En mayo se enfrentarán el que diga Uribe, Vargas Lleras y el de la Coalición Fajardo-López-Robledo y a la segunda vuelta pasarán el de la Coalición y el Uribista. Estas son las razones

 - Por qué Vargas Lleras no será presidente

La competencia por la presidencia de la República parece estar lista en el partido. En el sector del establecimiento se vislumbran tres candidaturas: la del Centro Democrático, (del que diga Uribe); por firmas, la del fundador de Cambio Radical, el exvicepresidente Germán Vargas Lleras; por los partidos Liberal y la U (el partido del presidente Santos), el señor De la Calle o Cristo. En el conservatismo, todo parece indicar que se disgregará entre las  tres anteriores.

En los sectores no tradicionales a su vez se visualizan dos candidatos, el o la escogida por la  Coalición Ciudadana por Colombia entre  Claudia López, Sergio Fajardo y Jorge Robledo. Los sectores de la izquierda tradicional podrán adherir a Humberto de la Calle si es el candidato que decida la alianza Liberal-U, o al candidato de la mencionada coalición.

Así las cosas, la competencia sería entre tres candidatos del establecimiento y uno  de los sectores alternativos al establecimiento y sus prácticas habituales, con posibilidades reales de ganar.

Después de las elecciones parlamentarias de marzo podrían darse entendimientos entre el candidato escogido por el liberalismo y la U con el señor Vargas Lleras, sectores pro Santistas del partido Conservador y algunas adhesiones de expresiones de origen de la izquierda, que respondería al interés del Presidente y de varios de sus aliados para recomponer el  acuerdo de la Unidad Nacional  con miras a  evitar el triunfo de Uribe que rompería los acuerdos de paz y el programa del señor Santos Calderón.

Muchos sectores de base de la U y del partido Liberal no apoyarían esa iniciativa, y al contrario se sumarían al candidato que escoja la coalición ciudadana por Colombia con la cual sentirían mayor afinidad en su programa y en su tarea de limpiar al país de las prácticas corruptas, clientlistas y deshonestas de la política nacional.

El resultado sería una competencia real a la Presidencia entre tres candidatos,  el que diga Uribe, VargasLleras y el de la Coalición Colombia. Esa es mi  apuesta.

Las encuestas reflejan que de mantenerse el candidato Liberal-U y sectores de la izquierda ortodoxa separados de Vargas Lleras y del  candidato de la Coalición Colombia, la segunda vuelta sería entre el del Centro Democrático y el de la Coalición. En ese momento se medirá el compromiso real de los amigos de la paz, o votan por Uribe o lo hacen por el candidato que se escoja entre los tres alternativos…

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Ahora ven por qué Vargas Lleras no será presidente.

¡Amanecerá y veremos!

La política colombiana ha reflejado antes y después de la Constitución de 1991 que los partidos tradicionales no sus élites no  se fraccionan fácilmente; por encima  de sus diferencias, no programáticas, sino de estilos y de mezquinos intereses, siempre se encuentran en políticas bipartidistas originadas desde el Frente Nacional al negarse  a perder la conducción del Estado, para lo cual usan todos los instrumentos non santos, como la compra y venta de votos, el fraude, el uso indebido de los recursos de los presupuestos nacionales y regionales, la corrupción, la violencia, la amenaza, el acoso laboral, la mentira, el clientelismo y la politiquería, entre otros.

Enfrentar al establecimiento “frentenacionalista” y derrotarlo no es fácil, las prácticas y costumbres para su permanencia en el poder están arraigadas en sectores importantes de la sociedad, ligados como con un cordón umbilical a esos partidos y movimientos, responsables de la crisis tan grave en la que se debate la nación.

Los sectores democráticos de la política nacional deben agruparse en propuestas como la de la Coalición Colombia a la cual podrían sumarse los sectores decentes de expresiones liberales y conservadoras que no soportan el comportamiento de sus dirigentes, los empresarios que trabajan por el desarrollo de la economía nacional en la ciudad y en el campo, los sectores de trabajadores y de grupos poblacionales y por supuesto la denominada izquierda tradicional que debe despegarse de una ideología poco aplicable para construir conjuntamente un programa democrático que la sociedad colombiana reclama con urgencia.

 

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