¿Quiénes son los verdaderos américanos?

“Los que más tienen derecho a serlo, son los indígenas, mestizos y negros que viven al sur del Río Bravo.”

Por: JOSE ALVAREZ-CARRERO
Septiembre 02, 2014
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¿Quiénes son los verdaderos américanos?
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En Europa hay cincuenta Estados y todos sus habitantes son “europeos”; en Asia hay cuarenta y ocho y todos sus habitantes son “asiáticos”; en África son cincuenta y cuatro los entes políticos independientes y todos sus habitantes son “Africanos”, por citar los tres continentes donde el derecho a la identidad continental se reconoce. En los dos restantes pasa algo extraño: En Oceanía a pesar de haber catorce países, la mayoría de personas identifican a sus habitantes como “australianos”, en tanto que lo más aberrante es el caso de América, donde a pesar de ser treinta y cinco los Estados que la componen, solo uno de ellos avoca el derecho de que sus ciudadanos sean llamado “americanos”, en tanto que los ciudadanos de los otros treinta y cuatro países, quizá seamos de Marte o de Saturno, pero nunca “americanos”.

No obstante, muchos dirán que existen términos como “latinos”, el cual es muchas veces usado ante la orfandad de identidad por los propios americanos de habla hispana, especialmente en Europa, a pesar de que allí también sean “latinos” los italianos, los rumanos, los franceses, los españoles y los portugueses. Igualmente, en Estados Unidos se suele utilizar el término “hispano” para hablar de sus orígenes geográficos, aunque esta palabra haga referencia a la nación hispanohablante y no al continente. Peor aun cuando para indicar el origen geográfico se usan expresiones como “Iberoamérica”: ¿Será que por ejemplo, a un español le gustaría que a su país y a Portugal los llamaran “Arabioeuropa”? sin duda a muchos no les gustaría, como es lógico que a un habitante del continente americano le indigne cuando a diario las noticias publican que “los americanos invadieron Irak” que “los americanos bombardearon Yugoslavia”, que “los americanos invadieron Afganistán” que “los americanos perdieron la Guerra de Vietnam”, que “los americanos solo hasta 1964 reconocieron los derechos civiles a los negros”, que “los americanos solo le reconocieron la ciudadanía a los indígenas hasta después de 1922”, que “el presidente americano es elegido menos de 300 personas”, etc, cuando deberían especificar qué país es el que ha realizado esas acciones o donde han sucedido esos hechos y no estigmatizar a todo un continente por sucesos en los que sus habitantes nunca han tenido participación o escapan al curso de su historia.

Aun así, que ese mote de “Americano” sea dicho por un alemán, por un chino o por un francés es entendible, pues el poderío económico de los estadounidenses, sumado a que fue el segundo país en ser independiente (antecedido por la Araucanía Mapuche el 6 de Enero de 1641) ha llevado a que en algunas lenguas ni siquiera exista otra palabra para describir al estadounidense, pero que lo haga un español, un mexicano, un peruano o un colombiano, más que un hecho que denota un bajo nivel cultural, es un hecho que debería ser vergonzoso, no solo por cuestiones semánticas o etimológicas, sino por el profundo significado político e histórico de ese término.

Frente a eso no caben justificaciones como “es que al llamarse Estados Unidos de América efectivamente se llama América”, pues como se puede ver, el nombre hace referencia a unos “Estados” que están en algo más grande que se llama “América” (que es el continente), ya que es poco probable que si estuvieran en Europa o en África se llamasen “de América”, por lo que se descarta ese argumento de que por ese hecho puedan monopolizar el nombre de una extensión de tierra que va desde Alaska hasta la Patagonia. Tampoco cabe decir que como en inglés se dice “Américan” en español también se deba decir así, pues una cosa es que los granjeros ingleses del siglo XVII empezaran a utilizar ese término para referirse a sus parientes que habían cruzado el Atlántico rumbo al continente americano y que después de 1776 lo usaran por ser el único país ya independiente en contacto permanente con el viejo continente y otra muy distinta es que en la lengua de Cervantes que diferencia entre “Americano” y “Estadounidense”, se sigan utilizando esas palabras como sinónimo incluso por personas que alardean de haber terminado el bachillerato: Eso no tiene presentación.

El utilizar “Los americanos”, para referirse exclusivamente a los estadounidense, no solo es aceptar en forma grotesca la pérdida de identidad como continente, sino justificar veladamente políticas como la Doctrina Monroe que formulada hace casi 200 años se sintetizaba en la frase “América para los americanos”, refiriéndose a la subyugación del continente a los intereses de lo que ellos mismos conciben como “americano”, es decir lo gringo. Igualmente, utilizar el término “americano”, para referirse a los ciudadanos de Estados Unidos es aceptar el despojo de la población indígena por parte de los ingleses, no solo como un acto legítimo, sino como la única y verdadera forma de conquistar nuevos territorios, perpetuando la Leyenda Negra de la colonización hecha al suroeste de los Apalaches, mostrándola como todo lo negativo, al ser opuesto en muchos aspectos al modelo racista y segregacionista que se dio en las trece colonias de habla inglesa.

Así, si se hiciera un análisis más profundo del término “americano”, en una aplicación estricta de conceptos del Derecho Internacional, sobre los que más se debería cuestionarse el uso de ese gentilicio es sobre los estadounidenses. ¿Por qué lo anterior? : Sencillo, la Corte Internacional de Justicia en repetidas ocasiones en las que ha analizado el principio de la Libre Autodeterminación de los Pueblos, ha desarrollado el concepto de “Población Trasplantada”, utilizándolo para describir a una población de un territorio, que migra a otro, y mantiene intacta su etnia, cultura y su idioma, sin mezclarse con la población nativa que habitaba allí. En el caso de la colonización inglesa en el norte del continente americano, nunca hubo una mezcla con la población americana –entiéndase los indígenas-, a diferencia de lo que ocurrió en las zonas de colonización ibérica.

Haciendo un paralelo con épocas actuales, Si dos grupos de colombianos se van a vivir a Japón y uno de ellos nunca se mezcla con los japoneses, ni aprende su idioma, ni su cultura, ¿es correcto que al cabo de varios años a sus descendientes se les llame “japoneses”, mientras que a los descendientes del otro grupo, que sí se mezcló con nipones, aprendió algunas de sus costumbres, y tomó elementos de su cultura, no se les reconozca como tal? La respuesta es más que evidente. Por ello, la población que más tiene derecho de ser llamada “Americana” es aquella que desciende de los habitantes originales del continente que a comienzos del siglo XVI fue llamado “América”: Los mestizos (descendientes de indígenas), los negros –que adquirieron nueva lengua y muchos aspectos culturales en estas tierras- y los indígenas; es decir, la población localizada en más de un 90% al sur del Río Bravo.

 

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