¿Por qué el excomandante Andrés París ataca tan duro a Timochenko?

Con un pasado de fracasos y con resentimiento el ex comandante de las Farc, quien dice haberse llevado 1.500 inconformes, lidera una guerra interna dentro del partido

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enero 13, 2020
¿Por qué el excomandante Andrés París ataca tan duro a Timochenko?

Extraña regla quieren imponer los críticos acerbos del partido FARC. Sobre todo los que pertenecieron a sus filas alguna vez. Ellos pueden atacar el partido y su dirección, de manera abierta, cruda, incluso infame, recurriendo a las elaboraciones y argumentos más bajos. Se abrogan ese derecho que consideran inalienable, recurriendo a todos los espacios mediáticos y difundiendo por las redes al máximo sus infundios. Pero nadie puede responderles nada.

Si lo hace, está incurriendo en estigmatización, los sindica de disidentes, les confiere trato de enemigos. Cuanto se refiera a su labor corrosiva hace parte de inquinas y manipulaciones. Simplemente corrobora el espíritu antidemocrático y dictatorial que reina en el partido y sus dirigentes. Así que tienen la sartén por el mango, nadie puede contradecir sus dichos ni hacer claridad alguna sobre sus posiciones. Son la verdad revelada e incontrovertible.

A riesgo de convertirme de nuevo en blanco de su animadversión, quisiera referirme a su labor perniciosa, que hace daño, porque enloda un trabajo honrado, demerita los empeños más limpios, desprestigia a personas de moralidad sin tacha. Podría ponerme a responder uno a uno sus infundios, con lo cual simplemente me rebajaría a su mismo nivel, así que prefiero describir la condición humana de sus autores. Después de todo, los humanos somos lo que hacemos.

Y no lo que pensamos que somos, mucho menos que lo decimos que somos. Comenzaré con quien por primera vez en su vida decide quitarse su disfraz y revelar su verdadero rostro, Andrés París, al que diversos medios de comunicación han abierto sus espacios de modo generoso. Sus declaraciones suenan a valiosa revelación, contribuyen de manera maravillosa con el empeño de hacer migas el prestigio del partido FARC. Qué regalo más inesperado de año nuevo.

Los uribistas y conservadores de extrema no pueden estar más felices. A ellos más que ninguno les interesa engrandecer al antiguo cuadro revolucionario, presentarlo como el verdadero oráculo marxista que se atreve a desentrañar la podredumbre del partido al que asegura aún pertenecer. Lamento desilusionarlos, a ellos y a quienes ingenuamente ven en Andrés París alguna claridad ideológica y política. Su verdadera historia es otra, por eso lo que hace.

Por conversaciones con él conocí de su vida anterior en la Juventud Comunista y el Partido. Y advertí de un rasgo característico de su personalidad. Siempre se sintió llamado a grandes cosas, a brillar como la estrella más luminosa del escenario en que se hallara, cosa que no pudo lograr nunca. De allí por qué en su ánimo creció un resentimiento profundo contra los que se destacaban. Todos eran unos lambones que le habían hecho la guerra y pisoteado sus méritos superiores.

No ocultó jamás su ojeriza contra José Antequera, por ejemplo, secretario general de la Juventud Comunista y víctima dolorosa del exterminio contra la Unión Patriótica. Para París fue simplemente un intrigante, hasta el punto de idear su propia fantasía sobre su horrendo crimen. Según él, Antequera había visto a Ernesto Samper en el aeropuerto Eldorado y no había resistido la tentación de adularlo y hacerse retratar con él. Mala suerte.

Justo en el momento en que los sicarios se aproximaban a ametrallar a Samper. Así que el dirigente comunista había caído por andar de regalado, por áulico del político liberal. Y repetía esa versión saboreando cada palabra. Simplemente sucedía que Antequera había ganado una posición y un prestigio que le ardían sobremanera. A su juicio era él quien debía estar en su lugar. De líder, claro, no de asesinado, puesto que a él jamás se le hubiera ocurrido lisonjear al senador.

En la historia de las FARC siempre jugó un papel importante el haber pertenecido antes a las filas del Partido Comunista. Los cuadros de ese partido gozaron de especial consideración, pues se los apreciaba como depositarios de una gran cultura ideológica y política. Podría afirmarse que contaban con cierta ventaja sobre los demás, aunque también se exigía de ellos más esfuerzo y compromiso. De hecho muchos llegaron a ser comandantes importantes.

