Protestas sin propuestas

"Están en contra de las medidas laborales, pero no hacen proposiciones coherentes, y así con todo lo demás"

Por: Juan Carlos Camacho Castellanos
septiembre 23, 2020
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Protestas sin propuestas
Foto: Leonel Cordero

Uno de los peores defectos que tenemos los seres humanos es que somos muy buenos para protestar, pero muy poco eficaces para proponer; y que estamos atentos a exigir nuestros derechos, pero reacios a cumplir con nuestros deberes. Hoy en el mundo se desarrollan cientos de marchas con y sin justa razón, y en nuestro país del Sagrado Corazón hay en este periodo pospandemia jornadas continuas de protestas que implican paralización de actividades de manera directa o indirecta de trabajo tanto en empresas públicas como en el marco de las de capital privado.

Cierre de calles y avenidas, música estridente, bloqueo del sistema de transporte público, actos vandálicos contra bienes del estado o activos de empresas como bancos o comercio en general. Se busca generar un estado de opinión violentando los derechos de los indiferentes y de los que piensan distinto a los sindicalistas o grupos de izquierda.

Desde el ataque “espontáneo” a los CAI de Bogotá y de otras ciudades de Colombia se ha venido estableciendo un nuevo estatus de zozobra entre la población. Se habla de protestar frente a la nueva propuesta de reforma laboral, pero ninguno de los supuestos marchistas sabe a ciencia cierta a qué se refiere la misma. Se desgañitan gritando contra la Policía Nacional, mientras los agentes de tránsito los escoltan y el Esmad los protege contra supuestas agresiones de quién sabe quién. Entretanto los comerciantes y algunos vecinos deben proteger sus fachadas y bienes frente a los grupos de enloquecidos individuos que apedrean, grafitean y queman cualquier espacio público o inmueble comercial o productivo que ellos consideran despreciable y que se les atraviesa en su senda de protesta “justificada”.

Los mercaderes de la política se unen codo a codo con los marchistas y gritan contra el sistema (del que parasitan desde sus opulentos cargos públicos), arengan a la multitud y promueven el desorden para después desplazarse en sus vehículos blindados a sus lujosas viviendas desde donde seguirán tuiteando llamados a luchar contra las instituciones que ellos también representan y contra la corrupción de la cual ellos también se lucran.

Y la marcha sigue y los que se aprovechan políticamente con ellas se lucen frente a los medios con palabras grandilocuentes, y, por supuesto, ninguna argumentación propositiva. Están en contra de las medidas laborales, pero no hacen una propuesta coherente (más allá de sus ocultas ideas que si las revelaran los que los siguen tal vez se escandalizarían), gritan arengas desde sus cómodos puestos de sindicalistas y no mencionan cómo en los bastiones donde aplican su incierta ideología (Venezuela o Cuba) no existen derechos a favor de los trabajadores pues los sindicatos o no existen o son sencillamente perseguidos.

Mientras marchan por las “minorías” como la LGTBI y ondean banderas de países árabes, se olvidan de lo incoherente que es su propio accionar, pues en algunas naciones fundamentalistas islámicas ejecutan a los homosexuales y lesbianas. Y no solo eso, marchan con camisetas del mayor símbolo del mercadeo comunista, el Che Guevara, sin recordar que ese guerrillero psicópata perseguía activamente a los homosexuales en la Cuba revolucionaria para enviarlos a campos de reeducación, nombre pomposo para las prisiones y campos de concentración de esa dictadura inmisericorde.

Y la guinda del pastel, las agresiones o actos vandálicos que deben ser “tolerados” por la población indemne o por las autoridades desautorizadas por un Estado pelele o cómplice frente al caos institucionalizado por grupos de dudosas intenciones y con agendas dictadas desde perversos regímenes de dudosa legalidad democrática.

Y las propuestas no se ven por ningún lado, brillan por su ausencia. Siguen gritando “estamos contra el gobierno criminal”, olvidando a los criminales aposentados en el Congreso y que están ahí bendecidos por la impunidad; se desgañitan contra las “reformas laborales” al tiempo que no permiten el trabajo de cientos de miles o destruyen con sus actos la frágil economía pos-COVID-19; hablan de respeto a los derechos humanos y se olvidan que dichos derechos también cobijan a policías y opositores a sus rancias ideas. Y cero propuestas, nada constructivo en el tintero y muchos intereses ocultos en la cabeza de unos líderes de “opinión” que se pasean en automóviles blindados y que terminan la jornada frente a un delicioso churrasco y una buena cantidad de whisky 12 años, soñando, eso sí, con el día en que se revolcarán felices en las alfombras del poder infinito y, desde su olimpo revolucionario, reprimirán inmisericordes a aquellos que se opongan a su perverso régimen.

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