Un recorrido por la reconciliación en Antioquia

Bitácora de un viaje por los municipios de San Francisco, Granada y San Carlos.

Por: Braiden Stiven Jiménez González
Octubre 22, 2014
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Un recorrido por la reconciliación en Antioquia
arcoiris.com.co

Eran las 6 de la mañana del día viernes 3 de octubre de 2014. El papel estelar del día ya alumbraba en todo su esplendor, sin embargo, el frío aún acechaba. Un viaje que ya se había esperado mucho estaba a punto de partir, todos reunidos con sus pertenencias, cámaras, libretas, esferos y hasta un ukelele para ponerle un poco de música a la tarea de conocer y dejarse contagiar de las costumbres de aquellos municipios que se hayan entre las montañas y campos verdes que expiran tranquilidad, donde hace ya varios años, hubo mucha desazón.

Finalmente fueron 2 buses los que contuvieron las ansias de cada uno de nosotros. El querer conocer y presenciar el resurgimiento de tres municipios que vivieron cara a cara la desavenencia de un periodo del cual Colombia no se siente orgullosa.

El camino se estaba acortando y nuestro primer destino era San Francisco. Con aproximadamente diez mil habitantes y 28 años desde su conformación como municipio. Todo marchaba como un reloj hasta los finales de la década de 1990. Siendo tan joven, tuvo que aguantar los pasos tortuosos de una guerra injustificada a cargo s los grupos subversivos al margen de la ley. Nuevamente la inconformidad hacía correr sangre, hasta ese momento, una guerra ya anunciada e inevitable. En los inicios del nuevo milenio la parte rural y el casco urbano quedaron prácticamente deshabitados, los campesinos, sin saber que hacer, solo abrazando la vida, salían con lo que llevaban puesto sin ningún rumbo fijo, sin ningún porvenir, solo salían corriendo de la mano con sus familias con la única intención de sobrevivir a la muerte que los rozaba mientras escapaban al azar.

Sus calles se encontraban a solas pues las pocas personas que recorren las desgastadas calles, que daban la sensación de derretir las plantas del pie al pendonear el parque principal en son de curiosidad. Como primera instancia, llegamos a la casa de la cultura. Allí fuimos recibidos por un balón de fútbol en una cancha extensa en la cual pudimos escapar del calor, pues ofrecía una sombra amena. Durante un breve descanso por el viaje, haciendo unos cuantos toques, tuvimos una breve distracción para comenzar con nuestra labor, pero antes de todas las cosas: comer algo.

Finalmente, llegaron 2 señoras que nos iban a colaborar en cuanto a la parte que se nos había designado (Aspecto social). Ellas debían contextualizarnos sobre la situación que vivió “San Pacho” años atrás a manos de los grupos armados. Entre las historias, narró un atentado al comando de la policía que dejó 8 víctimas. Una de las ayudantes, doña Marta nos dijo: “Yo me acuerdo que todo estaba callado cuando comienza ese voleo de bala tan horrible” (…) “Lo primero que hice fue tirarme al piso y no dejar de rezar”

Otro de los recuerdos que evocó, con un poco de pena en su tono de voz y mirando hacia el atrio de la iglesia, que se ubicaba en un alto en la plaza central, fue el del Padre Pablo Castañeda, quien fue asesinado al ser confundido con Álvaro Uribe Vélez quien vestía de forma muy similar al religioso.

Por otra parte, nos hizo saber sobre las fiestas del retorno que consisten en que las personas que dejaron el pueblo regresen por unos días mientras se disfruta el festín. “Vienen 2000 personas y se van 2100”. Cada vez los habitantes de San Francisco deciden salir del pueblo en busca de mejores oportunidades y no darse al dolor esperando por un asilo gubernamental o ser tomados en cuenta. También nos contaron que próximamente se le iba a celebrar el centenario a “Ernestico” en todo el parque principal, ni si quiera toda la desavenencia de las armas pudieron con su viejo corazón que hoy sigue latiendo por su pueblo.

