A propósito del cuento de la Casa del Florero

"Hoy, como una especie de Santo Grial, del que brota como emanación la Independencia de Colombia, el tiesto reposa en la Casa-Museo del Florero"

Por: Alfredo Valdivieso
septiembre 23, 2017
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A propósito del cuento de la Casa del Florero
Foto: Colombia Aprende

En enero de 1882, el poeta y pintor bogotano Epifanio Garay, donó al Museo Nacional una parte (tasa le dicen, de un centro de mesa) de un florero que tiene en la base, en relieve, el escudo de armas de España Borbónica y la firma de González Llorente.

Se suponía que el tal florero, que pidieron prestado, no comprado, para centro de mesa para adornar el homenaje a don Antonio Villavicencio, se volvió añicos en medio de la pelotera que siguió a la negativa de prestarlo. Hoy, como una especie de Santo Grial, del que brota como emanación la Independencia de Colombia, el tiesto reposa en la Casa-Museo del Florero, en el costado nororiental de la Plaza de Bolívar en Bogotá; y, cosa extraña, quizá por lo mágico del grial, está intacto sin muestras del pegamento magistral.

El cuento del florero (según cuentan algunos biógrafos, ¿hagiógrafos o calumniadores de Epifanio?) es que varios años después del 20 de julio del 1810 un grupo de muchachos, díscolos y aventureros rolos, entró a la casa abandonada de González Llorente –que se había refugiado en Cuba, pero eso es otro cuento− y dentro de los despojos hallaron el trozo de porcelana, decidiendo en un gesto patriótico convertirlo en el tótem para idolatrar la gesta heroica de los trepadores de la Independencia.

¿Por qué gestas de lucha más profunda como la de los Comuneros Olvidados del Casanare, encabezados por dos sobrinos del mismo cura Andrés Rosillo Meruelo, muchachos que fueron “ajusticiados” por orden del virrey Amar y Borbón, futuro presidente del Supremo Cabildo de Santa Fe de Bogotá (y como castigo por alzarse desde noviembre de 1809, lo que llevó a la cárcel al viejo tío-cura por sus protestas, no fue tomado como el Día de la Independencia)?

¿Por qué no lo fueron las revueltas de Valledupar hasta Chiriguaná, insurrección armada que cubrió una parte esencial del actual departamento del Cesar? ¿O el grito indígena e indigenista de Silos? ¿O la de El Socorro, revuelta cívica pero también armada que puso en verdadero jaque a las autoridades virreinales y evitó una respuesta violenta y cruenta en Bogotá; que por primera vez apresó a soldados criminales?

¡Por una cosita! Porque en Bogotá han estado desde las primeras horas los trepadores, petimetres y gachupines, los rábulas con ínfulas de nobleza, encabezados por los marqueses de San Jorge, unos personajes de apellido Lozano, que desde esas épocas se adueñaron de la Patria y establecieron unas dinastías que vienen güevoniando a Colombia desde su primer hervor!

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