¿Qué tan útil es plantear una discusión geopolítica acerca del espacio exterior?

El creciente interés por este último dibujará un nuevo vértice en las dinámicas globales como un nuevo espacio geográfico sujeto a confrontación y múltiples posibilidades

Por: Felipe Lozano Rodríguez
Enero 15, 2019
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¿Qué tan útil es plantear una discusión geopolítica acerca del espacio exterior?

Al plantear la utilidad de una discusión geopolítica con respecto al espacio exterior es necesario tener en cuenta que el objeto de estudio mencionado se contempla dentro del concepto de los global commons, que, bajo la lupa del derecho internacional, se pueden entender como aquellos espacios que no forman parte de ningún Estado concreto y sobre los que, por tanto, ningún Estado puede ejercer derechos soberanos.

Así mismo su característica fundamental radica en su capacidad como elemento de conexión y comunicación entre las posesiones particulares de cada Estado o ciudadano en particular. Por lo tanto, cualquier uso irregular o exclusivo perjudica de manera grave a los otros. Sin embargo, a pesar de las características compartidas por los diferentes espacios comunes, no existe al día de hoy ninguna normativa uniforme que regule el acceso y uso del espacio exterior.

Esto ha llevado a que en los últimos años se evidencie un marcado interés en el campo de la investigación y la exploración espacial por parte de varios países y diversos sectores, aunque con objetivos y pretensiones muy desiguales.

En la actualidad, existen más de cincuenta agencias espaciales, aunque la mayoría de estas entidades no cuenta todavía con capacidad efectiva para desarrollar, enviar y operar satélites y sondas. No obstante, esta posibilidad ya no se limita a dos países como hace unas décadas, pues diez agencias cuentan con estas capacidades: las de Estados Unidos, Rusia, República Popular China, Japón, Ucrania, India, Irán, Francia, Israel, y la europea.

Es por esto que teniendo en cuenta la particularidad de este contexto, desde de una perspectiva geopolítica, se puede evidenciar que con el dominio de porciones del cosmos las potencias se aprovecharán del espacio exterior a medida que la tecnología avance y estos espacios puedan ser utilizados ventajosamente, a través de posicionamiento en forma de estaciones espaciales, bases construidas en la luna u otros cuerpos celestes, el abanico de posibilidades geopolíticas asociadas es enorme.

Ahora bien, si hablamos de la utilidad de estas estructuras para conseguir una proyección hacia el cosmos y que el tema objeto de estudio sea de real importancia para todos los actores del Sistema Internacional, una de las posibilidades de las que más se ha discutido es la de la colonización directa de cuerpos celestes por seres humanos, sobre todo como vía para resolver problemas en nuestro planeta tales como la sobrepoblación, la explotación excesiva de recursos o incluso como solución a posibles amenazas masivas que puedan terminar con los seres humanos. Connotados académicos en la materia como Stephen Hawking han reiterado la necesidad de esta colonización del universo para evitar la extinción total de nuestra especie, en respuesta a diferentes amenazas evidentes, tales como el creciente riesgo al que se enfrenta el planeta de ser destruido por un desastre natural, llámese el impacto de un asteroide, el calentamiento global, un evento nuclear, o cualquier otro evento que no se tenga siquiera previsto o estudiado.

En tal virtud y con el fin de evidenciar la importancia de la utilidad de una discusión geopolítica sobre el particular, es necesario, recordar al geopolítico y geógrafo inglés John Mackinder, a través de óptica de Dolman. El autor resalta la importancia del espacio exterior y la vigencia del tema como prioridad para los Estados, dado que plantea que las áreas metropolitanas comienzan con una demarcación de las regiones geopolíticas del espacio exterior, en respuesta al potencial de los recursos del espacio, puesto que producto de la vastedad del mismo, en caso de que cualquier Estado obtenga control efectivo, podría dictar los destinos políticos, militares y económicos de todos los gobiernos terrestres.

En palabras de Dolman, esos vastos recursos del espacio exterior representan el corazón del modelo astropolítico, Earth Space, como Europa del Este en el diseño de Mackinder, donde queda en evidencia que el control del espacio terrestre no solo garantiza el control a largo plazo de los confines del espacio, sino que proporciona una ventaja a corto plazo en el campo de batalla terrestre.

Así pues, este creciente interés por el espacio exterior sin duda dibujará en el mediano plazo un nuevo vértice a tener en cuenta en las dinámicas geopolíticas globales como un nuevo espacio geográfico sujeto a confrontación y múltiples posibilidades. No se trata de una reedición de la carrera espacial tal cual fue durante la Guerra Fría, pues en esta ocasión la pugna es multipolar y desigual, pero por este motivo, no se puede obviar la trascendencia de la investigación en un sector de enormes inversiones al que únicamente los Estados pueden hacer frente real. Esto supondrá que, tras un tiempo de relativa pérdida de importancia del actor Estado en las relaciones internacionales, de alguna manera, este vuelva a situarse en el centro del análisis.

Sin embargo, solamente las principales potencias de nuestro mundo multipolar serán las que lleven a cabo los más ambiciosos proyectos y, con el tiempo, podrán hacer un uso más eficaz del espacio exterior como herramienta geopolítica en una doble vía: hacia el resto del cosmos y hacia nuestro propio planeta. Sobre la primera de estas proyecciones del poder de las potencias solamente es posible conjeturar acerca de lo que supondría la posibilidad real de realizar viajes espaciales largos. Sobre el vector de poder que afecta a la Tierra, las implicaciones son más inmediatas y algunas de ellas se pudieron percibir durante la Guerra Fría en forma de adelantos tecnológicos o un uso armamentístico del espacio, sobre todo. De todas maneras, hay que recordar que para que estos Estados logren instrumentalizar el espacio exterior necesitan necesariamente asentarse en él y, por tanto, competir por este entorno con otros Estados. Todos estos elementos tendrán indudable incidencia en las dinámicas geopolíticas, pues añadirán un espacio geográfico de peculiares características y potencialidades al análisis.

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