Presos políticos después del acuerdo de paz

No solo tienen miedo de morir asesinados, sino de afrontar los retos venideros, ya que la sociedad aún no parece preparada para acogerlos

Por: Arley Cano Osorio y Claudia Luzar
noviembre 26, 2018
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Presos políticos después del acuerdo de paz
Foto: Pixabay

1. Introducción

Tuvieron que pasar casi 60 años de guerra para que el gobierno de Colombia y las Farc-Ep, una de las guerrillas más antiguas del mundo, llegasen a un acuerdo final de paz. Sin embargo, muchas son las inconsistencias e interrogantes que aquejan a la sociedad civil y a la comunidad internacional; entre ellas se destaca la de los presos políticos.

"Este es el fin de la guerra con las Farc”. Fueron las palabras que el mundo entero escuchó del entonces jefe de Estado y Nobel de paz Juan Manuel Santos Calderón el día 26 de septiembre del 2016 desde la ciudad de Cartagena De Indias cuando se estrenó el balígrafo, elaborado con manos artesanales colombianas para rubricar un acuerdo.

Cientos de cámaras y medios de comunicación, al igual que los países garantes, invitados nacionales e internacionales cubrieron tan majestuoso evento, siendo testigos de la anhelada y concretada firma de los acuerdos. Todos los  exguerrilleros y exguerrilleras aplaudieron con elogio, y, aún más los presos políticos que soñaban con una paz estable y duradera, que de igual manera añoraban el reencuentro con sus familias. Sin embargo, hoy la ilusión de los exguerrilleros y exguerrilleras, presos políticos y la sociedad civil que apoya la paz se esfuma ante la oportunidad sembrada que muere en manos de la falta de voluntades y acciones alineadas con los acuerdos. Al respecto los fragmentos de la siguiente biografía pueden ilustrar lo que ha Estado sucediendo con muchos de los presos políticos.

2. Un preso político del partido político Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común:

2.1. Relato de vida

Soy orgullosamente caqueteño, ya que esta hermosa tierra me vio nacer en el año de 1975, mis humildes padres cristianos me enseñaron valores que en mi adolescencia no exploté, debido a la falta de madurez. Soy el menor de cuatro hermanos, entre ellos una mujer. Terminé mis estudios primarios en uno de esos poblados remotos de la capital del Caquetá, donde la misma guerrilla era la representación de la autoridad y del Estado. Pero mis padres anhelaron un mejor futuro para mí. Es así cómo me enviaron a continuar mis estudios secundarios al departamento de Arauca, donde era un estudiante en el colegio “El Liceo del Llano”, rectorado por una monja, en Arauquita (Arauca).  A los 14 años tuve miedo de morir a manos del Ejército de Liberación Nacional (ELN), ya que esta guerrilla ejercía el control militar sobre la región y asesinó a Monseñor Jesús Emilio Jaramillo. Por esta razón, sin decir ni siquiera adiós, abandoné la casa de mi hermana, quien veía por mí y mis estudios.

Luego emigré a la ciudad de Bucaramanga (Santander), y allí, sin conocer a nadie, desafíe los múltiples peligros de vivencia en las calles. Dormía en la "Casa del Peregrino”. Se trataba de una especie de albergue donde solo se podía llegar a pasar la noche, porque así eran las reglas. En el día me ganaba la vida vendiendo el periódico "Vanguardia Liberal", un periódico de la región. Esto, hasta que alguien me contratara para que trabajara en su pequeña empresa de estampados, así laboraba y vivía en su casa. Todavía me siento agradecido con esa familia.

No obstante, el mundo es un pañuelo: Mi hermano me contactó en esa ciudad y es así como después de varios años, consideré el regreso a la casa de mis padres. En el Caquetá, parte de mi trabajo era ser "raspachin" (personas que cosechan coca), y a la vez tenía buenas relaciones con las Farc-Ep. Siempre las tuve, ellos eran presencia y referencia para gran parte de los habitantes en la región. Con los días llegó la muerte violenta de mi hermano mayor, cosa que afectó enormemente a nuestra familia, mi vida cambió, dando inicio a la carrera de las armas. Primero era soldado del Ejército de Colombia, pero mi rebeldía no dio para mucho en dicha institución.

Posteriormente fui contactado por las milicias populares de las Farc-Ep, para desempeñar tareas urbanas y estaba feliz. Luego, como consecuencia fui puesto prisionero donde padecí la crueldad y el dolor. Por ende, me marcó la fuga del 17 de abril del año 2001 desde la cárcel el Cunduy de Florencia (Caquetá). Por consiguiente, opté por hacer parte del PC3 (Partido Comunista Clandestino Colombiano) y luchar junto a las Farc-Ep, con un amplio sentimiento y compromiso por la justicia social.

Tuvieron que pasar varios años para que las fuerzas del Estado dieran mi recaptura. Pese a los 11 años que he pasado en prisión, he soportado las adversidades y vejámenes que padece un prisionero político, siendo testigo del incumplimiento de los acuerdos de paz firmados. Aun así, estoy preparado para esto.

