Quintero se equivoca: la indignación de la juventud no es una excusa

"Resulta insensible y ciertamente contradictorio que someta a cientos de jóvenes reducidos a la exclusión y el abandono social a la categoría de vándalos"

Por: Fredy Alexánder Chaverra Colorado
junio 30, 2021
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Quintero se equivoca: la indignación de la juventud no es una excusa
Foto: Twitter @QuinteroCalle

Asediado por una revocatoria que va cobrando forma, la impopularidad más alta en la última década y denuncias públicas sobre “ferias de contratos” en varias entidades de la alcaldía (además de un reacomodo burocrático para favorecer las apuestas electorales de sus aliados, el senador liberal Iván Darío Agudelo y el representante León Freddy Muñoz), el alcalde de Medellín, Daniel Quintero, va cayendo en el mismo síndrome de Claudia López: anda culpando a los jóvenes que se siguen movilizando en varios puntos de la ciudad de hacerle un supuesto juego a la derecha para “mantener el uribismo en el poder”. Su crítica va dirigida hacia los denominados “vándalos” y poco o nada menciona los abusos, arbitrariedades y hostigamientos del Esmad.

En un alcalde que supuestamente vivió una juventud bastante precaria, llena de limitaciones y dificultades, resulta insensible y ciertamente contradictorio que someta a cientos de jóvenes reducidos a la exclusión y el abandono social a la categoría de vándalos. Además, afirmando que le hacen el juego a la derecha y al uribismo. El sector político que ha condenado a toda una generación a la precariedad y la falta de oportunidades. A lo sumo, Quintero anda preocupado por sus niveles de desaprobación (en medio de una intentona de revocatoria) y por la decepción que ha ido generando entre muchos de sus electores, en su gran mayoría, hombres y mujeres jóvenes que lo respaldaron como una garantía de cambio y que solo han encontrado en él más de lo mismo.

Los mismos que se creyeron el falso leitmotiv de: sin jefes o partidos políticos.

El alcalde debería tener un poco más de autocrítica y aprender a mirarse el ombligo. Algo difícil en un hombre de su vanidad y soberbia; sin embargo, es algo que le resulta necesario. Pues la ciudad no es una de sus empresas y el alcalde “gerente” no puede descalificar a quienes le hacen legitima oposición como aquellos que “no lo quieren dejar trabajar”. A quienes trata de “viudos de poder” o “hienas resentidas”. Solo hay que ver como su secretario de Gobierno, Esteban Restrepo, el oscuro funcionario que maneja la burocracia local, tiene milimétricamente dividida la torta de poder entre aliados y concejales amigos. Solo fue que el concejal Luis Bernardo Vélez, antiguo aliado, votara en contra de un caótico proyecto de Central Park (un sueño de fin de semana de Quintero), para que a los pocos días lo llamaran al orden y le sacarán su cuota en la Secretaría de Inclusión.

La moraleja es sencilla: se está con Quintero o en contra de él, sin titubeos.

No se equivocaron los periodistas de La Pulla cuando le pusieron el mote del "tirano alternativo”.

Su descalificación de cualquier posición crítica (incluyendo sectores sin partidos o distantes al uribismo o el fajardismo); la sección de porciones de la administración entre los clanes políticos del Valle de Aburrá (especialmente liberales) y su precaria capacidad de autocrítica, como cuando autorizó el ingreso del Esmad al campus de la Universidad de Antioquia (afirmando que lo volvería a hacer las veces que fuera necesario) o como cuando se inventó una reunión para verse un partido de fútbol en Barranquilla mientras a las afueras del estadio los manifestantes eran gaseados, son los principales responsables de su desgaste entre su antigua base de apoyo y algo que a la larga le terminará entregando nuevamente el poder a la derecha local (reorganizada para la retoma del poder en 2023).

En ese desgaste y creciente impopularidad (pues siempre ha tenido la oposición de cierto sector del uribismo) no tienen nada que ver los jóvenes que se siguen movilizando, continuando con la narrativa histórica iniciada desde el 28A y asumiendo un espacio de reivindicación que nunca habían tenido: desde la calle y la resignificación de los lugares de resistencia.

Tirarlos a la derecha y tratarlos de jefes de campaña del uribismo, se enmarca, sin duda, en un discurso estigmatizante. Mucho más cuando hay miopía con los abusos y represión por parte de miembros del Esmad. Por ejemplo, en la movilización del 28 de junio, a un colaborador de El Tercer Canal, un miembro del Esmad le apuntaló una aturdidora en el rostro. Afortunadamente, la lesión no revistió mayor gravedad o el joven terminó perdiendo un ojo. Si el alcalde se diera una vuelta por el Parque de la Resistencia, saliera un poco de la burbuja de Twitter o del piso 12 de La Alpujarra, tal vez, tendría otra perspectiva. Su equipo de incondicionales y aduladores, solo van a reforzar sus puntos de vista. Señor alcalde, es importante salir.

Si resultaría relevante que el alcalde entendiera que la indignación de la juventud es sintomática a un modelo de inequidad y desigualdad incrustado en el corazón de la ciudad más “innovadora” o el cacareado Valle del Software. Alcalde, muchos de esos muchachos no tienen ni mangos para “pasar el hambre”. Asisten a la certidumbre del no futuro y a una frágil expectativa de vida. ¿Qué está haciendo para contrarrestar esa situación en su gobierno?, ¿más Esmad y la estigmatización de tratarlos como esbirros de la derecha o el uribismo? Tan solo, como una excusa para encubrir sus propios errores y limitaciones.

Si tanta angustia le genera la revocatoria, la arremetida de la derecha o la crecida de una revocatoria que usted mismo, con su arrogancia y bravuconería de tuitero, se encargó de hacer crecer, la solución es más simple, solo: mírese el ombligo (y no pida que se lo miren porque nada le van a decir).

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