Recordando el "¡viva Laureano Gómez!" de Belisario Betancur

A propósito de la libertad de expresión, un homenaje a la memoria del periodista Ramiro Egas Villota

Por: JESÚS ORTIZ MUÑOZ
mayo 27, 2020
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Recordando el
Don Belisario Betancur Cuartas arribó a Pasto el 18 de Mayo de 1982, para cerrar su campaña a la Presidencia de la República, acompañado entre otros del señor Argemiro Vargas, un representante visible del grupo de "Liberales con Belisario", quien inició y terminó el discurso preliminar gritando: Viva Laureano Gómez...!
La noticia de la triunfalista visita fue cubierta por el periodista Ramiro Egas Villota quien, en la estación La Voz del Galeras, dirigía el Noticiero Todelar de Nariño.
En la emisión de la mañana del día siguiente, en la sección editorial del noticiero llamada La Agenda del Director, Egas Villota destacó la presencia de Betancur, se refirió a los contenidos de su discurso y en tono irónico-crítico se refirió a la curiosa intervención del acompañante liberal del candidato a quien calificó como un conservador disfrazado o camuflado y utilizado por la campaña para conseguir adeptos de ese partido donde quiera que fuesen.
Betancur había sido hospedado en una habitación del Hotel Agualongo y desde temprano esperaba la hora de salida para Ipiales, en tanto su promotor de prensa escuchaba el noticiero y cuando comenzó el editorial le subió el volumen para que el candidato escuche lo que pensaba sería un panegírico de elogios y no un cuestionamiento sobre sus adhesiones. Belisario preguntó qué emisora era esa mientras la piel de su cara tomaba ribetes tornasolados.  Sin ocultar la resequedad de su boca, pidió que le consigan el teléfono del director y llamó a la emisora para regañar al periodista enfatizando que ese era un noticiero politizado e infiltrado por sus enemigos. Alguien le dijo, para calmarlo, que hable con el señor Luis Escandón, quien era el gerente encargado de la estación después de la trifulca de Todelar con Cayetano Chávez Mazuera y que además era un buen conservador. Hecho el contacto, sin mayores consideraciones y un frío saludo, le pidió la cabeza del informador.
Inconforme y ya con la cara de un color carmesí, Betancur se comunicó con Jorge Enrique Pulido, quien a la sazón era el director nacional de noticias de esa cadena radial, para quejarse por “La clase de periodistas que tenía en Pasto” y cuentan que en el desayuno, del que solo se tomó el chocolate, intentó sosegarse cuando lo pusieron al habla con don Bernardo Tobón, dueño de Todelar, para solicitarle un apoyo efectivo a su campaña en la divulgación de sus ideas de gobierno y no esas agresiones burlescas que había oído en el noticiero de su cadena en Pasto.
La airada reacción del Dr. Betancur produjo efectos casi inmediatos: Pulido llamó a Egas con reclamos intercalados de madrazos y casi simultáneamente el señor Tobón de la Roche, le ordenó a don Luis Escandón que “eche a ese tipo, pues Todelar como la gente que quiere el cambio en este país, apoya la candidatura de Belisario”. Cuarenta y cinco minutos después de haber culminado el noticiero, el periodista Ramiro Egas Villota, estaba despedido por creer que la teoría de la libertad de prensa y opinión era cierta.
Poco tiempo después, con su moral vapuleada, Egas toma las riendas del informativo radial Nariño al Día, en la estación Ondas del Mayo de Alirio Ortega Portillo quien, por el contrario, le brindó todo el respaldo. El informativo fue ganando prestigio y por el corte de su director se la identificaba como la radio rebelde pues los canales se abrieron a organizaciones sindicales y sociales como el Comité Cívico por Nariño, el Movimiento por la Vida Sindamanoy, el Comité de Solidaridad con los Presos Políticos y el Comité Pro defensa de los Derechos Humanos, entre otros, generando una apertura comunicacional al Derecho Internacional Humanitario, mostrando una faceta del periodista proclive a combatir las injusticias sociales que le generó gran popularidad a la estación de radio que había sido trasladada a Pasto desde La Unión Nariño, donde había nacido gracias a la gestión de Alirio Ortega Portillo, Jaime Córdoba Paredes y Milton Camacho Hernández.
