Recordar a Estados Unidos con Chris Hedges y Joe Sacco

El sueño americano se acaba en Camden. A propósito de 'Jours de destruction. Jours de révolte', el libro que resultó del trabajo del periodista y el artista del cómic

Por: MH ESCALANTE
marzo 04, 2021
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Recordar a Estados Unidos con Chris Hedges y Joe Sacco
Foto: MH Escalante

El sueño americano se acaba en Camden. Lo primero que hice luego de una lectura fue localizar la ciudad de Camden en el mapa americano. En mi mapamundi no aparece, pero en Google sí y este me indica que Camden está situada en el Estado de Nueva Jersey, que se extiende en la periferia de Filadelfia sobre una superficie de 22, 8 km² y que se halla al borde del río Delaware. Camden registra 77973 habitantes. “Al menos hay una alcaldía que se ocupa de su página web”, me dije.

Camden está muy cerca del Océano Atlántico. A él se llega por la desembocadura de este río que le sirve de punto de unión o de separación con el centro de la ciudad de Filadelfia. Por las autopistas no está muy lejos de Nueva York y de Washington.

Lo triste es que la maravillosa ubicación geográfica de Camden, que le fue tan útil en otros tiempos, no le sirva ahora para gran cosa y en cambio la vuelva invisible pues a pesar de su cercanía con los centros que detentan el poder en Estados Unidos de América, Camden es hoy en día una ciudad minada por la pobreza, con una crisis económica y moral endémicas y sus consecuencias: desempleo, tráfico de droga, alcoholismo, inseguridad.

¿A qué hora la miseria del mundo cayó en suelo americano y por qué cayó en Camden?

Una vez pasadas las elecciones americanas me he concentrado en los reportajes de Chris Hedges y Joe Sacco que narran los estragos del capitalismo ultraliberal en zonas rurales de los Estados Unidos y en ciudades periféricas como esta que acabo de localizar en mi pantalla.

Jours de destruction. Jours de révolte se destaca por una presentación esmerada —la edición francesa en papel Munken Pure de 130 gm fue impresa en Italia—, pero los relatos en textos y dibujos son descarnados, sin que sus autores caigan en el miserabilismo ni en la falsa piedad.

Chris Hedges, Premio Pulizter de Periodismo, y Joe Sacco, destacado dibujante caricaturista y reportero trotamundos, los dos con experiencia en corresponsalía de guerra en los Balcanes, Irak, Palestina, Salvador, nos llevan por cinco puntos de la geografía americana para mostrarnos la miseria contemporánea. “Sacco y yo decidimos recorrer extensos territorios del país devastados por la explotación sin medida. Fuimos a regiones que han sido sacrificadas en el altar del lucro y del progreso económico”, escribe Hedger.

En Dakota del Sur, en Camden, Nueva Jersey, en Virginia Occidental o en el Estado de Florida, hombres y mujeres se deterioran y mueren y con ellos la tierra, los animales, los paisajes rurales y urbanos. Los dos periodistas se dieron a la tarea de explorar el fondo de la crisis americana; de ahí surgen historias de pueblos que fueron autónomos y hoy son vestigios humanos, de ciudades que fueron prósperas y que ahora medio se mantienen en ruinas.

Hedges evoca a los defensores del medio ambiente y su combate contra las minas de carbón a cielo abierto que están acabando con los Montes Apalaches en Virginia y en otro punto de la geografía americana recuerda las reservas indígenas en Dakota, donde sobreviven en estado de vegetación seres dependientes de la droga y del alcohol, unos al servicio de grupos mafiosos otros en manos de asociaciones caritativas o del gobierno federal. Los astilleros de Camden se fueron dejando una ciudad en ruinas.

Las primeras víctimas como siempre son los más frágiles en la escala social: indígenas, negros, hispanos, migrantes, blancos desempleados, exobreros sin calificación o jóvenes sin instrucción que jamás llegarán a formar parte del mercado laboral pues este sencillamente está en vía de extinción.

Los relatos de Hedges recuerdan que si bien a finales del siglo XIX se terminó con la etapa de exterminación de los pueblos amerindios aún rebeldes, (en el XIX también se mataron millones de búfalos, el sustento de los indígenas), en el siglo XX se consolidó la pauperización de ellos encerrándolos en reservas como la “Pine Ridge” para los Lakotas en Nebraska.

“En Pine Ridge los únicos que prosperan son los cuatro expendios de licores que dejan ganancias 4,5 millones de dólares anuales a sus propietarios. El 80% de los habitantes de Pine Ridge vive sumido en el alcohol”.

