Opinión

“Policía: unos ‘ponen’ el pecho y otros ’se ponen’ las medallas”

¿Qué está pasando de puertas para adentro en la Policía, que en lugar de proteger a los ciudadanos no solo los termina matando, sino enlodando sus nombres y montándoles historias infames?

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julio 20, 2016
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No hay una institución con la que los niños sueñen más que la Policía Nacional, pero también no hay una a la que los adultos comiencen a temerle más que a la Policía Nacional. El caso del grafitero Diego Felipe Becerra es una de las pocas muestras que se conocen de los abusos que a diario cometen sus integrantes, y cuando eso sucede hay que comenzar por mirar qué pasa adentro que se refleja afuera.

Eso es como cuando los colegios buscan establecer qué sucede en la casa de un niño que va perdiendo el año, que es rebelde, que se ve triste o que -en el peor de los casos- hace matoneo o vende drogas. Con el grafitero, la conciencia no dejó dormir a Giovanny Tovar, el patrullero que según las informaciones declaró haber prestado el arma que “sembraron” en la escena del crimen y que “utilizaba” el grafitero para “sus fechorías”, y ahora este hombre tiene amenazas de muerte que ¿de dónde vienen? Pues de cualquiera de sus nueve compañeros de delito, incluidos generales y coroneles.

Entonces, ¿qué está pasando de puertas para adentro en la Policía, que en lugar de proteger a los ciudadanos no solo los termina matando y -con la complicidad de sus superiores-, acaba enlodando sus nombres y montándoles historias infames?

Para saber como son y se ven las cosas adentro, hablé con un miembro activo de la institución quien dice que hay que comenzar con el pésimo ejemplo que dan los más altos mandos. La Policía tiene hoy 160.000 integrantes de los cuales, él estima, bastante menos del 50 % están en la calle ayudando a la ciudadanía como corresponde, por estar complaciendo a sus superiores con favores para ellos mismos o para la clase política, porque “los favores se heredan y nos hemos echado cargas que no tienen nada que ver con el servicio al ciudadano”, dice. La herencia del poder no permite trabajar en los objetivos institucionales para la ciudadanía.

¿Por qué los policías tratan como tratan a los ciudadanos? Porque en lugar de educarlos en maneras y modales para el respeto, los altos mandos de la institución dilapidan los presupuestos y discriminan a los subalternos. Estamos como en la época de la esclavitud, con una nómina de “servidumbre” costosísima para la nación pero que a ellos poco les importa. Un pequeño ejemplo: existe un lustrabotas contratado solo para embolarles los zapatos a los Mayores y de ahí para arriba; de p’abajo, que cada uno haga lo que pueda. Otro ejemplo: hay dos peluquerías en el sótano del edificio de la Policía en el CAN. Una es para oficiales y la otra para el resto entre nivel ejecutivo, patrulleros y suboficiales. Ni un oficial entra a la de suboficiales, ni viceversa. Discriminación pura, e igual pasa con los clubes y con absolutamente todo. Las esposas de los altos mandos también hacen negocios sin que nadie las denuncie por temor, con la complicidad de sus familiares (oficiales activos o en retiro), y sus cercanos.

Claro que el malgasto, con un presupuesto que asciende a $8.954.714.203.703,00 (trate de leerlo en voz alta) para 2016 y con el que muchos se frotan las manos, no se va en el embolador que es el pelo de un gato; se va en todos los favores y preferencias de unos con otros. Lamentablemente las cifras no estaban a la mano, pero –por ejemplo- hay un montón de carros particulares que los usan para todo, menos para lo que toca. “Tantas estaciones de policía con falencias y no les duele gastar para necesidades personales”, dice mi fuente.

Miremos los ascensos ¡De ‘Intendente’ a ‘Intendente Jefe’ suben $100.000 miserables pesos al sueldo y hay que esperar siete años! En cambio de ‘Teniente Coronel’ a ‘Coronel’ incrementan más de dos millones al salario y “lo disfrazan con el tema de la responsabilidad institucional”, comenta.  “¿Por qué no hay igualdad de derechos y sí opresión?. Los de abajo no ven los cambios y por eso se dan las manifestaciones de indisciplina, porque no hay cambio”, se asegura. Y ni hablar de la rosca de los auxilios, los subsidios... ¿Y las pensiones?... Deje así.

Los policías quieren la institución y los colombianos también. Mal haríamos en decir que son todos, pero lo que no gusta es el trato y la discriminación interna que con el tiempo ha hecho que la gente pierda el respeto por lo que hace. “Todos no somos corruptos ni nos beneficiamos del uniforme”.

 

Con el escándalo del general Palomino hubo suficiente,
y eso que no se concluyó como debió suceder

 

Con el escándalo del general Palomino hubo suficiente, y eso que no se concluyó como debió suceder. La policía está pagando asesores muy costosos dedicados a levantarle la imagen al director y no a la Policía, pero no arregla sus bases, y así no es.

Mis queridos y flamantes generales y demás oficiales, hay que ceder en comodidades, no pensar tanto en los negocios y trabajar para educar a sus subalternos; que la gente no se sienta intimidada con los que son agresivos y guaches, que no son poquitos. No me imagino con los agentes de hoy la aplicación del nuevo Código de Policía; nadie está preparado, ni la sociedad ni la policía. Sin duda, hay que volver a generar confianza en los ciudadanos y en sus propios agentes dentro de la institución. Por eso en las entrañas de su querida Policía Nacional se dice al unísono: “Unos ‘ponen’ el pecho y otros ’se ponen’ las medallas”

¡Hasta el próximo miércoles!

 

 

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