Por qué el temor a las consultas interpartidistas

Aunque tienen grandes beneficios para la democracia, la calidad y la modernización de los partidos y la política, se siente en el ambiente cierta aversión a ellas, ¿qué ocurre?

Por: Juan Zambrano Romero
Abril 15, 2019
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Por qué el temor a las consultas interpartidistas
Foto: Leonel Cordero / Las2orillas

En Colombia hemos sido testigos de una serie de cambios que han tenido lugar en los partidos políticos en relación con procesos de democratización de sus estructuras internas. Ellos han abierto espacios para que la militancia y el electorado tomen parte en decisiones que antes eran exclusivas de círculos cerrados de la élite del partido, tales como la elección de los candidatos, la elección de miembros de la dirección nacional y regional y las decisiones programáticas.

Las consultas son mecanismos de participación democrática y política que los partidos y movimientos políticos con personería jurídica, y/o grupos significativos de ciudadanos pueden utilizar con la finalidad de adoptar decisiones internas para escoger sus candidatos propios o de coalición a cargos o corporaciones de elección popular, dependiendo el interés de cada partido. Las consultas de partidos tienen grandes beneficios para la democracia, la calidad y la modernización de los partidos y de la política.

Estas consultas deben realizarse cuando existen varias opciones en determinado partido, siendo esenciales para la democracia para poder abrir posibilidades y oportunidades, evitando que los partidos se vuelvan “oligárquicos”, reduciendo la influencia y la presión de los llamados “jefes políticos”. Es un mecanismo válido para la escogencia democrática de sus candidatos. El simple hecho de que el partido llame a sus electores a decidir entre varios candidatos que representan distintas apuestas en términos programáticos y estratégicos es un llamado a que se informen, discutan, tomen posición y decidan. Esta es la dimensión participativa intrínseca de los procesos representativos. Con ellos el partido crea o refuerza un capital social entre sus electores. También tiene la posibilidad de atraer nuevos simpatizantes.

Esta dimensión es esencial si se quiere construir partidos fuertes e inclusivos, capaces de dar estabilidad a las instituciones democráticas. Esta función no puede ser cumplida por una encuesta, que no involucra ni compromete a los encuestados y mucho menos a los partidarios cercanos al partido o movimiento. Por eso es sorprendente que algún grupo político descalifique la consulta y abrace el mecanismo tan pobre de cara a las exigencias democráticas como la encuesta.

La consulta interpartidista tiene una dimensión cualitativa que, por lo anterior, se vuelve aún más importante. El público que participa en ella es un sector de la población más comprometido con la política, más interesado e informado y, por tanto, más dispuesto a participar en los procesos políticos. Estas consultas no solo servirán para medir las preferencias de los electores y el favoritismo de los candidatos, sino para medir músculo de cada partido, de cara a una elección, siendo un ejercicio electoral fundamental en el proceso de democratización, participación y fortalecimiento de los partidos y movimientos políticos, que permiten a una colectividad tomar decisiones internas o elegir en las urnas los candidatos que los representarán en las elecciones.

La “consulta interna” de los partidos se entiende entonces como la apelación al electorado sobre decisiones internas del partido; ellas pueden ser abiertas o cerradas, dependiendo del tipo de electorado al cual se apela y se diferencian por su forma y su objeto. La forma hace alusión al electorado que se consulta, que puede ser interno (la militancia del partido) o externo (los simpatizantes). La diferencia entre la militancia y los simpatizantes radica en el tipo de afiliación al partido.

Para finalizar, no debemos olvidar que esos fenómenos han nutrido los procesos de la democratización de las estructuras partidistas, describiéndose como un cambio en la composición del personal político tradicional por nuevas figuras regionales y locales, quienes propician renovadas técnicas de consolidación de electorados más cercanos a través de fidelidades personales, más que partidarias. Para esta nueva élite partidista que emerge del entorno local, la democratización de los partidos es una plataforma ideal para posicionarse mejor y hacerse visible en las filas de su partido. Si después de todo este cúmulo de atributos y beneficios que se le otorga a una consulta interpartidista para los partidos políticos, entonces es importante preguntarse por qué se le teme.

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