Pospandemia, a comenzar una nueva vida

"Las masas esperan un movimiento que las ilustre mediante la difusión de la ciencia, la técnica, las artes y el pensamiento político para derribar todo lo oprimente"

Por: Nicolás Antonio De la Cruz Picalúa.
febrero 17, 2021
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Pospandemia, a comenzar una nueva vida
Foto: Leonel Cordero - Las2orillas.co

El COVID-19 nos ha revelado al romper el velo de la fantasía, con sus pliegues de hipocresía, demagogia, manipulación, populismo y falsedad, el cinismo que cubría con espesura la realidad social. Vivimos en un paraje gris, confuso, lóbrego, deprimente y oprimente, en divorcio irreconciliable entre la autoridad “legítimamente constituida” y el pueblo que maneja, pues quienes gobiernan son turbas de pilluelos que solo dejan caer basura para que la gente se la pelee por montón, sin conciencia de las miasmas de la miseria a las que las arrojan.

Muchas personas, la mayoría, lo cual es absurdo en una sociedad que se vanagloria de tener una forma de gobierno democrática, están repletas de derechos subjetivos, pero gozan de muy pocos derechos objetivos. En las constituciones políticas de todos los países latinoamericanos se pregona a bombos y platillos que tenemos derecho a la vida digna, a la salud, a la seguridad alimentaria, a la educación, a la seguridad social, a la protección de la tercera edad, etcétera, pero observado esto con una segunda mirada vemos que es puro “realismo mágico”. La mayoría de las personas asumen los derechos en su cotidianidad como reales, sin jamás tener existencia verdadera ni eficacia, pues para las autoridades encargadas de hacerlos realidad son bagatelas.

El COVID-19 hizo que la miseria tuviera visibilidad y fuera enfocada por las cámaras de la televisión, lo que nos ha permitido ver desfilar rostros lánguidos abrumados, ceños desesperados de madres solteras con sus bebés a cuestas pasando hambre, miradas perdidas en la decepción de un presente cruel y de un porvenir incierto, marchas de atribulados exigiendo bienestar social para todos, con tropezones insolentes, con roces bruscos, atosigada por la brutalidad jactanciosa de la policía irónicamente matando a quienes por obligación constitucional les deben garantizar y proteger la vida.

Horrorizados vemos como a los líderes sociales, a los reclamantes de tierra que necesitan para producir alimentos, los masacran sin que el Estado haga nada para protegerles y garantizarles su vida.

Sintiendo vergüenza ajena y atónitos vemos que en el hemiciclo de la democracia, el Senado de la República (donde se supone que están los representantes del pueblo), nuestros padres de la patria son todo lo contrario a lo que deberían ser: probos, adalides, honestos, sin mácula que reprochar por no tener ninguna sombra de pecado o de deficiencia espiritual o moral. Así mismo, vemos en este país a un expresidente que lo ponen preso por presuntamente haber cometido unos delitos, los máximos jerarcas de la justicia penal como son los honorables- aunque, de sus entrañas nació el infame, “Cartel de la Toga”- magistrados de la Corte Suprema de Justicia, él renuncia a su calidad de senador, y un Juez de menor jerarquía por la alquimia jurídica, al descubrir que la dádiva, cual piedra filosofal, convierte al delincuente en inocente, lo deja en libertad; a otro que tenía un pie en la cárcel ante la delación de sus delitos por la senadora presa, con quien los cometió, sus compañeros de andanzas en el senado le tiran un salvavidas y nos lo nombran nada menos que presidente del senado y las aguas vuelven a su cauce normal dentro de ese lodazal, impregnadas del efluvio dañino que desprenden materias en descomposición en la tupida urdimbre de la corrupción que campea en ese putrefacto lugar. A otro senador, personaje grotesco por su anacronismo, que fungió como vicepresidente se lo cogen con las manos en la masa, infraganti, por una grabación que le hizo la víctima del delito, ahora nos dicen que va a salir de la cárcel la “picota”, donde la pasa a cuerpo de rey, en libertad, porque la grabación que le hizo el juez que no se dejó sobornar, es falsa.

Todo eso confuso lo hemos detectado también entre el cinismo de los jefes máximos de los entes de control, fiscalía, procuraduría y contraloría, denunciando crímenes de lesa humanidad, cometidos por ministros, gobernadores, alcaldes, contratistas estatales, como es robarse los dineros destinados a comprar los mercaditos de tantas personas famélicas, anunciado con cara adusta castigos ejemplares, fingiendo hipócritamente severidad copiando del cenagoso fondo de la charca vil, la claridad del cielo, como si estuvieran presionando para que les entreguen parte del botín y obtenido el resultado del ruin propósito, silencio total, si dije algo, no me acuerdo, con un manto de impunidad todo queda tapado, paralizado, petrificado el alaraco, ante la indiferencia de una sociedad sumisa y oprimida

Pero más allá de lo lóbrego, vemos en la sociedad personas decentes, trabajadoras y honestas, que se mueven cual flores delicadas en un paisaje acogedor movidas por un nuevo aire refrescante, con verdadero pudor, con ilusiones puras, con ensueños de libertad, de progreso y de paz, que viven en nuestra sociedad; que, están dispuestas a dar el cambio ambiental, económico, cultural y político impostergable que necesitamos todos para no sucumbir como seres humanos, pues entienden que la verdadera riqueza la produce la naturaleza, sembrado, cultivando y cosechando los frutos que da la tierra, para tener seguridad alimentaria, que comprenden que sin educación no es posible el saber que nos da acceso a la ciencia, a su aplicación práctica que es la tecnología y a todos los bienes que otorga la cultura, que tienen bien claro que el mejor sistema político es el que proporciona mayor bienestar material y espiritual a un mayor número de personas.

Ahí están esas masas de la sociedad esperando que un movimiento intelectual y científico, como ocurrió en Europa una vez superada la peste negra, las ilustre mediante la difusión de la ciencia, la técnica, las artes y el pensamiento político para derribar todo lo oprimente y empezar pos-COVID-19 una nueva vida.

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