Ahora por fin Ramiro Egas se sentía en su elemento en medio de una agenda congestionada por los reclamos cotidianos de sectores vulnerables de la sociedad pastusa plagada de injusticias y actos de corrupción, hasta que un día al revisar la correspondencia que llegaba a la emisora ubicada en la Calle 20 A, encontró el primer sufragio de tres y que decían, en medio de la parafernalia gráfica de cruces y franjas luctuosas: "Por ahí vas bien hijueputa. Sigue así. Atentamente: MAS."
(El MAS era la sigla del grupo paramilitar Muerte a Secuestradores, creado el 1 de diciembre de 1981 en la ciudad de Medellín, en la víspera del cumpleaños de Pablo Escobar, como respuesta tanto al secuestro de Martha Nieves Ochoa el 13 de noviembre de 1981, por miembros del M-19, quienes pedían 12 millones de dólares por su liberación; así como de una tentativa de secuestro del capo Carlos Lehder.  A esa reunión del Hotel Intercontinental de Medellín, convocada por los hermanos Ochoa y familiares directos de Martha Nieves, concurrieron 223 personas la mayoría capos de la droga, miembros de las fuerzas de seguridad del Estado y directivos de algunas empresas petroleras y multinacionales (incluyendo la CIA), que se financiaría con un monto inicial de 446 millones de pesos y que alcanzó a ser integrado por 2.230 hombres.
El objetivo era combatir el secuestro por parte de delincuencia común y grupos subversivos. Martha Nieves fue liberada el 17 de febrero de 1982 sin pagar rescate y eso posicionó al MAS ante la opinión pública, que inició una guerra indiscriminada. Era frecuente entonces encontrar en las afueras de los periódicos de todo el país, cadáveres acribillados a bala o colgando de árboles con un cartelː "soy del M-19. Soy un secuestrador", hasta que esta andanada de crímenes comenzó por fin a preocupar al gobierno, pues el MAS empezó a asesinar a jueces, periodistas y, en general, a civiles inocentes. Sacrificaron a Jesús Parra Castillo del ADO; al penalista Enrique Cipagauta Galvis; le pusieron una bomba en la casa a la periodista María Jimena Duzán; amenazaron de muerte a Gabriel García Márquez y al ex ministro Alfredo Vázquez Carrizosa. Sólo en 1982 se le atribuyen 500 asesinatos. Cuando el Cartel de Medellín desapareció, los integrantes del MAS comenzaron a integrarse a grupos de autodefensa y paramilitarismo, aproximadamente 250, que a la postre se agruparon como Autodefensas Unidas de Colombia -AUC-.)
Ante tamaña advertencia, la vida de Ramiro Egas dio un vuelco en medio de la zozobra, pero temerariamente no abandonó su línea de reclamo y denuncia.  Egas acudió a las autoridades.  Los sufragios fueron conocidos por el Procurador Carlos Jiménez Gómez, el General Landazábal, los altos mandos de la Policía y finalmente por quien lo había defenestrado del cargo, el Presidente Betancur. La Policía le asignó un escolta o esquema de seguridad que llaman, durante seis meses.
Algún tiempo después don Hernando Suarez Burgos lo acepta como Director del Diario del Sur, un periódico que pretendía ocupar el espacio que tenía el diario conservador El Derecho fundado por José Elías del Hierro y El Poder que construía diariamente y a codazos el multifacético periodista Claudio Obando Burbano, los dos a punta de linotipos con lingotes de plomo reverberante. Aquella publicación, producto del tejido financiero del señor Suarez, quería copar la demanda de publicidad e información de la región, pero trascendió que su fundador y propietario daba a los periodistas un trato descomedido y humillante, hasta el punto de que un grupo de ellos discutió la alternativa de renunciar masivamente o crear un sindicato para protegerse laboralmente.  En medio de esta tensión laboral, un día abordan a Egas dos compañeros que en tono de susurro le dicen: -A las once de esta noche tenemos una reunión secreta en la sede de SITTELECOM si no va a ir, no se lo diga a nadie.
