Opinión

¿Quién le teme o a quién le teme Mancuso?

Mancuso teme porque otros le temen, porque en la cadena alimenticia de la podredumbre nacional él termina por ser solo presa amarrada a la mesa de otros más siniestros

Por:
septiembre 03, 2020
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¿Quién le teme o a quién le teme Mancuso?
Mancuso se vuelve en cierto modo y en este momento una ficha de intercambio, cabeza de caza, una prioridad del debate. Foto: Insight Crime

Todos, amigos, enemigos, víctimas, maestros, campesinos, socios, cómplices; todos, cerca o lejos de su mira telescópica, seguramente alcanzaremos a percibir la sensación de escalofrío ante la que pudiera ser alguna presencia de Salvatore Mancuso una vez abierta la celda que ocupó por unos años en los EE. UU., muy pocos en realidad, pues allí, igual que acá, el sistema judicial puede modularse inflexible o laxo a conveniencia.

No da para menos tal estremecimiento. Se trata de un depredador, un especialista en el dispositivo del miedo, uno que llenó de huellas macabras el cuerpo y la memoria de seres humanos, la historia no superada de este país.

Desde cuando fue extraditado no mucho ha cambiado acá en cuanto a violencia se refiere: se sigue masacrando, ahora con remozada intensidad;  continúa callándose a los que incomodan, no cesa una práctica de terror que fluctúa invariablemente de una a otra insignia ideológica (narcotraficantes, bandas criminales, ELN, disidencias de las Farc, simplemente criminales puros y duros), pero Mancuso se vuelve en cierto modo y en este momento una ficha de intercambio, cabeza de caza, una prioridad del debate.

Se afirma –-de pronto con nada más que ilusión—- que ahora sí podrían comprobarse verdades cantadas, y que poderosos políticos, terratenientes, e insignias vivientes de la ultraderecha tiemblan por lo que le diera la gana o se viera obligado a contar ante la justicia si se consigue su bastante embolatada o mal tramitada deportación a Colombia. Pero, paradójicamente y a la manera de broma del destino, también se recrea la idea de que quien trepida de temor es el propio Mancuso, esto tan solo de imaginar lo que aquellos pudieran fraguar para silenciarlo; dicho de otro modo, que teme porque otros le temen, que le acontece algo del viejo verso y que en consecuencia “muere porque no muere” o, en fin, que en la cadena alimenticia de la podredumbre nacional él termina por ser solo presa amarrada a la mesa de otros más siniestros.

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Mirando hacia lo más importante, la reparación de las víctimas o la entrega de un poco de verdad, no creo que mucho pueda acontecer o mejorar con una eventual traída de Mancuso

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 Ambas hipótesis parecen sólidas. El temor recíproco está siempre en la génesis de la complicidad y la complicidad de Mancuso con todo ese ecosistema del crimen no es siquiera un secreto. Pese a ello, mirando hacia lo más importante, y lo más importante es desde luego la reparación de las víctimas o la entrega de un poco de verdad a la sociedad colombiana, no creo que mucho pueda llegar a acontecer o mejorar con una eventual traída de Mancuso.

Casi alcanzo a imaginar, más bien, que estando acá, entre las  expertas argucias judiciales de la impunidad este criminal con voz de barro cumplirá el ritual de decir perdón a las víctimas, mantendrá escondidas riquezas materiales teñidas de sangre, desde luego no reparará absolutamente nada en términos materiales ni simbólicos, y al alba de su llegada recibirá beneficios de mansión por cárcel, gozará de privilegios y no descartará ocupar directamente o mediante testaferro algún cargo público desde donde avivar la plaga, limpiar su propia historia y darse favores recíprocos con sus pares en aquella cadena alimenticia.

Siendo así, no es descabellado dejar de centrar la atención en traer o no a Mancuso, desviándola de lo que aquí y ahora acontece, de los que están acá, actuantes y con posibilidad de pasar de largo. Incluso a Mancuso cabe darle tiempo para que sintiéndose resguardado de la hipotética amenaza de sus antiguos aliados, de pronto y aunque eso parezca remoto, se decidiera a contar.

 

 

 

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