¿Por qué no cuentan los museos en Colombia?

El director del Museo de la Universidad de Antioquia plantea la difícil situacion de las entidades culturales que el gobierno no está atendiendo.

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mayo 12, 2020
¿Por qué no cuentan los museos en Colombia?

Contar puede referir las acciones de enumerar cosas o tener valor para alguien. En el decreto 593 del 24 de abril “por el cual se imparten instrucciones en virtud de la emergencia sanitaria generada por la pandemia del coronavirus COVID–19, y el mantenimiento del orden público” en Colombia, “cultura” aparece solo una vez, y como sufijo de la palabra agricultura. Los museos y demás entes culturales no fueron tenidos en cuenta. Cientos de instituciones se sienten ajenas de las políticas de protección, y hoy sufren por su temor a no resistir a la debacle económica, que con seguridad será mas traumatica que el mismo virus.

El Sistema de Información de Museos Colombianos –SIMCO, adscrito al Ministerio de Cultura para el fortalecimiento del sector, maneja un subregistro de entidades. Esto, en buena medida porque son las mismas instituciones las que se deben inscribir para ser tenidas en cuenta. A pesar de tener esta importante plataforma que acude a la autogestión, no resulta claro por qué no cuentan los museos en nuestro país; con esto me refiero a un arqueo minucioso que identifique los guardianes de los valores simbólicos del Estado-nación.

El número de museos adscritos al Ministerio, sobre los que el Estado tiene deber como garante, es de solo catorce. Cinco de ellos ubicados en Bogotá, los demás en ciudades secundarias o municipios históricos. Sin embargo, la mayoría de museos, que deben ser más de setecientos según las estimaciones del propio ministerio, navegan con su propia brújula, cargando su cruz a cuestas, muchas veces sin un Cirineo que ayude a aligerar el peso. Esto nos lleva a la pregunta: ¿en manos de quién está la responsabilidad de cuidar aquello que no se puede cuidar por sí solo? ¿Para quién cuentan realmente los museos y el patrimonio que está bajo su cuidado?

El Banco de la República, que ha consolidado una colección extraordinaria, cuenta con un sistema de museos que se equipara a los mejores en el mundo. La mayoría se encuentra a salvo en la capital bajo el cobijo de la máquina de hacer billetes. Otras pocas colecciones encuentran en universidades o municipios a sus mentores y protectores. Paradójicamente, las Cajas de Compensación Familiar, que tienen importantes recursos para fomento cultural, no han asumido ningún tipo de responsabilidad similar dentro de sus políticas de bienestar, punto que ojalá cambie a partir de esta calamidad.

Los museos de Arte Moderno —que son varios en Colombia— son una extraña mezcla entre lo privado y lo público. Se gestionan como empresas culturales sin ánimo de lucro, a pesar de que en sus colecciones reposan parte importante del patrimonio nacional. Mes a mes sus gestores, en una tarea quijotesca, deben procurar reunir el dinero para pagar nómina y brindar el servicio calificado que entregan a la comunidad, con una actitud gallarda que lejos está de reclamos quejosos al papá Estado. No obstante, ni estos museos ni otro centenar de entidades afines en poblaciones intermedias logran vivir de sus taquillas, lo que los ha obligado a convertirse en unos magos para lidiar con la escasez y, en muchos casos, el olvido.

La ironía de esta realidad es que deben cuidar sin recato los tesoros públicos que representan la historia misma de nuestra sociedad, una memoria definitiva a la hora de contarnos quiénes somos. Este rubro por derecho tendría que estar al amparo del Estado, tal como ocurre con el monopolio de las armas, la emisión de la moneda o el mantenimiento de la infraestructura vial, entre otras cosas que hacen grande a una Nación.

Este país, que tiene un abanico inmenso de museos catalogables por sus tremendas diferencias de caja, debe entender que en ellos reposan valores irremplazables. Casi treinta años después de la plausible constitución que pintó este país con un millar de colores invocando la cultura, se llegó la hora de que, bajo esta especie de “influenza maligna”, el Estado asuma su responsabilidad para con el patrimonio nacional y se adelante a la brevedad una ley de protección a salvaguardas de los símbolos que nos han servido para encontrarnos y narrar esta tierra. Es momento de que cuente —en las dos acepciones del verbo— los museos en Colombia. De otra manera, la memoria y el trabajo que significa su gestión seguirá en vilo, y sin memoria no hay posibilidad del mañana. Eso está claro.

 

*Politólogo, curador y crítico de arte. Director Museo Universitario y jefe encargado Departamento de Extensión Cultural de la Universidad de Antioquia.

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