatura. El 69 % de los italianos dijeron sí a este referendo.

Esta vez ha quedado claro que existe un abismo entre las instituciones y la opinión pública. Los ciudadanos sienten ese abismo y han comenzado a apuntar al corazón del sistema. Hay un sobresalto de dignidad en este gigantesco sí. “Nunca ha sido tan profundo el foso que separa a los parlamentos de los pueblos”. El referéndum constitucional de 2020 fue convocado para aprobar o rechazar la ley de revisión constitucional titulada Enmiendas a los artículos 56, 57 y 59 de la Constitución sobre la reducción del número de parlamentarios.

Aprobado definitivamente por la Cámara el 8 de octubre de 2019, el texto de la ley constitucional prevé el recorte del 36,5% de los miembros de ambos poderes del parlamento: de 630 a 400 escaños en la Cámara de Diputados, de 315 a 200 escaños electos en el Senado. Como resultado de la reforma constitucional, el promedio de habitantes por cada parlamentario electo cambia, y para la Cámara de Diputados esta proporción aumenta de 96.006 a 151.210. El número medio de habitantes de cada senador crece, a su vez, de 188.424 a 302.420 (asumiendo los datos de población que informa Eurostat).

El objetivo es doble: por un lado, favorecer una mejora en el proceso de toma de decisiones de las cámaras para hacerlas más capaces de responder a las necesidades de los ciudadanos y, por el otro, reducir el coste de la política. La clase política debe darse cuenta hoy de que —ante los retos políticos, económicos y sociales— no hay salida fácil a una situación que se ha hecho extremadamente compleja, en particular que no es fácil privar a nuestros pueblos, de un debate democrático y de la posibilidad de expresarse.

El resultado del referendo de Italia representa la firme voluntad de superar los problemas, de llegar a un consenso y ayudar a generar un renovado ímpetu político. La política deberá escuchar estos mensajes, expresados tras un debate democrático que, sin duda, faltaba desde hace demasiado tiempo. Las razones de este voto masivo son múltiples y revisten una importancia incuestionable, traducen la expresión de una insatisfacción y malestar social que muchos conciudadanos experimentan, con razón, ante las dificultades, ante una pandemia que dura, que perdura, incluso se han formulado aspiraciones y expectativas de que la política actúe de un modo diferente en un país en plena transformación.

Ahora hay que intentar comprender honestamente la expresión del voto positivo para la reducción de los parlamentarios manifestado a través de una votación de una mayoría indiscutible de electores celebrada tras un vivo debate. No hay que evitar mirar la realidad a la cara. Hemos sido muchos los que hemos expresado nuestra felicidad, nuestro bienestar, tras esta votación. Ese voto está motivado por una gran esperanza, la convicción de que la Italia, tras la reducción de casi el 37% del número de miembros, podrá reforzar sus bases democráticas, hacer su funcionamiento más eficaz y transparente, anclar su futuro en los valores comunes que nos son queridos y, por último, recuperar la plena confianza de los ciudadanos.

Thomas Jefferson en 1787 dijo que "una pequeña rebelión de vez en cuando es buena". El debate sobre el referéndum ha mostrado el descontento de la población con las Instituciones y la desilusión con los resultados de la clase política que pierde la confianza de los contribuyentes; una indiferencia creciente de la opinión que se traduce en un porcentaje insuficiente de participación en las elecciones.

Uno de los motivos que hay detrás del sí en el referéndum constitucional de la Italia es el descontento creciente que existe entre los ciudadanos frente a una política que cada vez más los trata como si fuesen lejanas colonias. No hay solución administrativa, burocrática o tecnocrática porque —repito— debemos buscar una solución política. Tenemos que reflexionar sobre todo esto. Esa es la gran preocupación que se expresó en el referendo y que tenemos que tomar muy en serio. ¡Se aplica también a Colombia!

Yo creo que si se hiciera un referéndum constitucional libre y limpio en Colombia para reducir el número de congresistas el 99.9 por ciento de la gente votaría en favor de la propuesta. Creemos que el debate temático contribuirá a generar un impulso político significativo que la Colombia necesita hoy de forma más urgente que nunca, que puede transmitir una señal de capital importancia, una señal de aliento capaz de responder eficazmente a las expectativas de los ciudadanos y contribuye a la iniciativa "legislar mejor" y más rápidamente, y esto es un paso muy positivo.

No debe tratarse de una formalidad, sino de una empresa en la que participen todos los actores interesados y, muy especialmente, los partidos políticos y los interlocutores sociales. La política debería llegar a un resultado equilibrado y ambicioso, que permita reformar el Congreso de la Republica para responder de forma más eficaz a las amenazas y retos multidimensionales, teniendo plena capacidad de decisión y de acción en el período de transición y reconstrucción del país.

En efecto, los ciudadanos comprenderán mejor la Carta Constitucional si esta se enmarca en la perspectiva de un proyecto global de sociedad sobre un proceso legislativo mejorado, que hoy en día aún no existe. La reducción de los parlamentarios no produce efectos negativos sobre la eficiencia de las cámaras; por el contrario, permite al parlamentario individual aumentar su rol y capacidad de representar a los votantes y al parlamento aumentar su funcionalidad, eficiencia y capacidad en la toma de decisiones y desde el punto de vista de su contribución a la simplificación jurídica o administrativa para los destinatarios.

Todos debemos mostrar valor e imaginación, las cualidades necesarias para tomar decisiones políticas de gran calibre; actuando en el ejercicio de nuestros derechos constitucionales. Debemos reconectar la Colombia con los ciudadanos y a los ciudadanos con la Colombia. La suerte de la constitución está ahora en manos de la política. Necesitamos celebrar un debate transparente y sincero sobre esta cuestión, para no crear falsas expectativas.

Eso servirá además para recuperar la confianza. ¡Esta crisis tiene que verse como una oportunidad! Más que nunca, Colombia necesita líderes con un sentido de finalidad y una visión, que sean capaces de inspirar a nuestros ciudadanos para promover al máximo su potencial y sus oportunidades. ¡Pongámonos manos a la obra! Amén.

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