En diciembre, el periódico británico The Guardian publicó un artículo realmente sobrecogedor sobre la cultura en los Países Bajos, donde no puede haber ningún funeral totalmente solitario. Pues, cuando mueres en soledad y sin familia, envían a un funcionario municipal y a un poeta a recitarte hasta tu última morada. El proyecto se denomina Eenzame Uitvar.
Merecidamente, el cantante Yeison Jiménez recibirá homenajes multitudinarios, pues el talento que demostró en vida así lo exige. Al funeral de Dostoyevski acudieron 60 mil personas, a pesar de que durante su tránsito vital su única compañía fue la pobreza. Según estimaciones, al sepelio de Julio Jaramillo asistieron 100 mil personas, sin que durante su existencia hubiera recibido el mejor trato.
¿Cuántos acompañantes nos merecemos los abandonados del talento artístico? Es tan cierto eso de que el ego nos hace preocupar hasta por la forma como ha de ser nuestro entierro. Bien, decía Galeano: “vivimos en la sociedad donde el funeral importa más que el muerto, la boda más que el amor y el físico más que el intelecto”.
La solución es sencilla: entregarlo todo en el oficio, por humilde o importante que sea. El aplauso interior que nos prodigamos cuando hacemos las cosas con cariño es una virtud inexpugnable del ser humano. Si alguien gusta acompañarnos, está bien; por lo demás, y por mal que nos vaya, en Colombia ya envían a un funcionario municipal a encargarse de nuestros restos; solo nos quedarían debiendo el acompañamiento del poeta. No sufran anticipadamente por eso.
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