Al terminar la entrevista, decidimos tomar un respiro. Doña Marta nos condujo hacia la piscina y de esta manera pudimos conocer más a San Francisco. En un día soleado, el estoicismo no impedía echarse un “chapuzón” y abrazar la botella de una cerveza fría, pues el sabor no tenía comparación alguna con tanto trago amargo que los sanfrancisquenses tuvieron que tragarse años atrás.

Ya era hora del almuerzo y el sol se ponía cada vez más pesado, llevándose consigo algunas energías que aún quedaban en nosotros, que pedíamos a gritos un descanso para continuar con nuestra labor más tarde. Nuevamente llegamos a la casa de la cultura y una moderada fila esperaba por el almuerzo. Cada grupo se sentó en un lugar distinto a conversar lo que habían escuchado y habían visto.

Llamó bastante la atención que se vieron más caballos que carros, a pesar de tanto sofoco, se respiraba un aire limpio y sosegado. Fuimos poco acogidos desde mi punto de vista, pues simplemente nos regalaban miradas de extraños y con estas nos preguntaban directamente sobre qué andábamos haciendo en ese lugar.
Llegó la hora de abordar el bus y partir del “Mirador del Magdalena” y continuar con nuestra pequeña gira en el Oriente Antioqueño, esta vez con rumbo hacia Granada.

Un viaje algo largo y agotador, aunque con el ukelele, este se volvió más corto y agradable hasta el punto de no darnos cuenta en el momento justo cuando llegamos a tierra granadinas.Del calor al frío nos fuimos climatizando. A comparación de San Francisco, Granada tenía grupos de personas en cada esquina. Departían en cafeterías, cantinas, billares, etc. Se sentía más el ambiente de viernes en la tarde. Rápidamente nos bajamos. Quise buscar un cigarrillo para organizar las ideas y bajar un poquito el cansancio. Debíamos esperar nuestra visita guiada por “El salón del nunca más” lugar donde se le hace memoria a todas las personas que fueron asesinadas o desaparecidas. Sus seres queridos pueden entrar allí y en una especie de diario personalizado se les puede escribir un saludo, un secreto o comentarle como van las cosas con sus familias, en el colegio y hasta en el amor. De esta manera se mantiene vivo el lazo, el vínculo familiar y fraternal.

El día se fue yendo y ya eran las 4 de la tarde, llegó nuestro turno y sin espabilar entramos. El mundo del fondo se robaba todas las miradas en la primera impresión, pues se encontraban las fotografías de hombres, mujeres y niños que pagaron con su vida la ignorancia de un país y el rencor de una ideología sin ningún fundamento. El carisma de nuestra guía conquistaba y robaba la atención sin tener que esforzarse.

El objetivo de este salón es devolverles la identidad a las personas y dejar esa condición de víctimas a un lado. Que se sientan parte de la sociedad y que al verlas no produzcan pesar sino orgullo por ver que salieron adelante a pesar del dolor que poco a poco corroía sus almas, las cuales ya están llenas nuevamente de esperanza y de ilusiones en nombre de los seres queridos que hoy no se encuentran con ellas.

La visita terminó y con ella, el día de trabajo. Mientras todos acababan, nos sentamos en las escaleras que había continuamente, en son de una integración, una guitarra comenzó a sonar para despedir al sol y darle bienvenida a la luna en el municipio de Granada. Todos cantando para expeler el frío y por un rato, olvidarse de los relatos tan tristes que nos rodearon durante todo el día.Antes de salir, debíamos ir a dejar nuestras pertenencias en el lugar donde íbamos a pasar la noche. Era en una casa hogar que se ubicaba en las afueras del municipio detrás de una gran cancha de arenilla en la cual siempre vimos gente jugar mientras nos quejábamos de los pies.

Al llegar, los hombres debíamos entrar por las escaleras derechas y las mujeres por las izquierdas, quedamos separados por un gran patio y por una puerta, en la cual había un letrero que advertía sobre su carga eléctrica. Tanta era la protección.Cada uno escogió donde dormir, lo preferible era estar cerca del baño en caso de alguna emergencia a mitad de la noche. Todos llegaron con intenciones de tomar una ducha pero al escuchar que el agua era fría también se perdieron las ganas y solo se cambiaron de ropa. Todo listo, solo faltaba comer, porque el hambre una vez más atacaba y cumplir con asistir a la “noche de las luces” un espacio que también le hacía honor a las víctimas del conflicto. En este evento se subían a cantar, a recitar, a bailar y todo tipo de demostraciones culturales, el apoyo se manifestó en gran magnitud y el sentido de pertenencia con el pueblo se demostraba más y más.

