Qué tipo de cambio es el que necesita Colombia en segunda vuelta

El cambio que millones de colombianos han pedido por años ha llegado. Las élites, con sus viejos liderazgos, ha fracasado. ¿Qué nuevos aires vienen?

Por: Horacio Duque
junio 01, 2022
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Qué tipo de cambio es el que necesita Colombia en segunda vuelta
Foto: Archivo

Lo que sucedió el domingo 29 de mayo con las votaciones es un acontecimiento político extraordinario, inédito, se podría decir. El cambio que millones de colombianos han pedido por años ha llegado. La oligarquía con sus viejos liderazgos, sus viejos partidos, sus aparatos de comunicación y sus herramientas de gobierno, que respaldaron descaradamente al candidato Federico Gutiérrez, ha fracasado de manera estruendosa con un cuarto (21%) de la votación registrada.

El uribismo (Cabal, Paloma, Gutiérrez, José Obdulio, Zuluaga), quedó herido de muerte, pero se está infiltrando masivamente en la Liga Anticorrupción de Rodolfo Hernández que lo ha enfrentado, aunque este lo necesita para impedir el triunfo de Gustavo Petro, siendo este el detalle de la campaña en estas tres semanas.

Así la pesadilla para el líder de la Liga Anticorrupción está en el apoyo que ya le están dando tanto el uribismo como la poderosa casta de multimillonarios, dado que su ascenso se explica por su enfrentamiento con ellos con tanta energía como lo hace Gustavo Petro, especialmente en el tema de la corrupción.

El hecho concreto que tenemos hoy es el de 15 millones de colombianos que ya no quieren vivir más bajo la hegemonía o la dominación del viejo régimen oligárquico y sus desgastadas instituciones gubernamentales, descargadas en el ejercicio crónico de la violencia contra comunidades indígenas, afros y en el exterminio de líderes sociales y de excombatientes de las guerrillas, que firmaron de buena fe un acuerdo de paz, en la corrupción que despoja billones de pesos de los presupuestos públicos  y en los privilegios de una casta de 4.000 multimillonarios que acumulan fortunas con gabelas tributarias y subsidios estatales.

Se trata del mismo bloque popular que respaldó con 13 millones de voluntades la consulta anticorrupción en el segundo semestre del 2018, el que se ha expresado en vibrantes movilizaciones populares como las del 2019, el 2020 y el levantamiento popular de abril del 2021.

La voluntad de cambio de la multitud la han canalizado los dos candidatos que se han confrontado abiertamente con el sistema dominante. Son Gustavo Petro del Pacto Histórico y Rodolfo Hernandez, de la Liga de gobernantes anticorrupción.

El senador Gustavo Petro es un líder que se ha proyectado en una larga (30 años) y abierta batalla contra la oligarquía logrando las mayores cuotas electorales para la izquierda colombiana, largamente relegada por la trampa, la violencia y el acoso de las camarillas que controlan y se favorecen con el Estado y sus instituciones.

Triunfa en la primera ronda electoral con casi 9 millones de votos, 2,7 millones más de los que sacó en la consulta del Pacto Histórico, donde fue el primero con casi el 80 % de la votación. Esa gran votación es 3.7 millones más de los que sacó en la primera vuelta de 2018 y medio millón más de los que sacó en la segunda. Aunque hay quienes dicen que ya llegó a su cima electoral.

Obtiene Petro el 41 % de la votación total, 12 puntos por encima del Ingeniero santandereano. De esa manera Petro ha conquistado la primera votación, sin poder concretar la victoria en primera vuelta, tal vez como consecuencia de algunos errores en su estrategia polarizante contra la corrupción y el poder de las viejas oligarquías de la tierra, la política, la violencia militar y la banca.

El exalcalde de Bucaramanga, Rodolfo Hernández, se ubicó en segundo lugar, con 6 millones de votos, desplazando el señalado por Duque y Uribe, Federico Gutiérrez, quien reunió las clientelas electorales de las maquinarias oficialistas aceitadas por el contratismo. Hernández se posicionó en las redes sociales con un discurso polarizante anticorrupción y antipolítico que logró interpelar con éxito la indignación popular de los colombianos.

