El listado de candidatos al Congreso tiene más de 3000 y se dice que por la cantidad y variedad de nombres es un gran proceso democrático. Pero no hay tal

Pero lo que se ve tiene de todo menos de eso.

¿Estamos ante un proceso político democrático o ante la caricatura de uno?

El listado de candidatos al Congreso comprende más de 3000 aspirantes. Se dice que por la cantidad y variedad de nombres es un gran proceso democrático.

Pero lo que se ve tiene de todo menos de eso.

Nadie va a escoger entre el listado que se le ofrece. Ninguno de los que esperan ser elegidos cuenta con más de las 50 o 100 personas que votan porque  lo conocen, cuando para salir elegido se requieren varias decenas de miles de votos. Prácticamente ningún votante sabe, por quien o por qué vota.

 Bajo el nombre de ‘partidos’ o de movimientos o de candidaturas por firmas, etc., centenares de mini agrupaciones -cuyo única existencia es para ‘avalar’ una inscripción- se presentan ante un elector que no tiene la opción de ‘elegir’ ya que solo puede votar por quienes le digan quienes han decidido por él.

Casi todos los ‘candidatos’ proclaman su compromiso con la defensa de la ‘democracia’, mostrándose cada cual como el héroe de una epopeya. Pero prácticamente ninguno explica que entiende por Democracia. Se la menciona como si fuera una religión en la cual la fe en ella es razón necesaria pero además suficiente para candidatizarse. Nadie considera que lo lógico para aspirar a cualquier cargo es explicar qué se entiende como programa que se debe ejercer y porque uno tiene las capacidades para hacerlo.

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Se pretende que con repetir muchas veces una cuña radial o televisiva (para uno de cada cien que pueden hacerlo) se sustituye la labor de convencer sobre la idoneidad de la persona para la función que deberá cumplir.

Todo el proceso es la caricatura de una elección

Todo el proceso es la caricatura de una elección. El votante no elige entre las personas que se autocandidatizan; ni entre los programas que no existen; ni entre los partidos que ni partidos son; como también caricaturas de consultas son las que de antemano se saben los resultados.

Se cae en la paradoja que en lo único donde habrá dónde elegir es entre alternativas a lo ‘democrático’ : Mientras para buscar curul en el Congreso la identificación es con la posición de ‘respetar -o salvar- la democracia’, para el cargo de Presidente de la República quienes más posibilidades tienen son quienes menos parecen estar interesados en compartir esa idea.

El uno simplemente enfatiza su admiración por Bukele, por Milei y por Trump, por la forma en que se muestran indiferentes a los valores que se supone busca la ‘democracia’ (inclusión, justicia social, equitativa distribución de a riqueza, el poder y las oportunidades, consensos para toma de decisiones) y ven el poder personal como el instrumento para imponer sus  propias convicciones. Su icono es la motosierra de Musc, de Milei y en alguna medida la que ya conocimos aquí.

El otro con una clara y confesa visión más socialista o socializante, en la cual el poder debe residir en el Estado y es a éste a quien compete ordenar la sociedad y responder directamente por que se cumplan esos mismos objetivos. Se le atribuye una tendencia a una izquierda relativamente radical (no propiamente identificada con la ‘democracia liberal’),  y él no lo niega.

En realidad tampoco es una caricatura pues no hay de qué reírse.

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