¿Quién le teme a Hezbolá?

'El movimiento político y militar surgido en el Líbano está mucho más potente y experimentado que antes'

Por: Jaime Jurado Alvarán
julio 26, 2016
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¿Quién le teme a Hezbolá?

Líbano, el bello país del cedro, víctima recurrente de su poderoso vecino, Israel -- que lo ha invadido en varias ocasiones-- vio surgir, en medio de la ocupación extranjera y su propia guerra civil, un nuevo movimiento político-militar a comienzos de la década del 80: el llamado Partido de Dios, Hezbolá, que para muchos es la más digna representación de la resistencia y la dignidad de los pueblos árabes, en tanto otros lo clasifican como grupo terrorista.

La que era una más de las milicias confesionales imbricadas en la lucha intestina que involucró a partidos y comunidades cristianas, drusos, musulmanes sunitas y chiítas, se convirtió luego en actor clave en la política libanesa.

Este aumento de su prestigio y fuerza fue potenciado por su victoria frente a Israel, luego de la corta guerra presentada en el verano boreal de 2006, hasta ahora la única clara derrota sufrida por la mayor potencia de la zona en la larga lista de enfrentamientos con sus vecinos árabes desde 1948.

El 12 de julio de 2006, las fuerzas israelíes invadieron el sur del Líbano en lo que creían sería una expedición de castigo a la guerrilla por el lanzamiento de cohetes y por sus ataques en la zona fronteriza, que incluyeron la captura de dos soldados. El alto mando israelí confiaba en destruir o debilitar significativamente la capacidad militar de Hezbolá y con sus fuertes bombardeos a ciudades y aldeas libanesas lograr que la población dejara de respaldar a este grupo.

Sin embargo, la estrategia falló totalmente. Los libaneses no se doblegaron y en su gran mayoría apoyaron la lucha de esta milicia, tomándola como un símbolo de la dignidad e independencia de la nación. El ejército oficial permaneció al margen y el mundo vio con asombro cómo una pequeña fuerza calculada entre 3000 y 8000 combatientes sin  artillería, tanques, aviones ni fuerza naval enfrentó con éxito a un enemigo muy superior en número y con un poder de fuego abrumador representado en los poderos tanques de guerra Merkava (el orgullo de la industria bélica israelí), aviones, drones, artillería y naves de guerra.

El día más fatídico para el ejército israelí fue el 12 de agosto, cuando sufrió grandes pérdidas humanas entre muertos y heridos y la destrucción o avería de 52 tanques  en el valle de Al Huyair al Salluki, en el sur del Líbano, lo que aceleró el retiro de los invasores y el fin de la contienda dos días después, sin que se cumplieran los objetivos fijados al iniciar las hostilidades.

Las lecciones de estos episodios han venido siendo objeto de estudio de los analistas políticos y militares de todo el mundo y en el propio Israel, cuyos círculos dirigentes han empezado a considerar a Hezbolá como su enemigo principal y junto a Irán como una de las mayores amenazas a su seguridad.

La rama militar es apenas una parte del movimiento, su estructura política es mucho más amplia e incluye representación parlamentaria y vínculos con otros sectores de la sociedad libanesa, que no se limitan a la comunidad chiíta. Igualmente su red de solidaridad y asistencia social es de gran cobertura, lo que le da mucha aceptación en los sectores populares, barriadas y aldeas de donde proviene el grueso de su militancia.

Fue ese uno de los elementos que contribuyeron a su triunfo hace diez años en una guerra que por el lado agresor era regular pero del lado de los agredidos fue irregular y asimétrica. La dirigencia de Hezbolá recalca que lo decisivo es la justeza de su causa, la alta moral de sus combatientes y el respaldo popular. Dentro de la asimetría enfatizan que la simplicidad puede vencer a la complejidad. Un ejemplo de ello es el uso de medios sencillos de comunicación, tipo “walkies talkies” y armas antitanque entre las unidades pequeñas y fuertemente descentralizadas a nivel local, frente a los sofisticados medios electrónicos israelíes. Curiosamente aquellos son más difíciles de interceptar y además las comunicaciones se hacen entre jóvenes reclutados en las áreas rurales que utilizan una jerga que solamente pueden entender las personas que hayan nacido o vivido largo tiempo en una determinada localidad.

Ahora, a una década del último encuentro bélico, teniendo como telón de fondo el complejo conflicto sirio, las partes vuelven a mostrarse los dientes.

En la actualidad, Hezbolá, con todo lo complicado que puede ser que se haya alineado decididamente al lado del presidente Asad, junto a sus tradicionales aliados iraníes, reforzados también por la intervención rusa, es reconocido ya más que como milicia, como un verdadero ejército, mucho más experimentado y potente que antes. Ya no solo hace presencia en Siria sino también en Irak y su papel como alternativa crece a los ojos de muchos sectores de los países árabes, que lo ven como talanquera ante el expansionismo israelí y como un freno al terrorismo promovido por Arabia Saudita y las monarquías del Golfo. Estos regímenes incrementan su hostilidad hacia el grupo y saludan las decisiones de Estados Unidos de bloquear sus finanzas y de sancionar a los bancos que le ofrecen servicios.

La actitud de la superpotencia no se limita a estas sanciones. La nueva embajadora norteamericana en Líbano, Elizabeth Richard, manifestó en las sesiones del Congreso en las que se discutía su nombramiento, que los “principales” problemas de ese país se resumían en uno: la Resistencia, a la que dijo que intentaría “paralizar”.

En el complejo panorama del Oriente Medio, cuando parece que la guerra en Siria se encamina a una derrota del Estado Islámico y la situación de Turquía se hace más enmarañada, la milicia chiíta e Israel emergen como dos claros antagonistas dispuestos a una nueva medición de fuerzas.

Israel ha continuado el asesinato selectivo de líderes de Hezbolá y realizado ataques a sus posiciones en Siria. Por su parte, los dirigentes de ese partido han advertido que una escalada en su contra o un ataque al Líbano sería respondida mucho más enérgicamente que en 2006 y que tienen detectadas las principales plantas de energía e incluso las centrales nucleares, a las que no dudarían en dirigir sus cohetes, lo que implicaría un gran catástrofe para toda la región. El reciente vuelo de un dron del llamado Partido de Dios por los Altos de Golán y la Palestina ocupada, sin que pudiera ser derribado por la defensa antiaérea, es una muestra de que sus dirigentes hablan en serio.

Es de esperar que prime la sensatez en todos los protagonistas de estos peligrosos juegos de guerra y que se encuentren salidas políticas a estos delicados conflictos que observamos desde nuestra distancia colombiana con el corazón en la mano.

 

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