En las próximas tres semanas, viene una dura batalla entre estos dos líderes en una nueva confrontación con otras aristas abiertas, nuevas piezas simbólicas y divisiones no vistas.

En la segunda vuelta hay que colocar otras piezas, reformular discursividades, porque ahora el contradictor de Gustavo Petro no será una ficha natural del uribismo, “otro Iván Duque” con sus arbitrariedades y mal gobierno (F. Gutierrez), pues en su lugar tendremos un contendor muy versátil, habilidoso, complicado de capturar, liso y jabonoso, que Petro no ha manejado en el pasado como si lo hacia con Uribe Vélez; un candidato que hace un Programa supuestamente de “izquierda” plagiando las banderas del Pacto Histórico como la lucha contra el neoliberalismo, el ataque a la corrupción, el rechazo al fraking, el apoyo al acuerdo de paz (no obstante que voto por el No en el plebiscito), el desmonte del Esmad, el apoyo a la protesta social, la Renta básica, la legalización del aborto.

Rodolfo Hernández no las tiene todas consigo como lo quiere hacer ver el campo mediático y comunicacional hegemónico. El tiene una aguda contradicción que consiste en como admitir los apoyos del uribismo y los poderes prevalecientes, toda vez que su emergencia política y electoral se ha dado en cuanto se enfrenta a ellos con tanta firmeza como lo hace Gustavo Petro. Después de antagonizar abiertamente con ellos, ¿cómo aceptará ahora sus votos? ¿justificándolo con gestos de gratitud y decencia? Eso es como pegarse un tiro en el pie.

Acoger el apoyo del “régimen de corrupción” será una abierta contradicción que Petro destapará sin contemplaciones, quien obviamente deberá profundizar sin vacilaciones la polarización antioligárquica y anticorrupción para lograr los 12 millones de votos que necesita su nombre y su propuesta de cambio para alcanzar la victoria en una campaña que apenas lleva tres días.

El otro flanco que la campaña de Gustavo Petro debe enfocar para desenmascarar es el oportunismo ideológico y programática de Hernandez. Este es un exponente de una “derecha alternativa” conocida en otros lugares del planeta que recurre a la manipulación de los conceptos y las piezas filosóficas de la izquierda marxista, que habilidosamente subvierte, para darle sustento a su verborrea y demagogia mediática.

Es exactamente lo que acaba de ocurrir con los 20 puntos del programa de última hora dado a conocer por RH y de la autoría de su asesor de cabecera, el señor Beccassino, habilidoso mercader de las ideas políticas que nos quiere vender un candidato salido de las entrañas de la especulación inmobiliaria, el acaparamiento de tierras, el tráfico con los subsidios de vivienda y el despojo con créditos bancarios usureros entregados en Piedecuesta, Bucaramanga, Floridablanca y Girón en el departamento de Santander, donde ha acumulado ilegalmente una fabulosa fortuna con el sistema de acumulación por despojo a los campesinos y las víctimas de la violencia paramilitar.

Lo único cierto es que quien tiene todas las posibilidades de alcanzar la presidencia de la República el 19 de junio con auténticas banderas de cambio es Gustavo Petro, quien debe conquistar millón y medio de votos más con los jóvenes, con los abstencionistas, con las mujeres, con los pobres y con millones de colombianos a los que tenemos que convencer para avanzar en las transformaciones que demanda Colombia hoy. Rodolfo necesita 6 millones de votos más que no están a la vuelta de la esquina, de los cuales solo tiene a mano los sufragios amarrados y comprados de los clanes politiqueros que llegando donde RH son como un veneno al que le huyen senadores como Jota P Hernandez, quien acaba de renunciar a esa propuesta mentirosa de lucha contra la corrupción, misma que no se puede hacer con Uribe, Duque y Federico Gutiérrez.

El cambio que piden millones de colombianos será el resultado de una estrategia polarizante y radical que confronte el régimen uribista y los privilegios de la oligarquía de 4.000 millonarios, a los que hay que poner a pagar en impuestos 50 billones de pesos anuales para erradicar la miseria y pobreza de 30 millones de colombianos hundidos en la desesperanza. Irse con rodeos en este plano implica alejar el triunfo democrático del pueblo colombiano.  

