¿Quién diría que Claudia López le sería útil al Uribismo?

De un modo u otro, López parece encarnar las tres grandes banderas contra las que lucha el Uribismo: castrochavismo, ideología de género y fin de la propiedad privada

Por: Juan Manuel Arias.
julio 18, 2017
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¿Quién diría que Claudia López le sería útil al Uribismo?

No fácil es interpretar los pasos del expresidente Uribe. Un día se creía que ya se había retirado de la política como el personaje más popular de la década. Se fue a descansar al ubérrimo y a dar cátedra universitaria junto con Iván Duque. Meses después, tras una arremetida desde su cuenta de Twitter contra el actual presidente Santos, creó un partido basado en firmas y se lanzó sorpresivamente al senado obteniendo más de 2 millones de sufragios.

Después, ganó en primera vuelta la presidencia en el cuerpo ajeno del poco carismático Óscar Iván Zuluaga, derrotando las maquinarias de los 4 partidos más grandes del país, superando también al entonces candidato-presidente. En segunda vuelta, perdió, entre otras cosas por la excelente campaña en torno a la paz realizada por los asesores de Santos.

Perdió repentinamente en “casa”, donde sus candidatos a la gobernación de Antioquia y a la alcaldía de Medellín quedaron en segundo lugar. En 2016 de manera ingeniosa, audaz y para algunos, fraudulenta, Uribe derrotó absolutamente todos los partidos, todos los sectores sociales, empresarios, gremios, fundaciones y demás promotores, con poco más de mil millones de pesos invertidos en publicidad y logística, y con una colosal campaña en redes sociales tanto formal como informal, y con ideas para todos los sectores y todos los gustos, que se vieron transformados en casi 6 millones 500 mil votos a favor del “NO”. Tal es el carisma de Uribe, que logró derrotar la “paz”.

Más allá del carisma, el senador del Centro Democrático entendió hace ya mucho rato que la gente no vota razonablemente, que en Colombia las mayorías acuden a las urnas de manera visceral, y que a la gente hay que llevarla a votar verraca.

Hoy por hoy, los medios, los partidos, y las personas interesadas en la política, esperan ansiosamente desde todas las orillas, para bien o para mal, cual será “el que ponga Uribe”.

Claudia López: primípara, carismática, ruidosa y con muchos votos

La audaz campaña de Claudia López contra el uribismo y todas sus huestes, confirma que hay dos maneras de hacer política nacional en Colombia: “Hablando mal de Uribe, o hablando bien Uribe”. La senadora también ha cuestionado estratégicamente al presidente Santos, logrando obtener para su partido un importante caudal político. En las últimas encuestas del mes de junio, realizadas por la firma del exregistrador Carlos Sánchez, “Guarumo”, el partido de López aparece con un 16.2% en intención de voto a la presidencia, y se ven aún más fortalecidos con el 21.7% respecto a la intención de voto para el congreso, en ambas encuestas, están por debajo del Centro Democrático, pero arriba de otros partidos y candidatos como el del exvicepresidente Germán Vargas Lleras.

“El senador megáfono” como la conocen la bases del Centro Democrático, ha sabido sacarle jugo a su recolección de firmas “contra la corrupción” que también le dará abundantes frutos a la hora de medirse en las presidenciales. Con eso y todo, son muchas las razones por las que Claudia es la candidata favorita del uribismo.

El Uribismo ha venido agitando fuertemente tres importantes banderas: el castrochavismo, la ideología de género y el fin de la propiedad privada.

Según encuestas, un 55% de los colombianos creen que Colombia puede volverse como Venezuela en algún momento, y más del 94% tiene una imagen negativa del paquidérmico dictador Nicolás Maduro. El rechazo a las FARC es casi igual al de Nicolás.

Por otra parte, la cifra de los que están en contra del matrimonio entre parejas del mismo sexo asciende a 65 de cada 100, y más del 70% está en contra de la adopción. Este rechazo se vio evidenciado cuando la exfiscal Viviane Morales reunió en cuestión de meses más de 2.500.000 firmas para promover un referendo contra la adopción.

Por muchas razones Claudia está en un muy mal lugar dentro del ideario del colombiano de a pie.

En primer lugar, Claudia pretende ser la candidata de la unidad izquierdista, la misma izquierda que ha callado de manera cómplice la situación de Venezuela, ubicándola pues como la “candidata del castrochavismo”. Basta un par de twitts de Uribe para que se le conozca de esa manera. Además, sus reuniones con las Farc en sus convenciones políticas tampoco le ayudan.

En segundo lugar, Claudia es homosexual y tiene una pareja de su mismo sexo, lo que implica que la enorme mayoría de los colombianos rechazaría su aspiración, en especial los sectores religiosos que tanto apoyan al expresidente. Su orientación le da la razón a la llamada “Ideología de género” con la que Uribe ganó el plebiscito.

Finalmente, Claudia habla de la necesidad de proteger el ambiente, pues su partido es el verde, y las consultas populares que ha apoyado atentan contra la minería, cosa que los sectores más adinerados consideran un atentado contra sus finanzas, en especial los que trabajan en las zonas y el ámbito petrolero.

Con todo esto, cada vez que Claudia abra la boca o gane un punto en las encuestas, le dará la razón a Uribe.

Al final, el aspirante del CD terminará por absorber los votos de los demás candidatos con ideas afines, como Viviane Morales, Alejandro Ordóñez (Ordóñez no es del CD y por sus ideas extremas no será el candidato ) y Germán Vargas Lleras, este último será el más afectado, pues gradualmente las posibles maquinarias que planeaban apoyarlo lo dejarán solo, de hecho, 7 senadores de la costa, que actualmente militan la U y que mueven más de 500 mil votos en esa región, promoverán la ley de transfuguismo en la siguiente legislatura para pasarse “de una vez” al partido del expresidente.

Probablemente "el que ponga Uribe" ganará con más del 50% de los votos en la primera vuelta. Y si hay segunda vuelta, será entre Claudia —o quien gane esa alianza— y ese mismo candidato, será muy fácil conocer el resultado.

No quedan dudas, en 2018 veremos llorar nuevamente a los "fanáticos de la paz", una minoría bulliciosa que parece no entender que con medio millón de votos en Bogotá, y uno que otro desubicado que cree que el socialismo que acabó con Venezuela "esta vez si va a funcionar", no se elige, por lo menos esta vez. Gracias a Claudia y otros personajes, los ciudadanos nuevamente saldrán "a votar verracos".

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