Empezando por Jacobo Arenas, Alfonso Cano, Raúl Reyes, Timoleón Jiménez o Iván Márquez. Figuras como Adán Izquierdo e Iván Ríos, para solo mencionar otros de ellos, acreditaron de sobra su pasado político. Un hombre como Andrés París jamás pudo asimilar que pese a todas las oportunidades que le confirieron, no hubiera llegado a ser realmente un dirigente reconocido de las FARC. Siempre atribuyó su fracaso a las envidias de los demás.

Solía referirse en términos asombrosamente despectivos de Alfonso Cano, un personaje que a su juicio había llegado a donde había llegado sólo porque le cayó en gracia a Marulanda y Jacobo. En sus comienzos París fue designado director de la Escuela Nacional de las FARC, que él describía como la escuela adjunta al Secretariado, donde se infundía lo más puro del pensamiento revolucionario, labor que le había sido confiada en reconocimiento a sus condiciones.

Precisamente esa soberbia lo condujo a fracasar en su tarea. Fueron muchísimas las quejas de los estudiantes sobre su trato despótico, así que terminó despojado de su responsabilidad histórica. Hecho que atribuyó a los celos que otros acumulaban contra sus capacidades. Más tarde hizo parte de la delegación fariana a los diálogos en Caracas entre el gobierno de Gaviria y la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar.

Cuando los diálogos fueron trasladados a Tlaxcala en México, París ya no hizo parte de esa delegación, sino que fue enviado a coordinar la posible entrevista de la delegación de las FARC con el dirigente cubano Fidel Castro. De nuevo atribuyó esa decisión a consejas e injustas habladurías en su contra. Y confirmó así su carácter quejoso. En su espíritu enmarañado se acentuó más que nunca su tendencia al juego sucio, a hablar mal de los otros.

Por eso durante su paso por la Mesa de Diálogos del Caguán volvió a tener problemas con los demás integrantes de esta. En su parecer todos ellos eran rivales que le impedían figurar como se lo merecía. La Octava Conferencia Nacional lo había removido como integrante del Estado Mayor Central de las FARC, como consecuencia de los reclamos airados de los delegados de los Frentes que lo habían conocido en la Escuela, lo que consideró siempre un montaje en su contra.

Ahora recuperaba su oportunidad de convertirse en estrella, pero Raúl Reyes, Joaquín Gómez, Simón Trinidad y Carlos Antonio Lozada se le atravesaban otra vez con su habitual egoísmo. Era su manera enfermiza de verlo todo. La misma que lo llevó a ver infiltrados del enemigo en una gran cantidad de mandos y combatientes con los que tenía desacuerdos. Y que se acentuaba con las guerrilleras que se negaban a aceptar sus requerimientos amorosos.

Terminados los diálogos del Caguán, reducido a simple dador de charlas en las horas culturales, sus amarguras crecieron de manera desbordada. Vivía solo, fumando desesperadamente y añadiendo a su carácter tics como el parpadeo continuo y el estiramiento de la cara. Sus reiteradas frustraciones emocionales lo llevaron a construirse su propia teoría acerca de cómo conseguir los amores de las guerrilleras, en su mente mujeres enfermizas por el sexo y la ambición por los mandos.

Aunque el Mono Jojoy había metido la mano, como decía él mismo, para que Andrés París volviera a ocupar un lugar en el Estado Mayor Central de las FARC, en el 2003, fue quien poco después, conociendo de sus andanzas y jugadas sucias con otros mandos y tropas, le endilgó una palabra que en las FARC tenía una enorme carga negativa, un descompuesto. Alguien que iba cuesta abajo, que perdía sin remedio sus condiciones morales.

Reiterados episodios en los que París apareció como protagonista principal en tramas, chismes, habladurías y enredos que ponían de presente su bajón moral, condujeron a que en el Bloque Oriental se adoptara la decisión de salir de él. Una práctica corriente en las FARC consistió en endosarles a otros el problema que ya no tenía solución en una determinada unidad. Se creía, casi siempre inútilmente, que otros aires y gentes podrían mejorar al problemático.

Así que París fue a dar al Bloque del Magdalena Medio, a la región del Catatumbo, a órdenes de Timo. Como era apenas de esperar en él, lo primero que hizo al llegar allá fue suministrar todos los informes que le fue posible acumular, en contra del trabajo del Bloque Oriental y la dirección del Mono Jojoy, a quien atacó con todo lo que pudo. Ante tamaña muestra de deslealtad, el Mono aseguró púbicamente que nunca más daría su voto para nada por Andrés París.

Tratando de ayudarle de alguna forma, Timochenko propuso a París para la comisión que se encargaría de las aproximaciones y luego de los diálogos con el gobierno de Juan Manuel Santos. París se negó extrañamente a aceptar, a su juicio él podría ayudar mejor desde afuera. Pensando en estimularlo, el Secretariado insistió en que viajara a La Habana. Allí fue tan pobre su aporte y tan negativa su conducta, que el propio Iván Márquez planteó su salida de la Mesa.