Lo que sucedió el domingo 29 de mayo con las votaciones es un acontecimiento político extraordinario, inédito, se podría decir. El cambio que millones de colombianos han pedido por años ha llegado. La oligarquía con sus viejos liderazgos, sus viejos partidos, sus aparatos de comunicación y sus herramientas de gobierno, que respaldaron descaradamente al candidato Federico Gutiérrez, ha fracasado de manera estruendosa con un cuarto (21%) de la votación registrada.

El uribismo (Cabal, Paloma, Gutiérrez, José Obdulio, Zuluaga), quedó herido de muerte, pero se está infiltrando masivamente en la Liga Anticorrupción de Rodolfo Hernández que lo ha enfrentado, aunque este lo necesita para impedir el triunfo de Gustavo Petro, siendo este el detalle de la campaña en estas tres semanas.

Así la pesadilla para el líder de la Liga Anticorrupción está en el apoyo que ya le están dando tanto el uribismo como la poderosa casta de multimillonarios, dado que su ascenso se explica por su enfrentamiento con ellos con tanta energía como lo hace Gustavo Petro, especialmente en el tema de la corrupción.

El hecho concreto que tenemos hoy es el de 15 millones de colombianos que ya no quieren vivir más bajo la hegemonía o la dominación del viejo régimen oligárquico y sus desgastadas instituciones gubernamentales, descargadas en el ejercicio crónico de la violencia contra comunidades indígenas, afros y en el exterminio de líderes sociales y de excombatientes de las guerrillas, que firmaron de buena fe un acuerdo de paz, en la corrupción que despoja billones de pesos de los presupuestos públicos  y en los privilegios de una casta de 4.000 multimillonarios que acumulan fortunas con gabelas tributarias y subsidios estatales.

Se trata del mismo bloque popular que respaldó con 13 millones de voluntades la consulta anticorrupción en el segundo semestre del 2018, el que se ha expresado en vibrantes movilizaciones populares como las del 2019, el 2020 y el levantamiento popular de abril del 2021.

La voluntad de cambio de la multitud la han canalizado los dos candidatos que se han confrontado abiertamente con el sistema dominante. Son Gustavo Petro del Pacto Histórico y Rodolfo Hernandez, de la Liga de gobernantes anticorrupción.

El senador Gustavo Petro es un líder que se ha proyectado en una larga (30 años) y abierta batalla contra la oligarquía logrando las mayores cuotas electorales para la izquierda colombiana, largamente relegada por la trampa, la violencia y el acoso de las camarillas que controlan y se favorecen con el Estado y sus instituciones.

Triunfa en la primera ronda electoral con casi 9 millones de votos, 2,7 millones más de los que sacó en la consulta del Pacto Histórico, donde fue el primero con casi el 80 % de la votación. Esa gran votación es 3.7 millones más de los que sacó en la primera vuelta de 2018 y medio millón más de los que sacó en la segunda. Aunque hay quienes dicen que ya llegó a su cima electoral.

Obtiene Petro el 41 % de la votación total, 12 puntos por encima del Ingeniero santandereano. De esa manera Petro ha conquistado la primera votación, sin poder concretar la victoria en primera vuelta, tal vez como consecuencia de algunos errores en su estrategia polarizante contra la corrupción y el poder de las viejas oligarquías de la tierra, la política, la violencia militar y la banca.

El exalcalde de Bucaramanga, Rodolfo Hernández, se ubicó en segundo lugar, con 6 millones de votos, desplazando el señalado por Duque y Uribe, Federico Gutiérrez, quien reunió las clientelas electorales de las maquinarias oficialistas aceitadas por el contratismo. Hernández se posicionó en las redes sociales con un discurso polarizante anticorrupción y anti político que logró interpelar con éxito la indignación popular de los colombianos.

En las próximas tres semanas, viene una dura batalla entre estos dos líderes en una nueva confrontación con otras aristas abiertas, nuevas piezas simbólicas y divisiones no vistas.

