¿Quiénes están matando a los animales en Pamplona?

Dos llamas que llevaban varios años en el municipio de Norte de Santander amanecieron sin vida

Por: Nicolás Gigino Sánchez
marzo 10, 2016
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¿Quiénes están matando a los animales en Pamplona?

Esta semana se presentó la repudiable muerte de dos llamas indefensas que fueron inicialmente sacadas de su hábitat en el Perú, hasta ser trasladadas a esta población, en donde eran exhibidas por sus tenedores para que niños y adultos se tomaran fotos con ellas.

Aunque el frío clima de Pamplona conserva similitud con el de los altiplanos andinos de donde es originaria la Llama, es claro que no era su entorno y las autoridades ambientales no hicieron nada por devolver a su espacio natural a estos animales. Sin embargo, debemos presumir que su permanencia en este país se daba de manera legal.

Estos mamíferos domesticados llevaban varios años haciendo parte del paisaje dominical pamplonés. Llamaban la atención sus estirados cuellos y el incansable movimiento de su mandíbula. Fueron noticia local en mayo de 2015, cuando sufrieron maltrato por parte de algunos ciudadanos --al parecer llevados por los ardores de los alucinógenos-- que las agarraron a piedra y palo cual si fueran piñatas, en el sector de la ‘plaza de ferias’, donde pernoctaban.

El 10 de marzo de este año, 10 meses después de su primera agresión, las Llamas: Natacha y Lulú, amanecieron muertas, con terribles signos de violencia. Los cuidadores las encontraron golpeadas y violentadas con armas cortopunzantes que las destrozaron.

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Foto tomada de Facebook

La terrible muerte de estos animales, tiene semejanza con la de Paloma, una yegua que estaba recuperándose de una de sus extremidades, la cual fue golpeada, lacerada y con indicios de abuso sexual. Estos hechos ocurrieron en diciembre de 2014 en el mismo lugar donde fueron acribilladas Natacha y Lulú. Sí, parece un absurdo chiste, pero no lo es.

Hasta la fecha, las autoridades no han dado con el paradero de los delincuentes que cometieron estos abominables hechos y que toda la comunidad reprochó con caminatas por las calles del municipio en señal de rechazo.

Hoy se vuelven a caldear los ánimos de la ciudadanía, que exige a las autoridades una respuesta inmediata para dar con el paradero de los ‘anormales’ que tienen consternados a los pobladores con sus macabras acciones.

Sin embargo, tengo que hacer, como habitante de esta fría población, un llamado a la acción, pues un gran número de pamploneses exigen mientras hay acaloramiento, pero olvidan con el pasar de los días y todo queda igual, como si la neblina que baja de la montaña borrara de la memoria esta clase de situaciones que aquejan a la ciudadanía.

No es la primera vez que en Pamplona se conoce de estos casos de crueldad animal. Meses atrás a la muerte de ‘Paloma’, aparecieron en un corral del seminario menor Santo Tomás de Aquino, varias ovejas, gallinas y patos muertos de manera violenta, y al día de hoy no se sabe qué pasó. En un caso, no menos grave, hace dos semanas un perro fue encontrado con heridas de cuchillo en sus patas. Sin embargo, hubo indignación en redes sociales y hasta ahí llegó.

Parece pertinente exigir la presencia en la ciudad de expertos investigadores que determinen cómo se presentó la muerte de estos animales y den con los responsables, porque al parecer, una marcha ciudadana no tiene el eco que se requiere para esclarecer estos casos.

Este año, el Gobierno Nacional por fin sancionó la Ley en Contra del Maltrato Animal, en la que se multa y pone en prisión a quienes agredan a los animales. Vale la pena destacar el artículo 339A de esa Ley que dice:

“El que maltrate a un animal doméstico, amansado, silvestre vertebrado o exótico vertebrado, causándole la muerte o lesiones que menoscaben gravemente su salud o integridad física, incurrirá en prisión de 12 a 36 meses, e inhabilidad especial de 1 a 3 años para el ejercicio de profesión, oficio, comercio o tenencia que tenga relación con los animales y multa de 5 a 60 salarios mínimos mensuales legales vigentes”.

Ciudadanos de la histórica Pamplona: que nuestra única preocupación no sea esperar la semana santa cada año, para encerrarnos en un silencio sepulcral que dura 12 meses. Hay que exigir a los mandatarios de esta población y ayudar con soluciones. La construcción de ciudadanía no la hacen las personas que son elegidas cada cuatro años, sino los más de 50 mil habitantes que convivimos en nuestra “ciudad del saber”. Que no nos quede grande ese apelativo.

 

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