Justo en ese momento Egas se entera de que se va a formar el Sindicato de Trabajadores del Diario del Sur. No podía ser directivo de la organización por su cargo como Director. Pese al sigilo de la reunión pro sindicalista, al día siguiente cuando llega a su trabajo a las 8 de la mañana, encontró a don Hernando Suarez, sentado en su silla, quien sin contestarle el saludo agriamente le ordena: Recoja sus cosas y se larga de aquí. Ya…!  Era una estrategia apresurada del propietario de despedir a los directivos y miembros del sindicato, por ser inconsecuentes e injustos con el patrón, quien había logrado hacer renunciar a varios de ellos hasta el punto de que solamente quedaban 26 miembros.
En medio de las tensiones, del tire y afloje entre los trabajadores y el dueño del periódico, tres trabajadores despedidos tomados de la mano de sus respectivos grupos familiares, deciden marchar dramáticamente desde la sede del Diario del Sur, ubicada frente a un costado lateral del Batallón Boyacá, hasta el centro de la ciudad e inician una huelga de hambre en las afueras del Instituto Andino de Artes Populares –IADAP- que funcionaba en la entrada de la Sala de Teatro Bertoldt Brecht, de la Universidad de Nariño, en la carrera 22 entre calles 18 y 19, donde montan toldas, colchones, frazadas y un buen acompañamiento publicitario, teórico y musical con la infaltable canción del pueblo unido que jamás será vencido.
La huelga de hambre, que promueve Ramiro Egas, dura 59 horas, y se levanta por la promesa de respeto al Sindicato. Sin embargo, ese día que parecía un triunfo laboral, el señor Suarez, prevalido de su poder económico, contrata personal de seguridad para que impida la entrada de los trabajadores sindicalizados a las instalaciones del periódico y si alguno ha ingresado ordena que lo saquen a patadas. De esta forma el señor Pablo Emilio Ortiz, por orden superior, sacó a empellones al periodista Héctor Díaz Revelo, quien era otro de los activistas duros del movimiento. En este escenario de fuerza y vulneración de derechos fundamentales, los periodistas Edison Parra, Miguel Garzón y Humberto Vela, renuncian al sindicato que queda sin el número mínimo legal de miembros y termina desbaratado. Tras este histórico acontecimiento, el primero en su género en la región al interior de un medio de comunicación, se desata una masiva e implacable persecución para despedir a quienes habían intervenido en el proceso. Los comunicadores quedan en la calle marcados con el estigma del sindicalismo y sin posibilidades de trabajo pues los propietarios y gerentes de los medios de comunicación de Pasto les cierran la puerta como si estuviesen contaminados por la peste bubónica o el vómito negro.
De poco le había servido a Ramiro Egas adelantar incontables campañas cívicas o denuncias de altísimo valor civil con el consabido riesgo personal, pues como ocurrió con la denuncia de una posible defraudación a los compradores de unos lotes en la urbanización Francisco de la Villota, en un terreno de los Padres del Oratorio, un día se vio agredido por tres desconocidos que lo abordaron a golpes en una cafetería del centro de Pasto o como cuando lo embistió una motocicleta fantasma al abordar un taxi en pleno medio día.  Alguien llamó al periódico para avisar que había un muerto que era trabajador del Diario del Sur, pues, para completar, hasta el taxista lo había dejado tirado inconsciente con el pómulo izquierdo fracturado, una rodilla con equimosis severa y tres costillas rotas.  Medianamente recuperado en su salud pero asfixiado por los acreedores y sin crédito en las tiendas, logró ubicarse en la emisora Ecos de Pasto para hacer el noticiero Integración Sur Colombiana, donde fiel a su línea social, insertaba noticias generales pero enfatizaba en los temas laborales y justo le toca vivir y manejar el caso del despido masivo de los trabajadores de la agencia de Coca Cola en Pasto.
