Rebelión en la granja
Opinión

Rebelión en la granja

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octubre 24, 2014
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Nuestra pequeña democracia regional vuelve a ponerse a prueba en las próximas elecciones de gobernadores y alcaldes en el 2015. Todo un desafío que como en el carrusel de los juegos mecánicos de pueblos, termina dando vueltas incansables para el deleite de ingenuos visitantes que predictivamente saben el comienzo y el fin.

Digamos entonces que en esta dinámica de la democracia local y regional se pone a prueba la medición de fuerzas entre unos poderosos propietarios de la “Granja Electoral” y unos “Animales” explotados hasta la animalidad que deben rendir tributos y esfuerzos a sus inclementes amos o señores feudales en pleno capitalismo informático.

Todavía ningún “Viejo Mayor” entre los animales de la Granja se ha puesto a soñar o se le ha revelado un extraño sueño en el que sienta la necesidad de comunicar a la audiencia de cuatro patas que el fin de la tiranía ha llegado: “¡Rebelión! Yo no sé cuándo vendrá esa rebelión; quizá dentro de una semana o dentro de cien años; pero sí sé, tan seguro como veo esta paja bajo mis patas, que tarde o temprano se hará justicia.”

El comienzo del fin no se sabe si está cerca o debemos esperar largo tiempo para que se cumplan las profecías de la democracia regional.

Lo relativamente cierto es que en esta Granja donde pastamos todos parece que la mayoría no quiere desprenderse de su establo o pesebre de comodidad y prefiere soportar a los tiranos granjeros, en vez de aventurarse por el camino de las incertidumbres que conduce al bosque de sus propias certezas.

Le tenemos miedo a lo desconocido. En las democracias regionales sus electores en masa prefieren asegurar las malas andanzas sobre los buenos propósitos. Nos gustan los prontuarios extensos y las cadenas de fechorías, así como el círculo de amigos perversos que rodean al prohombre (pro animal) con poses de granjero misericordioso. Eso nos da la garantía que la experiencia del bandido es mucho más confiable que la ingenuidad del honesto.

Nos causa desconfianza la educación. El animal educado quizá posa mucho. Es muy fino y lejos de mi alcance de animalidad. No es de fiar quien describe al mundo con palabras de diccionario sofisticado y que no habla como el resto de los animales de la Granja. Se inventa escenarios a lo que nosotros llamamos sueños o deseos. Traza obras en el papel con la misma facilidad que las acerca al fuego para ver sus cenizas. Antes de comprometer su palabra escucha a los cercanos. No funge de profeta sino que encara problemas y oportunidades.

Yo creo que un animal educado es un peligro para la animalidad en la Granja y mucho más para sus tiranos propietarios.

En cualquier Granja de nuestra democracia regional se puede incubar una rebelión. Sólo basta la mechita encendida para que los granjeros de siempre salgan despavoridos ante la turba animal. Ellos confiados ni siquiera sospechan las silenciosas conspiraciones que se pueden estar tramando en los establos y pesebreras, en los campos y gallineros. Duermen tranquilos, con su conciencia nadando en una turbia nata de impunidad.

Se ufanan en el día de tener todo controlado. Sonríen ante las luces y reflectores. Se sienten tranquilos administrando una granja de animales sumisos y que poco les importa subvertir el orden rural en el que siempre han estado vegetando.

De los cerdos jamás esperarán un liderazgo. Son simples tocinos ambulantes listos para ser devorados en cualquier festín de granjeros en congreso.

Las gallinas tan abundantes como sus huevos diarios, nunca cacarearán un estribillo de combate y de guerra.

Las vacas imperturbables en su quietud de establos, baldes y heno fresco.

Los caballos nobles y valerosos quizá no se tornarán enemigos de los granjeros humanos. Ellos son leales y fuertes.

Los perros ya hacen parte de la humanidad, así que una traición no encuadra en su libreto evolutivo. La sumisión es su estado de naturaleza domesticada.

Solo queda esperar de los burros una sorpresa y para eso, tendrían que dejar de ser lo que son y es poco probable que dejen de ser lo que tanto los distingue.

Como ven. Hay razones de peso para pensar como Granjero feliz. Tranquilo después del recuento de las motivaciones de los animales de la granja. No hay nada de qué preocuparse. El mundo siempre será el orden que los humanos desean y manejan a su antojo. Pensar que algún día se les pueda convertir en un invento devuelto está lejano. Por ahora no habrá rebelión en la granja. La democracia regional está a salvo. Apaguen la luz que hay que descansar. Mañana hay que seguir trabajando como animales.

Coda: lo que más me asusta de una “Rebelión en la Granja” es que después que depongamos a los granjeros inmisericordes, corramos la suerte del valiente cerdo Snowball y caigamos en la tiranía del otro cerdo Napoleón, al mejor estilo de la novela de George Orwell (editada en 1945).

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