La eliminación sistemática de los más débiles en tierra americana es el resultado del mismo programa que se ha aplicado en el mundo entero, con las consecuencias que conocemos:

“El capitalismo oligárquico llegó a su auge con la revolución industrial. La conquista de Oeste y su corolario, el genocidio de los indígenas americanos, fue perpetrado en nombre del progreso y de la civilización occidental. Si bien el capitalismo designa un sistema económico, ante todo es una ideología que condiciona nuestra relación con el otro y con nuestro entorno natural. Esta doctrina defiende la idea de la regeneración de las sociedades y de las culturas a través de la violencia. El capitalismo exalta el culto del lucro y del enriquecimiento personal. El capitalismo salvaje considera al ser humano como una mercancía”, escribe Chris Hedges.

La miseria de Camden es el resultado de un programa de segregación bien calculado que no se quiere reconocer como tal. “El 90 % de sus habitantes son negros. Los blancos se fueron de la ciudad hacia barrios más “blancos” de Filadelfia cuando se acabó la industria. Con los blancos se fue el progreso”.

Camden es hoy una ciudad con un alto índice de muertes, robos, económicamente está muerta, “ahí dice Hedges, solo florece el comercio de la droga” y sus argumentos continúan:

“La época de la segregación en los buses ya no existe, pero la integración de la población negra nunca se dio. El movimiento por los derechos civiles obtuvo una victoria jurídica, pero no fue una victoria económica. La violencia de la segregación ya no existe, pero la violencia de la pobreza continúa. El Estado jamás destino ayudas a su erradicación. Cuando los blancos desertaron los centros de las ciudades se llevaron los empleos y los impuestos que estos generaban. Con su ida hacían también saber su rechazo de enviar a sus hijos a las mismas escuelas de los niños negros. Los alcaldes se entregaron a élites de afroamericanos cómplices, cuya lealtad con su comunidad se reducía a un microcosmos corrompido. Como en cualquier colonia de África, el poder de los blancos se escondió detrás de personalidades negras”.

Difícil creer que Camden haya sido próspera y que los más importantes buques de guerra americanos utilizados durante la Segunda Guerra Mundial hayan sido construidos en Camden. La New York Shipbuilding Corporation en sus años de gloria (1940 y 1950), habría manejado una nómina de cuarenta mil empleados. Muchos de ellos eran polacos, italianos, irlandeses y afroamericanos.

Enrico Caruso habría ofrecido un recital alguna vez en uno de los famosos teatros de la Camden Broadway, hoy convertida en una avenida de edificios vetustos y al abandono. La RCA Victor, la casa discográfica del perrito frente al gramófono también nació, vivió y murió en Camden.

Sin embargo el estatuto más inferior en la escala social de Camden no estaría ocupado por los hombres y mujeres negros que duermen en la calle. “Son las prostitutas”, dice Chris Hedges, la mayoría blancas, adictas a la heroína, que suelen verse deambular al borde de las autopistas. “Muchas llevan el virus del sida, la hepatitis C y duermen por lo general en apartamentos abandonados, sin agua, luz, ni calefacción”.

Los poetas saben que Walt Whitman, el más famoso y amado por ellos, vivió sus últimos años en Camden. Allá está enterrado. Sin embargo la ciudad que tanto amó el poeta se la disputan ahora dos tipos de pobladores: los depredadores y sus víctimas. En primera línea se cita la corrupción de sus dirigentes. El nombre de George Norcross viene con frecuencia en el reportaje de Chris Hedges para hablar de la decadencia y el nepotismo de una élite que domina en la ciudad de Camden.

La corrupción corre por calles y avenidas. “Una vez la ciudad fue destruida, sus despojos fueron arrojados a los gallinazos. Sus muelles se convirtieron en basureros. En uno de ellos se ve ahora una cárcel, una fábrica de cemento y enormes montículos de chatarra que alcanzan el tamaño de un edificio”. La chatarra es la nueva sangre de la ciudad. El sueño americano se acaba en Camden.

Queda para cerrar este libro necesario de leer el credo de los indignados aquellos del Occupy Wall Street en el Liberty Square de Nueva York hace ya un buen tiempo: “Debemos aprender a vivir en la realidad”. Denunciar el abuso, la crueldad, la explotación, oponerse a ello y cambiar de registro. Volver nuestros ojos hacia el planeta y frenar su destrucción. Esa es la revolución que nos espera.

Jours de destruction. Jours de révolte. Chris Hedges et Joe Sacco. Editions Futuropolis. Imprimé chez LEGO, en Italie. Octobre 2012 ISBN 9 782754 8087 67.

Foto: MH Escalante

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