Todas las historias, todas las miradas, desde todos los rincones
Opinión

Posverdad y la familia de ateos

No sé qué habrá sido de aquella familia de ateos del barrio Pumarejo, de Barranquilla. Siento hoy que más que ateos, eran la duda permanente de la comunidad

Por:
Abril 05, 2017
Este es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la opinión de Las2Orillas.
Posverdad y la familia de ateos

En el barrio Pumarejo, donde nací, en Barranquilla, había una familia de ateos que era, para los vecinos: “La cosa más extraña del mundo”. Como paradoja, vivían al lado de la iglesia, y por los otros lados, creyentes de todas las facturas. Sin embargo, tenían las mejores relaciones con el sacerdote de turno y hasta conversaban amablemente con él sobre temas que afectaban al barrio. Los hijos, de aquellos padres ateos, asistían a las jornadas deportivas que organizaba la Iglesia, y al momento de la oración se quedan en silencio con el mayor de los respetos.

Cuestionaban todo aquello que era incuestionable para el resto de la comunidad. La virginidad de María santísima; la gracia de la pantera rosa, la resurrección de Lázaro, el control de la Fifa sobre el Mundial de fútbol, la fuerza del Espíritu Santo, la estupidez del pato Donald, la conversión de San Agustín, los celos de Minnie Mouse, las ventajas del Frente Nacional, la afición de Alfonso López por el vallenato, y hasta las virtudes de la pomada chuchuguaza, entre otras ideas.

No hacían pesebre, ni tampoco ponían árbol de Navidad. Un 25 de diciembre, mientras los pequeños jugaban en las calles con los regalos traídos por el niño, los ateos hijos, se empeñaban, con inocencia reveladora, a decirnos que el niño dios no existía, que nos estaban engañando, que eran nuestros propios padres, que en la madrugaba, iban hasta la feria de juguetes del Paseo de Bolívar y luego los ponías sobre las camas, mientras dormíamos.

Jairo, que era cuatro años mayor que yo, es decir como de once años, hablaba como un niño adultizado sobre la “inconsistencia” de escribirle la carta a un niño dios, cuya inexistencia estaba comprobada, o de la “estupidez”  de dejar debajo de la almohada los dientes de leche caído para que el ratoncito Pérez nos dejara algo de dinero. “Todo es una miserable mentira, no se dejen engañar, ni el niño dios existe, ni mucho menos el tal Ratón Pérez, porque ni los ratones tienen apellido, ni los ratones saben de billete”. Esas eran los argumentos de Jairo, que nadie refutaba.

 

“Todo es una miserable mentira, no se dejen engañar,
ni el niño dios existe, ni mucho menos el tal Ratón Pérez,
porque ni los ratones tienen apellido, ni los ratones saben de billete”.

 

En esa familia de ateos del barrio Pumarejo he estado pensando en toda esta semana de la marcha de uribistas contra ellos mismos, de polémicas entre Petro y la Gurisatti sobre una libertad de expresión tergiversada, de plantones de periodistas indignados contra el despido masivo de colegas, del cegador Araujo, que se tomó una foto frente a una pancarta que decía “!!!Fueraaa!!! periodistas vendidos”, y luego salió ofreciendo disculpas, porque todo se hizo sin saber que había delante de sus ojos.

No sé qué habrá sido de los miembros de aquella familia de ateos del barrio Pumarejo, de Barranquilla. Siento hoy que más que ateos, ellos eran la duda permanente de la comunidad, la conciencia que hablaba a todos cuando esos todos acogían un hecho como irrefutable. En estos tiempos de la reproductividad del engaño, y de la mentira rápida y la  apariencia de verdad, acuñados en el sofisticado y falaz término de posverdad hacen falta más familias de ateos como la del barrio Pumarejo. Ellos llamaban las cosas por su nombre y demostraban con evidencias (no con discursos) una realidad que creíamos cierta, así nos cayera encima el peso de nuestros ideales o fa

Publicidad
0
1548
Los comentarios son realizados por los usuarios del portal y no representan la opinión ni el pensamiento de Las2Orillas.CO
Lo invitamos a leer y a debatir de forma respetuosa.
-
comments powered by Disqus

Otras Columnas de David Lara Ramos

Petrona, ¡arriba! La vida vale la pena

Petrona, ¡arriba! La vida vale la pena

Ahora que estás de paso por el hospital, algunos me han preguntado cuál es tu importancia para la música colombiana, ¿Cómo te parece? Les he contado algunas de las historias
Cartagena, la ciudad holandesa

Cartagena, la ciudad holandesa

El “Alcalde Pop” además de promover el uso de la bicicleta con su campaña “Cartagena Pedalea” debería también certificar aquellos sitios amigos de la bicicleta
Confianza perdida en el periodismo

Confianza perdida en el periodismo

Ernesto Sotomayor, desde la Escuela de Periodismo de Columbia pone el dedo en la llaga: mucho de lo que hoy hacemos se parece al periodismo, pero no es periodismo

La violación de Liliana Manghatan

Mientras corría en pantalla la película brasileña `Aquarius`, una verdadera gema, evocaba la misma historia de barrios que se arrasan en Cartagena, y la de esa mujer, Liliana Manghatan

De Truman a Trump

Aunque Harry y Donald comparten cuatro letras de su apellido, algo va de Truman a Trump

Nuestras primeras feministas

Antes de los discursos de Simone de Beauvoir, Virginia Woolf, o los locales de Florence Thomas o Catalina Ruiz-Navarro, existió un grupo de mujeres que resistió por sus bailes y cantos

Entre líneas y focas con Heriberto Fiorillo

Luego de leer a Fiorillo, palmas sonarán por mantener vivo el viejo concepto de un buen columnista. Clap, clap.