Opinión

Quiero una novia que sepa pelear bien

Si uno desea saber bien con quién está compartiendo su vida, lo mejor es observar cómo afronta un problema esa persona

Por:
septiembre 26, 2015
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Dar paso cuando no hay tráfico ni uno está de afán, es un acto amable pero tampoco es la gran maravilla. En cambio, dar paso cuando es hora pico y uno va tarde, eso es realmente virtuoso y admirable. En las situaciones sencillas es fácil ser una buena persona, pero en las situaciones complejas es cuando nuestros valores y principios se ponen a prueba.

Durante el primer semestre de 2015 salí con una mujer a quien yo consideraba tan especial que la llamaba “mi Princesa MasterCard” porque sus cualidades y talentos eran invaluables.

Un viernes ella me dijo que estaba feliz conmigo, que nunca dejara de amarla, que la gente le decía que se veía radiante conmigo y que un ‘te quiero mucho’ no era suficiente para describir el sentimiento tan profundo que sentía por mí. Y al día siguiente me dejó de hablar y nunca más la volví a ver. Nueve veces me escribió por chat para decirme que ya había organizado sus ideas y que estaba lista para verse conmigo y hablar, pero todas las veces me cancelaba a último minuto (por chat) con disculpas tontas. Y la última vez ni siquiera canceló ni se excusó, simplemente me dejó plantado y nunca apareció… hasta el sol de hoy.

¿Qué pasó? No sé y probablemente nunca lo sabré, pero aprendí algo muy valioso de su actitud: Si uno desea saber realmente con quién está compartiendo su vida, la mejor forma de descubrirlo es tener un problema con esa persona para observar cómo ella busca resolverlo. Y si el problema no se puede resolver, porque no siempre se puede, su forma de dialogar y despedirse nos muestra el tipo de persona que es.

En las dificultades es cuando uno ve si la otra persona lo valora a uno o no, si la tiene la humildad de agachar la cabeza y la valentía de disculparse o si tiene la nobleza de comprenderme si fui yo quien me equivoqué, si la persona actúa desde el corazón o desde el miedo, si la persona solo piensa en ella o también en uno. En los tropiezos es cuando uno descubre si la persona quiere resolver el conflicto o salir ganando o salir corriendo.

La armonía entre dos personas nunca se logra enfrentándose o abandonándose. El miedo solo sabe hacer dos cosas: atacar o huir. El miedo no sabe relacionarse ni conciliar porque con miedo dejamos de ser humanos y volvemos a lo animal. Cuando hay un conflicto asumimos equivocadamente que debe haber un culpable y alguien que perdona, un bueno y un malo. El corazón no busca culpables porque sabe que al estar buscándolos no resuelve el conflicto sino que, al contrario, se están metiendo aún más en el problema para hacer un juicio. El conflicto existe cuando hay dos lados, el corazón lo que busca es que solo haya uno. El corazón integra y el miedo divide.

Pregúntense: ¿Mi pareja actúa desde el corazón o desde el miedo? Escojan una pareja que sepa pelear. Compartan su vida con quien pelear no sea una tortura.

Una vida libre de problemas y de peleas es imposible, por eso compartan su vida —ya sea de pareja, amistades o sociedades— con personas que actúen desde el corazón y no desde el miedo para que, independiente de la dificultad, siempre puedan valorarse, disculparse, comprenderse y discutir en paz, o si es el caso, despedirse afectuosamente.

La gente se conoce en los tropiezos y las despedidas (o sino ¡pregúntenle a las parejas que están divorciándose y comunicándose por intermedio de abogados!).

Posdata: Las personas que se pregunten por el nombre de mi exnovia es porque están más interesadas en el chisme que en el mensaje. Esta columna no es una queja o un reclamo a ella porque la estaría juzgando sin saber qué ha vivido o qué sintió para que, desde su punto de vista, la mejor respuesta fuese salir corriendo sin hablar, sin despedirse, sin tenerme en cuenta. Si algún día ella llega a leer esta columna, quiero que sepa que para mí ella valía tanto la pena que hubiese deseado poder pelear amorosamente con ella durante muchos años de mi vida… de pronto ese fue el problema: que nunca peleamos. La sigo llevando en mi corazón y agradeciéndole por esta valiosísima enseñanza. Hubiera preferido aprender de ella y con ella más no por causa de ella. Pero bueno, lo importante es que aprendí.

@acardenas999

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