Texto escrito por: Enrique Uribe
No tengo duda de que somos muchos, tal vez centenas de miles, quienes hemos oído la frase "Sé que Fajardo es el mejor, pero no va a ganar", queriendo con ello decirnos quienes la pronuncian, que no votarían por quien estima el mejor presidente para Colombia, sino por el que es capaz de impedir que a quien consideran un “ángel del mal,” llegue al poder. ¿Quién termina siendo el perjudicado con esta decisión? nuestra nación toda, tendremos una población enfrentada. El resultado de esta ecuación es que en cualquier caso tendremos una especie de anticristo como presidente, según el extremo de donde se mire. Esto, porque así lo decidió la mayoría, en gran parte, porque muchos de sus electores votaron por él convencidos de que no era quién más convenía. Curiosa visión de la democracia: perdiendo también gano.
“Quién no conoce la historia está condenado a repetirla,” reza uno de nuestros más conocidos aforismos. Falso, eso no es cierto, por lo menos no lo es en los procesos electorales en nuestro país. Ya vivimos esta historia y no hace décadas, fue en nuestras dos últimas elecciones que perdimos la oportunidad de votar por Sergio Fajardo y nos vimos obligados a escoger entre dos grandes males. En mi caso, para la última, tapándome los ojos, nariz y boca, deposité mi voto por Gustavo Petro y tengo que decir que no me arrepiento por una sola razón: no podía permitir, ni con mi indiferencia ni con mi voto, que un señor que le grita por el teléfono a su jefe de la oficina Jurídica de la Gobernación: “Me limpio el culo con esa ley,” o que declaraba: “recibo en mi campaña a la Virgen Santísima y a todas las prostitutas que vivan en el mismo barrio,” o lo que es peor, en su momento imputado y luego condenado a cinco años de cárcel por corrupción, llegara a la ser presidente.
En las elecciones del 2018, en las cuales también se le negó la posibilidad a Sergio Fajardo, voté en blanco, pues cualquiera de los dos candidatos, Petro o Iván Duque, me parecían igual de malos, de modo que dejé que mis compatriotas eligieran. La historia me dio la razón.
Conocida la historia en dos oportunidades ¿vamos a permitir qué ella se repita? Este es un llamado para quienes consideran votar por quien no creen el mejor presidente para Colombia, voten por quien si consideran el mejor. De paso, la razón de ser primigenia de la democracia. Tres veces no. No puede ser. Nos merecemos y necesitamos una buena propuesta presidencial, y para muchos, esa opción sigue siendo la que representan figuras como Sergio Fajardo y Edna Bonilla. Sus resultados e historia política y profesional están a la vista.
¿De qué se le acusa? El más repetido de sus ataques es el de haberse ido tres días a ver ballenas —en los pocos días del año en que estas nos visitan— después de una exhaustiva y fallida campaña política; ni el descanso merecía el perdedor. O el caballito de batalla que pocos han sabido explicar pero que muchos repiten: el de ser un “tibio”. Yo lo pongo en palabras del gran politólogo y analista Hernando Gómez Buendía: "El centro representa lo único que de verdad ha servido en la historia moderna: el difícil equilibrio entre libertad y autoridad. La izquierda lo llama neoliberalismo. La derecha lo llama tibieza. Yo lo llamo civilización".
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