Presidente Santos, no es xenofobia, pero el país no puede recibir más venezolanos

"¿Qué lo motiva a convertirse en el presidente humanitario que sacrificará las finanzas de Colombia por nuestros hermanos venezolanos?"

Por: Helbert Leal Borda
agosto 09, 2017
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Presidente Santos, no es xenofobia, pero el país no puede recibir más venezolanos
Foto: Colprensa

Ha estado en una situación en la que debe callar, atomizar o aderezar sus opiniones para no ser apartado del grupo y etiquetado como un elemento negativo del colectivo, en el peor de los casos, aceptar que ha cometido un error, y que ha admitido cuan equivocado estaba para poder regresar a la comodidad del refugio de su entorno social. Para poder aislar al individuo y extirpar su pequeña revolución se recurre a un arma, la vieja y confiable “violencia de lenguaje”, un arma fabulosa, fulmina al enemigo antes de que si quiera pueda desenfundar sus armas, silenciar tajantemente al rival dejándolo enjaulado en una prisión conceptual de la que le será casi imposible escapar, Funciona como en esas películas orientales de terror donde los Jiang Shi, algo así como zombies, eran combatidos con un papel en la frente que contenía un hechizo que los detenía.

Cualquiera puede hacer uso de esta arma, pero definitivamente es más efectiva si se encuentra en una posición privilegiada y en franca ventaja. Por ejemplo: si usted por alguna razón no está a favor del Acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera, inmediatamente sin escuchar sus argumentos le adhieren en la frente una etiqueta para detener su avance con palabras como guerrerista, enemigo de la paz, uribista, si su oposición es moderada, en caso contrario, uribestia. Si a usted se le ocurre no estar de acuerdo con los postulados de la ideología de género le colocan el papelito en la frente con palabras cómo homofóbico. Aunque dentro de esta corriente de ideas tendría unos cincuenta papelitos y unas cincuenta fobias más o menos dependiendo del imaginario del colectivo. Ni hablar si por alguna razón usted ve las cosas de una manera diferente en Venezuela, a pesar del despliegue periodístico mañana, tarde y noche sobre la crisis a la que ya le adornamos con etiquetas como “Venezuela estamos contigo” o “Hermanos venezolanos”. ¿Qué le dice al imaginario colectivo del colombiano de a pie, que vive en un paraíso de felicidad, la opinión que debe tener con su “hermano venezolano”?. Son tres temas muy diferentes, pero con algo en común, los tres temas son promovidos por organizaciones privadas y públicas internacionales y el Estado colombiano, la posición privilegiada.

El 8 de agosto @paolaochoaamaya escribió en el periódico El Tiempo: “Putos colombianos interesados. Ni siquiera es xenofobia lo que sentimos hacia los venezolanos. Es ‘aporofobia’: desprecio y rechazo hacia el pobre y necesitado. La cruda verdad es que si algo tienen en común los países de Latinoamérica es un odio generalizado, una cosa de todos contra todos, y los colombianos que sufrieron discriminación en Venezuela es algo innombrable, pero no, la retaliación no es determinante. Lo más preocupante es la estabilidad económica, del servicio de salud, el empleo, el acceso a la educación, la seguridad, subsidios, que actualmente el gobierno no puede cubrir. Si esas dudas le asaltan y con la mayor racionalidad del mundo usted deduce que se debe cerrar la frontera, tiene derecho a pensarlo y expresarlo y no por esto ser llamado puto, interesado, xenófobo y aporofóbico. Ahora trate usted de usar la misma violencia del lenguaje contra estas personas que pregonan esa Colombia hippie de amor y paz. Podría decirles filofóbicos por no amar el compromiso con el país o crometofóbicos por no amar el dinero de los colombianos, sinistrofóbicos por tenerle miedo a la izquierda. Lo puede ver, no funciona, esa es la posición en desventaja.

¿Qué lleva a un país donde se mueren los niños en la Guajira por hambre, se roban la plata de los refrigerios escolares y se soluciona el problema de salud cambiándole el nombre al edifico, a recibir a manos abiertas una ola de inmigrantes a los que no tiene la más mínima posibilidad de atender sin quebrar el país o desentenderse de su propia gente?, ¿qué lleva a un presidente que envió al ESMAD a moler a golpes a los campesinos por reclamar una vida más digna, a moler a punta de bolillo y tanqueta a los labriegos ancestrales de Segovia y Remedios que adelantan un paro minero por querer trabajar su propia tierra, que defraudó a los profesores con promesas que no cumplió, a proponer estas medidas?, ¿qué será lo que verdaderamente quiere el hombre que arrastra una estela de corrupción estatal sin precedentes?, ¿qué lo motiva a convertirse en el presidente humanitario que sacrificará las finanzas de Colombia por nuestros hermanos venezolanos?

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