En la segunda vuelta hay que colocar otras piezas, reformular discursividades, porque ahora el contradictor de Gustavo Petro no será una ficha natural del uribismo, “otro Iván Duque” con sus arbitrariedades y mal gobierno (F. Gutierrez), pues en su lugar tendremos un contendor muy versátil, habilidoso, complicado de capturar, liso y jabonoso, que Petro no ha manejado en el pasado como si lo hacia con Uribe Vélez; un candidato que hace un Programa supuestamente de “izquierda” plagiando las banderas del Pacto Histórico como la lucha contra el neoliberalismo, el ataque a la corrupción, el rechazo al fraking, el apoyo al acuerdo de paz (no obstante que voto por el No en el plebiscito), el desmonte del Esmad, el apoyo a la protesta social, la Renta básica, la legalización del aborto.

Rodolfo Hernández no las tiene todas consigo como lo quiere hacer ver el campo mediático y comunicacional hegemónico. El tiene una aguda contradicción que consiste en como admitir los apoyos del uribismo y los poderes prevalecientes, toda vez que su emergencia política y electoral se ha dado en cuanto se enfrenta a ellos con tanta firmeza como lo hace Gustavo Petro. Después de antagonizar abiertamente con ellos, ¿cómo aceptará ahora sus votos? ¿justificándolo con gestos de gratitud y decencia? Eso es como pegarse un tiro en el pie.

Acoger el apoyo del “régimen de corrupción” será una abierta contradicción que Petro destapará sin contemplaciones, quien obviamente deberá profundizar sin vacilaciones la polarización antioligárquica y anticorrupción para lograr los 12 millones de votos que necesita su nombre y su propuesta de cambio para alcanzar la victoria en una campaña que apenas lleva tres días.

El otro flanco que la campaña de Gustavo Petro debe enfocar para desenmascarar es el oportunismo ideológico y programático de Hernandez. Este es un exponente de una “derecha alternativa” conocida en otros lugares del planeta que recurre a la manipulación de los conceptos y las piezas filosóficas de la izquierda marxista, que habilidosamente subvierte, para darle sustento a su verborrea y demagogia mediática.

Es exactamente lo que acaba de ocurrir con los 20 puntos del programa de última hora dado a conocer por RH y de la autoría de su asesor de cabecera, el señor Beccassino, habilidoso mercader de las ideas políticas que nos quiere vender un candidato salido de las entrañas de la especulación inmobiliaria, el acaparamiento de tierras, el tráfico con los subsidios de vivienda y el despojo con créditos bancarios usureros entregados en Piedecuesta, Bucaramanga, Floridablanca y Girón en el departamento de Santander, donde ha acumulado ilegalmente una fabulosa fortuna con el sistema de acumulación por despojo a los campesinos y las víctimas de la violencia paramilitar.

Lo único cierto es que quien tiene todas las posibilidades de alcanzar la presidencia de la República el 19 de junio con auténticas banderas de cambio es Gustavo Petro, quien debe conquistar millón y medio de votos más con los jóvenes, con los abstencionistas, con las mujeres, con los pobres y con millones de colombianos a los que tenemos que convencer para avanzar en las transformaciones que demanda Colombia hoy. Rodolfo necesita 6 millones de votos más que no están a la vuelta de la esquina, de los cuales solo tiene a mano los sufragios amarrados y comprados de los clanes politiqueros que llegando donde RH son como un veneno al que le huyen senadores como Jota P Hernandez, quien acaba de renunciar a esa propuesta mentirosa de lucha contra la corrupción, misma que no se puede hacer con Uribe, Duque y Federico Gutiérrez.

El cambio que piden millones de colombianos será el resultado de una estrategia polarizante y radical que confronte el régimen uribista y los privilegios de la oligarquía de 4.000 millonarios, a los que hay que poner a pagar en impuestos 50 billones de pesos anuales para erradicar la miseria y pobreza de 30 millones de colombianos hundidos en la desesperanza. Irse con rodeos en este plano implicará alejar el triunfo democrático del pueblo colombiano.  

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