Purga a la colombiana

Los hechos del 9 de mayo son una muestra de cómo el odio racial y de clase se puede materializar en las confrontaciones entre personas que se ubican en uno u otro lado

Por: Alexander Restrepo Ramírez
mayo 11, 2021
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Purga a la colombiana

Hace ya ocho años fue lanzada la primera entrega de la película estadounidense La purga (2013). En ella se describe una sociedad distópica¹, es decir, nos presenta un no lugar. En términos castizos, algo contrario a la utopía en tanto lugar de lo deseable. Cinematográficamente, implicaría escenificar una sociedad en donde falta el bienestar o la justicia en grados que sobrepasan cualquier comprensión. Lo curioso es que, en ese sentido, lo distópico es asimilable a la ficción, puesto que tales películas suelen mostrar “realidades” que harían parte de nuestros mayores temores: carencia de agua, tiranía o guerras inhumanas, por poner algunos ejemplos. 

Sin embargo, en medio de nuestra capacidad de imaginar (para crear mundos posibles), o razonar (para mejor tratar de entender el mundo ya dado), cabe siempre un pequeño espacio por el cual se filtra lo que pensaríamos imposible. Es entonces cuando comienza a tener sentido de realidad, asimilándose, repito, a nuestros mayores temores. La susodicha película presenta cómo, con el fin de “disminuir” los elevados niveles de crimen y violencia, el gobierno norteamericano, por decisión de una especie de logia que controla todo (“los padres de la patria”), autorizan legalmente una noche al año para que las personas cometan toda clase de crímenes sin riesgo de ser juzgadas o procesadas. Esto significa que es legal únicamente durante ese tiempo, tomar un arma de cualquier tipo e ir a agredir a quien yo considere socialmente indeseable, sea por su clase social, identidad racial o, simplemente porque me despierta alguna animadversión.

La película de fondo nos plantea algo que va más allá de lo distópico. En efecto, se podría interpretar en su propuesta, que tanto los “padres de la patria”, como esa élite afín que sale cada año a “cazar” (a purgar), a quienes consideran “parias”², se identifican con una clase social que controla todo: prestigiosos medios de comunicación, alta burocracia estatal y privada, empresas y dinero, en suma: confort (luxury goods). No está de más, excepto que algún ortodoxo de la ciencia política quiera llevar más allá o más acá el argumento, que esa clase social ideológicamente se ha ubicado tradicionalmente en “la derecha”. Right (en inglés), no solo es lo derecho en tanto opuesto a lo izquierdo (left), sino lo rectilíneo, lo “correcto”; aquello cuya existencia está legitimada por su ser. 

Incluso, una secuela como La purga: el año de la elección (2016), fácilmente puede ser asimilable a la álgida campaña por la presidencia de EE. UU., protagonizada en su momento por Donald Trump y por Hillary Clinton. El primer encarna muy bien, a nivel de su partido, la idea del “destino manifiesto”³, o bien, de los “padres de la patria”. La segunda, representaría los valores demócratas, esto es, más bien progresistas, liberales y humanistas (guardando las proporciones). 

Considero entonces que estas propuestas cinematográficas, si bien son distópicas, no son del todo ficticias. En efecto, fue evidente en EE. UU. que, posterior a la posesión de Donald Trump, el discurso del odio racial y de clase se exacerbó. Y no solo el discurso. Varios tiroteos (lo cual implica un serio cuestionamiento a la adoración de las armas que parece imperar allí), así como la muerte de un hombre afroamericano a manos (o pies) del policía blanco Derek Chauvin, simbolizan décadas de tensión racial no solo en EE. UU. sino casi que en todo el mundo. Sí, el racismo es un cáncer con metástasis, ahora que la pobreza y las crisis humanitarias han multiplicado los flujos migratorios de los países del “tercer mundo” a los del “primero”⁴.

Los hechos ocurridos en Colombia el domingo 09 de mayo de 2021, representan una buena muestra de cómo el odio de clase y racial, se puede materializar en las confrontaciones sostenidas entre personas que se ubican en uno lado o en otro de la realidad. En efecto, que la Minga indígena del Cauca hubiera tenido semejante recibimiento en la ciudad de Cali, con agresiones directas por parte de personas blancas, sobre carros de alta gama no identificados, y sin una evidente reacción de las autoridades, nos pone sobre la pista de cómo lo distópico comienza a tener mayor realidad que ficción: ¿qué diferencia puede haber entre ciudadanos que atentan contra otros que consideran “indeseables”, sin ser identificados y sin ser juzgados, con aquellas personas de élite que en la película La purga tenían una vez al año licencia para matar? De hecho, el caso colombiano sería más real que distópico, puesto que el asesinato de líderes sociales y jóvenes (al parecer sistemático), es peor en la medida que ocurre durante todo el año y queda en la impunidad la mayoría de veces. 

No quiero decir con esto que el planteamiento de la película La purga es completamente asimilable a lo sucedido en Colombia. Sugerirlo, sería extrapolar en exceso los hechos. Sin embargo, dice mucho que la derecha en Colombia haya querido justificar cualquier tipo de agresión ilegal por parte de civiles o autoridades policiales hacia manifestantes (criminalizados), con el discurso de la seguridad, de la salvaguarda de valores democráticos; de un aparente puritanismo ideológico que muestra siempre y en todo caso el camino “correcto” de la historia. En la película La purga, los afroamericanos, los pobres o aquellos considerados “indeseables”, eran perseguidos por una jauría de personas que se creían en ese lugar de la historia. 

El hecho de poseer un automóvil de alta gama o un arma, ya constituye una diferenciación de clase social; pero lo es más pretender encarnar única y exclusivamente valores que se consideran “correctos” o legítimos. Cuando ello, como sucedió en Colombia el pasado 09 de mayo, es usado, ya no en la noche, sino a la vista de todo el mundo (sin que pase nada), reafirma la delgada línea entre lo ficticio y lo real. 

¹ Filmaffinity (2021). The purge: la noche de las bestias. 

² Bauman, Zigmut (2005). Vidas desperdiciadas. La modernidad y sus parias. Trad. de Pablo Hermida Lazcano. Barcelona, España: Paidós.

³ Hobsbawm, E. (2003). Años interesantes. Una vida en el siglo XX. Barcelona: Crítica.

⁴ Beltrán, E. (2009). Derechos torcidos: tópicos, medias verdades y mentiras sobre pobreza, política y derechos humanos. Barcelona: Debate.

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