A comienzos de 1989, sobrevino la reactivación del volcán Galeras que produjo con sus fumarolas una recesión económica jamás vista en la región y fue entonces cuando el primer alcalde pastuso por elección popular, Germán Guerrero López, tomó la determinación de subir al cráter para arrojar, con la presencia de tres fotógrafos, 200 medallas de la virgen de las Mercedes, bendecidas por el obispo Arturo Salazar Mejía, para intentar disminuir con el apoyo divino la furia telúrica del coloso. Este fue un manjar para los periodistas locales y trascendió internacionalmente por sus ribetes folklóricos. Y así como llegaban vulcanólogos aparecían corresponsales de televisión como Raúl Benoit de Univisión, quien entrevista a Ramiro Egas y, sin pensarlo dos veces, declara que “lo grave no es el volcán sino la irresponsabilidad del alcalde”, lo que por supuesto no le gusta a Guerrero López, quien aprovecha una visita al obispo para informarle de la asignación de un auxilio económico a la curia y de paso le comenta su extrañeza de que una emisora católica como Ecos de Pasto, tenga un periodista comunista como Ramiro Egas.  El obispo se comunica con el padre Jaime Álvarez, de la Fundación Juan Lorenzo Lucero, propietaria de las emisoras Ecos de Pasto y Mariana, quien le responde que no alcanza a entender cómo este hombre que es capaz de organizar con todos los juguetes la Novena del niño Dios en el barrio Tamasagra podría conspirar contra el gobierno municipal en un aquelarre herético político.
Pero pocos días después, el representante de Coca Cola, que tenía su pauta comercial en las emisoras del padre Álvarez, le remite una nota culpando al periodista Ramiro Egas Villota de “afectar con sus comentarios mal intencionados los intereses económicos de la empresa”. Ahí si no hubo principios misericordiosos, ni invocaciones a las virtudes teologales que valieran pues el padre le pasó la carta de despido. Ramiro Egas, a su vez, se despidió de su reverencia y de sus oyentes en la calle con una hoja volante titulada: "Con tapas de Coca Cola en la boca me silenciaron...!"
Estos episodios que hemos relatado a partir de las experiencias casuísticas de Ramiro Egas Villota, (sin incluir el caso de Alejandro Jaramillo Barbosa, quien fuera descuartizado en Pasto el 24 de Octubre de 1997, por fuerzas oscuras y que tocaron muy de cerca al comunicador pero que se cuentan en otra historia) están perfilados a demostrar que la libertad de prensa y opinión es apenas un ideal o una utopía, cuando de por medio están los intereses económicos del gran capital o simplemente de los dueños de los medios de comunicación, aspecto que nos llevaría a un tema de más profundidad sobre la ideología, los medios y el poder.
Ramiro Egas es un sobreviviente del periodismo de combate, como lo fue su padre Hermógenes Egas Mora.
(A finales de Abril de 2020, cuando se había anunciado la pandemia de un virus con corona bautizado como COVID19 que sacudió y humilló a la humanidad como lo hizo la gripa española en 1918, Ramiro Egas Villota ingresó a un centro de salud de Pasto para tratarse la glándula prostática, cuando se presentaron complicaciones que al atardecer del 8 de Mayo le quitaron la vida y que por las restricciones impuestas fue imposible acompañar en lo que pudo haber sido una tumultuosa despedida a este luchador de la palabra. Solo nos resta esperar, como lo escribió en las llamadas redes sociales Ali Salim Balim, que el virus no destruya la memoria…!)
El silencio es la muerte.
Y si hablas, mueres.
Y si te callas, mueres.
Así pues, habla y muere.
(Tahar Djaout)

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