Finalmente, teníamos un espacio para nosotros, para distraernos, para descansar. Decidimos buscar un sitio donde departir y dejar algo de nosotros en ese lugar. El primer tema de conversación en compañía de una cerveza fue comentar todo lo del día, lo que vivimos, lo que sentimos y hasta lo que queríamos ver. Acompañados nuevamente por buena música que hacía fluir las palabras y las risas para guardar en nuestro baúl de recuerdos.

Este pequeño lugar para nosotros se fue en un abrir y cerrar de ojos y nos esperaba otra madrugada para continuar con el caluroso municipio de San Carlos, otro municipio revitalizado por las ganas de salir adelante. Al llegar al hogar, más o menos a las 11:30 de la noche, nadie quería dormir a pesar de todo el trajín, más o menos todos cayeron a la 1:30 de la mañana.

Al día siguiente la cuestión era de los que se bañaran primero porque los últimos debían pegarse a la pared (como me pasó a mí) para poder recibir el agua helada a las 6 de la mañana. Sin embargo no fue tan difícil a pesar de que estuvo lloviendo a cántaros. La ¡Hora feliz! El desayuno, la primera comida es la más importante para afrontar el día y el par de viajes para culminar con la actividad.

Ya todos se encontraban listos pero a la mayoría los vestigios de la noche pasada los estaba afectando pues sentían el sol mañanero más fuerte que nunca. El viaje hacia San Carlos era visto como una oportunidad para descansar otro poco si se había pasado una mala noche.

El trayecto se hizo más corto de lo que se esperaba y de un momento a otro ya estábamos en la plaza principal de San Carlos, adornada por una imponente fuente que clarificaba más su belleza. El sol era algo más tranquilo pues se podría contrarrestar con unas gafas de sol y una cerveza para refrescar la garganta. Nos reunimos todos al lado del estanque, el cual representaba también un monumento a las víctimas. Se nos fue informando sobre los corregimientos El Jordán, Puerto Garza y Samaná.

Fe y trabajo es el lema glorioso que a San Carlos da lustre y honor. Así comienza la primera estrofa de un municipio lleno de vida y clamor, el cual, con ayuda de su gente pudo salir adelante y dejar enterrado el pasado que agobió a toda Colombia, se respira una revitalización inminente donde el dolor ya los hizo más fuertes.
Comenzamos una caminata para llegar hasta la casa hogar donde seguiríamos con nuestra labor. Íbamos a estar en una especie de charla donde se resolverían todas nuestras inquietudes en cuanto a las problemáticas y virtudes que ha tenido San Carlos en los proyectos que se han modulado en pro de un desarrollo. Hubo un breve declive en cuanto a la continuidad de información en comparación a los otros municipios, seguramente fue el cansancio el que no nos dejó las cosas claras y creó ambigüedades en las respuestas dadas por el jefe del concejo municipal.

Recorrimos el lugar, bastante grande por cierto, allí habían gallinas, se manejaba la apicultura, la crianza de peces y lo más importante: Se le da asilo a los jóvenes del campo que no tienen modo de transportarse diario para poder estudiar, de esta manera, pueden quedarse allá, recibiendo alimentación y lo necesario con la posibilidad de regresar a su casa los fines de semana. Un lugar muy acogedor.

El hambre comenzaba a aflorar y esperábamos el cumplimiento de la promesa que se hizo desde un principio, la ofrenda de un sancocho de gallina muy colombiano para matar aquella sensación. Finalmente el almuerzo fue repartido y las actividades cesadas. Ya era hora de regresar a Rionegro, con ganas de poder quedarnos un rato más y disfrutar más la belleza de Antioquia, de disfrutar la tradición de esos municipios y de dejar un poco de nuestra esencia entre esas calles de la “ciudad de las luces”.

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