Lo cual terminó por envenenar su trastornada mentalidad. En adelante, las antipatías y la manipulación caracterizaron su conducta malintencionada. El partido naciente, en aras de promoverlo, lo designó como responsable de las relaciones políticas con otras fuerzas de izquierda y democráticas. Pero Andrés París se encargó de demostrar que ya no estaba para aportar sino dificultades. La privación práctica de su responsabilidad lo sumió en el rencor.

Así como en su momento París se empeñó en destruir la imagen del Mono Jojoy, hoy se ocupa en aniquilar el buen nombre de Rodrigo Londoño. Y de los demás integrantes de la dirección del Partido que ocupan su lugar, según París, sin tener para ello otro mérito diferente a la confabulación. Tipos como él han existido siempre. El famoso refrán de dime con quién andas y te diré quién eres, cabe preciso al núcleo del que se rodeó para su labor trastornada.

No tengo nada personal contra Fabián Ramírez, a quien traté en tiempos del Plan Patriota, cuando anduvimos por el Caquetá con la columna del Mono Jojoy. Pero sé que el Pleno de Estado Mayor de 2015 celebrado en La Habana, lo removió de su lugar en él a manera de sanción, por cargos que incluían el manejo abusivo y personalista de dineros y bienes de la organización en el Bloque Sur. Fabián fue reducido a guerrillero de base y enviado al Urabá para su rehabilitación.

Aquello debió lastimarlo profundamente. Los mandos en Urabá comentan que lo único que hizo al llegar allá fue crearles diversos problemas. Firmado el Acuerdo de Paz, Fabián se trasladó al Caquetá por cuenta propia y comenzó a actuar como rueda suelta en asuntos de naturaleza política. Sus contactos y relaciones personales reñían con las orientaciones del partido en ese departamento, que tenía serios reparos con muchos de sus amigos.

En las FARC poco se supo de los malos manejos de Fabián y por eso votaron por él para la dirección del nuevo partido. Fabián no mostró el menor interés por asumir su tarea, prefiriendo obrar por su cuenta. Si bien asistió a un par de plenos de la dirección, nunca expresó alguna inconformidad, prefiriendo pasar como un incomprendido en su abnegada tarea por la paz y la reconciliación. Que él y París se acercaran era apenas de esperarse.

Tampoco tengo resentimiento alguno con Sonia, a quien respeto y en ciertos sentidos admiro. Pero es obvio que adolece de falta de formación ideológica y política. Su tarea en el Caquetá se limitó a la recolección de finanzas, misión en la que fue capturada, engrandecida mediáticamente y finalmente extraditada. La oí referirse negativamente a la organización, con el argumento de que fue abandonada a su suerte una vez cayó en manos del enemigo.

Pero fueron el partido y sus asistentes jurídicos quienes lograron sacarla de entre rejas, una vez regresó al país y fue reducida a prisión. Algo que no valora, enceguecida por su amistad con Fabián Ramírez y por qué no decirlo, por las convicciones religiosas que adquirió en sus años de prisión en USA. Las creencias de la gente se respetan, lo que no quiere decir que haya que aceptar lo que conduce a pensar una mente influenciada por interpretaciones evangélicas.

En fin, no se trata entonces de tres valiosos cuadros revolucionarios que disienten de su partido y sus dirigentes por razones ideológicas y políticas profundas. Se trata de personas que por resentimientos individuales se ponen al frente de una tarea de argumentos y prácticas sobremanera dudosas. Tanto que las aplauden y agigantan los principales enemigos de la revolución colombiana. Dicen encabezar más de dos mil excombatientes.

Otra más de las fantasiosas creaciones de París, un personaje que en sus tiempos se enorgullecía de que una modelo famosa tuviera igual apellido que él. No hay que olvidar que una de sus manías favoritas era llevar cuentos de infidelidades a las compañeras de sus amigos más cercanos, a las que pretendía conquistar con base en sus invenciones malévolas. Eso mientras se mostraba como el confidente más sincero y leal de esos amigos. Ahí está pintado.

Lo que por su conducta jamás pudieron alcanzar en las FARC, esto es, credibilidad y respeto, ahora pretenden ganarlo con base en las simpatías del poder. Que se han reunido tres veces con el alto gobierno les parece una hazaña, a ellos que critican que el partido se reúna con funcionarios oficiales. Es evidente la mala fe con la que los administradores de Duque estimulan su fracción. Y cómo su propia mugre les parece brillante a estos nuevos críticos.

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