Opinión

Precarización laboral: dos horas al día

El mensaje de la ministra de Trabajo saliente: “Un ingeniero de sistemas tú no lo necesitas todo el día en tu oficina, sino dos horas”, dejó helados a los jóvenes, ya con experticia en la precarización laboral

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febrero 10, 2020
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Precarización laboral: dos horas al día
La suma del desempleo y los empleos precarios son una de las claves de la participación de los jóvenes en las marchas de fines del 19.  

Los jóvenes, los de hoy y los del 2030 y el 2040, enfrentan y enfrentarán una incertidumbre mayúscula de cara al mercado laboral que ni sus padres ni abuelos vivieron en tal magnitud.

Es la incertidumbre derivada de los profundos cambios tecnológicos, la globalización de los mercados y el cambio climático. Hay un factor adicional: los líderes políticos, en el gobierno y fuera de él, los empresariales, los académicos, pueden contribuir a que los jóvenes puedan enfrentar en mejores condiciones la incertidumbre asociada con unos mercados laborales que, en pocos años, verán desaparecer buena parte de las ocupaciones actuales. También, por omisión o por ausencia de estrategia, pueden “darle el visto bueno” a la precarización del trabajo de los jóvenes.

Gracias a la saliente ministra de Trabajo, entrante del Interior, por ofrecernos motivos profundos de reflexión: “un ingeniero de sistemas tú no lo necesitas todo el día en tu oficina, sino dos horas”, una frase dirigida a un hipotético empleador que podría sentirse motivado a formalizar el trabajo fraccionado. Y un mensaje carente de esperanza que dejó helados a los jóvenes, ya con experticia en la precarización laboral.

Es cierto que el desempleo ha sido un flagelo constante en la economía colombiana durante décadas, que el subempleo y las mas variadas formas del rebusque han sido característicos como fuente de la manutención de millones de hogares en Colombia.

Sin embargo, a propósito de la alusión de parte de la ministra al hipotético caso de un profesional graduado, hay algunas diferencias entre hoy y, digamos, hace 40 años. Entonces, la fórmula de culminar la educación secundaria y cursar una carrera universitaria era, con alta probabilidad, pasaporte al mundo del empleo formal.

Es verdad que en los últimos 20 años el número de estudiantes matriculados en la educación terciaria  colombiana se triplicó, que las instituciones arrojan al mercado, anualmente, a centenares de miles de jóvenes graduandos. El aumento notable en las tasas de cobertura es, en apariencia, una señal de progreso de la sociedad colombiana. ¿Es así?

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Los salarios del sector formal a los profesionales recién egresados son irrisorios por regla general

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Sobra decirlo, en la actualidad el grado de la educación superior no garantiza ni empleo ni paga decorosa a quienes, con gran esfuerzo, lo obtienen. Los salarios del sector formal a los profesionales recién egresados son irrisorios por regla general.

La tasa de desempleo de los jóvenes ronda por el 17 %, una cifra escandalosa, sin incluir el subempleo. Ah, y vale recordar que el desempleo en las mujeres jóvenes es superior al 20 %.

Precarización: precisamente, alguien que labore dos horas al día, profesional o no, jamás figurará en las estadísticas del desempleo. La suma del desempleo y los empleos precarios son una de las claves de la participación de los jóvenes en las marchas de fines del 19.

Volviendo a las declaraciones de la ministra: no ha dicho, en realidad, algo que sea ajeno a la situación de los jóvenes actuales.

Aparte de los más afortunados, aquellos que están en nómina en alguna organización, muchos con paga precaria (usual: se necesita profesional junior con experiencia, habilidades de trabajo en equipo, $1.500.000), están los afortunados del siguiente nivel, es decir, aquellos que se enganchan mediante contratos de prestación de servicios profesionales a término fijo que, cuando terminan, no se renuevan de inmediato con el fin de no generar vínculos laborales, amén de los pagos que tienen que realizar en materia de seguridad social, con los correspondientes descuentos en retefuente, rete-ica e IVA. Obviamente, sin derecho a vacaciones...

Los jóvenes necesitan esperanza de cara al trabajo precario. Requieren de formas de adquirir las llamadas competencias blandas, de facilidades para lo que hoy se denomina la formación de toda una vida, de recursos de capital de riesgo para financiar proyectos empresariales propios.

(En el caso de quienes están en situación de alta vulnerabilidad, la mano institucional es una necesidad. Sólo para mencionar un ejemplo: los jóvenes dentro del Sistema de Responsabilidad Penal para Adolescentes, corren alto riesgo de ser enganchados por bandas delincuenciales, a menos que coaliciones de empresarios, formadores, estado, generan oportunidades diferentes).

Hay líderes empresariales con visión, que tienen claridad acerca del drama juvenil. Tienen su gran oportunidad en estos difíciles años para los jóvenes, urgidos de trabajos dignos y decentemente remunerados.

 

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