2.2. El periodo en la cárcel

Mi primera noche en prisión fue una experiencia nefasta, mi mente se atrofió de tanto pensar, sentía mi cabeza muy grande y adormecida. Para mí, la cárcel solo era un lugar donde llevaban a las personas que cometían algún delito, ignorando la magnitud de los acontecimientos vividos dentro de sus muros. (“un mundo diferente”; “la universidad de la vida”).

En la cárcel culminé mis estudios secundarios, aprovechando los servicios de educación y preparación gratuita del Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA), en diversas áreas, entre ellas "Tecnico En Sistemas". Sin embargo, mis logros no han sido fáciles, ya que existieron muchas limitaciones. Solo he tenido un poco de apoyo moral de parte de mi familia, y en realidad en la cárcel únicamente se cuenta con la comida, dormida y la humillación cotidiana. Puedo decir que para una preparación en mi vida emocional, social y laboral me faltó todo.

La vida en la prisión se caracteriza a la vez por reglas estrictas y la arbitrariedad más absoluta, de la que es parte la incertidumbre sobre la duración de la detención. A menudo, los detenidos no saben ni cuándo serán juzgados o si permanecerán en prisión durante semanas o años. Por otra parte, la vida cotidiana está meticulosamente reglamentada hasta en los más mínimos detalles y a los presos se les trata como a niños y se les priva de toda autonomía. Los abusos de poder y los malos tratos esporádicos o regulares infringidos por funcionarios de prisiones agravan este proceso.

A veces, los presos crean grupos basados en la solidaridad y en otras sus relaciones están marcadas por la violencia, la brutalidad y el abuso. Sin embargo, los presos se habitúan paulatinamente a su condición. Lo que antes consideraban como una situación de excepción y como la destrucción de su vida, ahora se convierte en el mundo en el que ellos mismos viven. Por su parte, las familias se acostumbran a vivir sin el detenido. Aun cuando son posibles las visitas, se constata un progresivo distanciamiento. Los miembros de la familia evitan hablar de sus problemas a fin de no agobiarse mutuamente, lo que hace cada vez más difícil una íntima comunicación. En el mismo contexto habitamos quienes están por delincuencia, narcotráfico y quienes estamos como presos políticos.

Refiriéndose a la historia de la vida de Arley, surgen las siguientes preguntas: ¿Qué es un preso político y qué papel juega el proceso de paz? ¿Qué acompañamiento (psicosocial) necesitan?

3. Presos políticos

En el derecho internacional no existe una definición común de preso político. Muy a menudo, se consideran presos políticos a personas que han sido detenidas o condenadas a fuertes penas por sus convicciones políticas y que no han tenido derecho a asistencia legal, etc. Las opiniones varían en cuanto al momento a partir en el que una persona que infringe la ley se convierte en preso político. Es relativamente fácil definir a un opositor al régimen como preso político aun cuando haya sido prohibida la libertad de expresión en su país y haya sido declarado culpable de violar la ley existente. Pero resulta más complicado en el caso de una persona detenida por usar la violencia para oponerse a un régimen injusto. ¿Esta persona tiene derecho al estatus especial de preso político?

Hasta ahora, esta pregunta ha sido objeto de distintas respuestas en función del contexto. La cuestión de si alguien es preso político no se decide finalmente con base al respectivo derecho nacional, sino en virtud de los debates efectuados a nivel internacional sobre la apreciación de la situación política en los países concernidos y de las convenciones internacionales relevantes. El arresto es una experiencia extremadamente traumatizante, independientemente de si las personas concernidas han podido prepararse conscientemente o no para esta eventualidad. Los miembros de la familia y los amigos también se ven directamente afectados por lo que les sucede a sus seres queridos y, por eso, son parte de la situación traumática.

3.1. Los presos políticos de las Farc-Ep y el proceso de paz

“Una vez firmado los acuerdos todos nuestros hombres saldrán en libertad” Rodrigo Londoño Echeverri, máximo jefe de las Farc-Ep.

En la ley 1820 del 30 de diciembre de 2016, “por medio de la cual se dictan disposiciones sobre amnistía, indulto y tratamientos penales especiales y otras disposiciones”, se plasmó en varios de sus artículos la libertad para los presos políticos. Posteriormente, el Congreso de República de Colombia mediante la figura de fast track, reglamentó e implementó el decreto 277 del 17 de febrero del 2017, cobijando no solamente los derechos de los presos políticos sino también los de todos los exguerrilleros que abandonaron sus armas con anterioridad al proceso de paz, siendo acogidos al proceso de desmovilización individual ley 975/05. Por consiguiente, fueron puestos prisioneros y albergados en los pabellones de Justicia y Paz, donde habitan las “extintas” Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), y que, de acuerdo con la normativa de ley, gozan de privilegios especiales si se comprometen con la verdad, la justicia y la reparación.

