Por qué Juan Guillermo Monsalve es un testigo clave en el caso Uribe

Formó parte del Bloque Metro comandado por Doblecero en la región de San Roque, donde quedaba la hacienda Guacharacas de los Uribe Vélez. Su versión es clave para las acusaciones de Cepeda

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abril 14, 2021
Por qué Juan Guillermo Monsalve es un testigo clave en el caso Uribe

El comandante de las AUC, Carlos Mauricio García conocido como alias Rodrigo Doble Cero, quien terminó asesinado por orden de su viejo rival Don Berna, organizó el primer grupo de 300 hombres en la región de San Roque, Antioquia, donde estaba situada la hacienda Guacharacas; un territorio de 2.000 hectáreas que guarda la historia del asesinato de Alberto Uribe Sierra en un fallido intento de secuestro.

Juan Guillermo Monsalve es el hijo del entonces administrador de la hacienda, quien trabajaba para la familia Uribe Vélez justo para la época del asesinato de Uribe Sierra en su hacienda el 14 de junio de 1983. Monsalve decidió vincularse al grupo de Doblecero más de una década después, cuando éste mandaba en la región de San Roque. El senador Iván Cepeda ha divulgado fotografías de Monsalve vestido con el camuflado paramilitar en las redes sociales.

Monsalve sería entonces el testigo clave para relatar la historia oscura detrás de las actuaciones de estos paramilitares, en el que según el senador, los hermanos Santiago y Álvaro Uribe Vélez, estarían comprometidos, igual que muchos vecinos finqueros que buscaban defenderse de las Farc y el ELN.

El Bloque Metro se creó en 1998, cuando los Uribe Vélez ya habían vendido propiedad, sin embargo desde el 2011 Monsalve ha insistido por distintos medios en la relación de los Uribe Vélez con grupos paramilitares, versión que ha recogido el senador Cepeda como parte de su documentación para fundamentar sus señalamientos contra el ex Presidente.

Y es que Doblecero, quien fue el comandante de Monsalve, no era un para cualquiera. Proveniente de una familia tradicional de Medellín, con vínculo con la Universidad de Antioquia donde apareció con panfletos por primera vez, llegó a ser capitán del ejército con relaciones privilegiadas dentro de la institución, que fueron de utilidad a la hora de incorporarse a las filas de los paramilitares con los hermanos Castaño.

Nadie como Doblecero conoció mejor a los Castaño y nadie como él conocía los recovecos del Oriente de Antioquia. Junto a José Miguel Gil Sotelo, alias Federico, un ex guerrillero de las FARC, ayudó a entrenar a los primeros paras del Bloque Metro. Debían prepararse para enfrentar al Bloque José María Córdoba de las FARC y el Frente Carlos Alirio Buitrago del ELN, involucrados en la quema y ataques de haciendas como Guacharacas, de propiedad de la familia del entonces gobernador de Antioquia Álvaro Uribe Vélez en 1995.

En 1997 el Bloque Metro ya se proyectaba como uno de los más sanguinarios. En Medellín reclutaron a jóvenes gatilleros de la Banda La Terraza, el grupo en donde habían caído los sicarios de Pablo Escobar que habían sobrevivido a la encarnizada guerra contra los PEPES. Mientras en la ciudad hacían “inteligencia contrasubversiva” señalando, torturando y desapareciendo a líderes de barrios o intelectuales comprometidos. En el campo arrasaban con masacres y se iban quedando con cientos de hectáreas de tierras productivas. Le cobraban vacuna a los propietarios de estaciones de gasolina y comerciantes. La guerra por recuperar el Oriente debían financiarla todos. Entrar a Medellín le significó pisarle los talones al temible Don Berna.

Calcularon mal. Eran 2.000 hombres de Don Berna contra cinco acompañantes que se mantenían junto a Doblecero, que terminó persiguiéndolo hasta Santa Marta donde buscó respiro. Alquiló un apartamento en El Rodadero en el que se encerraba días leyendo historia de Colombia, una de sus pasiones. Se levantaba temprano, antes del amanecer, a correr por la playa. Estuvo varios días con Mónica su esposa, con su hija Sara y su hermana Beatriz y mantuvo contacto con el escritor y periodista italiano Aldo Civico al que le alcanzó a contar toda su historia que apareció en el libro Las Guerras de Doblecero. Don Berna no descansó hasta no verlo muerto. El 26 de mayo del 2004 lo liquidó a quemarropa con cinco tiros en la cabeza.

Juan Guillermo Monsalve lo habría visto todo. De allí la importancia de su testimonio pero también la insistencia de la defensa de Álvaro Uribe en desvirtuarlo como testigo.

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