Cabe resaltar que aún más de mil exguerrilleros y exmilitantes de las Farc-Ep aglomeran espacios en la mayoría de las cárceles en el territorio Nacional, condicionados a la situación actual; apartados de un enfoque diferencial, y según el excombatiente, en el más crítico estado de hacinamiento, soportando pésimos estados de salud, desactualizados de la situación política del país y fuera de la posibilidad de hacer parte de ella, sin apoyo jurídico, donde el gobierno nacional a través de la Defensoría del Pueblo asigna insuficientes abogados para la población carcelaria, recayendo una enorme carga laboral sobre los mismos. También, el partido Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (Farc) se ha quedado corto al asumir la gestión de las herramientas político-jurídicas con las cuales exige al actual gobierno el cumplimiento de fondo a los acuerdos y solucionar la problemática de los excombatientes aún en prisión.

3.2. El trabajo psicosocial con los presos políticos

La Agencia de Reintegración Nacional (ARN), encargada del acompañamiento psicosocial, psicológico y laboral de los beneficiarios de la ley 975/05 (AUC) y otros, ha sido designada por el gobierno nacional para tramitar el incentivo monetario a los exguerrilleros de las Farc-Ep como medio apoyo a la integración, hecho que deja a los excombatientes con sentimientos de insatisfacción. No solo se tiene miedo a morir asesinados como muchos de los exguerrilleros que han caído en los últimos días, sino también a afrontar los retos venideros ya que la sociedad aún no está preparada para acoger de manera social y laboral a los exguerrilleros. Por ende, es de vital importancia para la incorporación y adaptación a la vida civil de cada uno de los exprisioneros  y exguerrilleros la implementación de un trato diferencial, psicosocial, psicológico y cultural por parte del Estado, la sociedad y la comunidad internacional, para dimensionar y comprender la afectación del individuo como ser humano y, así poder brindar una verdadera preparación para la libertad.

Son de anotar las múltiples trabas que pone el gobierno a través de la rama judicial para postergar el tiempo en prisión de los exguerrilleros que el día de la firma de los acuerdos soñaron con una patria en paz. Además, sucede que se está empañando la confesión y el esclarecimiento de la verdad ante la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), donde todos los exguerrilleros tienen que mostrar su compromiso con la justicia, las víctimas y la sociedad, pero poca exigibilidad de estos hay para otros actores del conflicto.

El trabajo psicosocial en la cárcel puede ser muy diverso, puede materializarse a través de una terapia personal o grupal, en la cual las personas pueden hablar sobre la violencia, la responsabilidad y la reconciliación con ellos mismos. Pero de otro lado puede constituirse también brindando asistencia jurídica, proporcionando el acceso a la información (periódicos, libros, etc.), fomentando la formación de terapias grupales en las cuales se pueden elaborar perspectivas de futuro durante la detención (perfeccionando su escritura, terminando sus estudios etc.). Pero también es necesario un apoyo psicosocial a sus familiares a través de terapias individuales y grupales, en las cuales, por ejemplo, los familiares pueden hablar sobre el miedo y la ambivalencia de los sentimientos frente al detenido y hacia ellos mismos; ayudas para cubrir las necesidades materiales, y finalmente apoyos para vencer los problemas de comunicación entre los presos y los miembros de su familia.

Aunque muchos detenidos sueñen durante años con su liberación, finalmente esta es traumática. La vida en libertad no está exenta de conflictos y se hace evidente la alteración de las relaciones con los miembros de la familia y  amigos. La sociedad no está esperando a los exprisioneros. Además, ser exprisionero es un estigma. Mientras que la persona estuvo en la cárcel, muchas cosas han cambiado y los antiguos detenidos a menudo se sienten indefensos y sobrepasados por la situación. Además, echan mucho de menos a los amigos que hicieron en la cárcel. Cuanto menos correspondan sus experiencias al sueño de libertad que les permitió soportar años de detención, más insatisfactoria y traumática resultará la libertad.

4. Conclusiones

¿Cuál es tu sueño después del tiempo en la cárcel? Era una pregunta que me hacía Claudia y la respuesta que di fue: “subir a Monserrate para mirar el cielo y la capital”. El apoyo psicosocial para los prisioneros no debe terminar después del tiempo en la cárcel porque el nuevo mundo tiene muchos retos y trampas. Y no es solamente para los exdetenidos, es también para los miembros de su familia. Es la organización de reuniones familiares en donde las personas pueden tener una reorientación en los vínculos emocionales y pueden estabilizar un reconocimiento de las diversas pérdidas para todas las personas concernidas.

También es necesario una orientación laboral porque muchos presos políticos tenían antes una vida en el campo o en la clandestinidad y después pasaron mucho tiempo en la cárcel sin orientarse ni formarse para el mercado laboral. Otros terminaron los estudios en este tiempo, pero tienen el problema de explicar los huecos en la hoja de vida. Por eso es necesario que el trabajo psicosocial esté vinculado con una ética y una moral de la sociedad y del Estado que ofrezcan una segunda oportunidad para la vida.

Finalmente, para muchos exprisioneros de las Farc-Ep es necesario un apoyo de orden psicojurídico y político con el fin de obtener justicia, en donde pueden incluirse y participar la reconciliación y un espacio para sus vidas. Que una persona puede subir a Monserrate es más que una metáfora, la posibilidad de poder comenzar una nueva vida con responsabilidad, paz y justicia social.  

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