Polarización, un mal de antaño en Colombia

Aunque en la actualidad se habla mucho de este tema, no es nuevo

Por: Óscar de Jesús Hincapié Sierra
junio 11, 2021
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Polarización, un mal de antaño en Colombia

Cuando en Santafé (sede del Virrey de Nueva Granada) los chapetones se reunían a tomarse sus vinillos y a hablar de política, calificaban de indios bastardos a quienes —tímida y clandestinamente— hacían oposición a la Corona Española.

Los chapetones entonces se autodenominaban los buenos, mientras la chusma olía a azufre y otras pestilencias que emanaban de los mismísimos infiernos, decían.

Era, deduzco, el trato de realistas explotadores para criollos explotados, aunque no todos los sometidos participaban de las protestas, pero ya existía una franja mayoritaria, que aunque sumisa, no le chupaba grueso a ese séquito que prometía llevarlos al cielo si juraban obediencia, lealtad y trabajo para el rey.

Vinieron nuevos tiempos y con ellos la "libertad". La falta de cultura nos llevó a una patria desconocida y la buena fe de cachupinos y criollos fue arrastrada por la fuerza de unos dirigentes aliados con el clero —españoles de América— y en los círculos de esta nueva casta conservadora se calificaba de liberal ateo a aquel que no comulgaba con sus ideas.

En el nombre de Dios vendieron la idea que ser libres era conservar las cosas, credos y normas que los invasores nos habían legado, y a temer a la palabreja "libertinaje" que -muy posiblemente- no aparecía en el diccionario, que creo, que tampoco existía.

Es ahí donde se necesitó de gente muy osada y valiente —con muchas excomuniones— para que surgiera la liberalización, logrando medianamente un equilibrio en el poder, pero los buenos seguían siendo los que manipulaban al pueblo, quien seguía siendo el malo y continuaba sosteniendo —con su trabajo y su sudor— el estado derrochador.

Y mucho tiempo después a bayoneta, fusil, machete y escopeta, se pactó el amancebamiento de las élites conservadoras y liberales, mientras la base siguió matándose, fanatizada por los poderosos que hacían el trabajo de mantenerla polarizada.

Llegó entonces a ocupar las huestes liberales un adoctrinamiento que se quedó a medio camino y que terminó en una fanática oposición que hasta en el poder legislativo tiene su butaco hoy, y aunque eso no es malo, el problema es que los buenos de la actualidad tienen a quien señalar y como resultado de un acuerdo de paz se cae en el gran error de cambiar un objetivo por una curul, como cualquier político.

Lo único diferente fue que el coloso del norte entró a utilizar a los conservadores. Desde entonces el motivo pasó a ser la defensa de ideologías extranjeras, pero la cuota de muertos la siguen aportando nuestros compatriotas, en especial los campesinos.

En la actualidad, nada ha cambiado en mi patria desde la polarización de realistas y patriotas, pasando por cachiporros y godos, hasta la de uribistas y petristas.

No creer en el señor Uribe equivale a ser guerrillero y no dar como salvadores los pensamientos del señor Petro te da el remoquete de uribista.

Qué ironía, el pueblo igual que en el virreinato y sus dirigentes causando desastres desde el gobierno para provocar desastres de sus opositores.

Ellos pueden dormir tranquilos, que como en los tiempos de la colonia ahí sigue produciendo para sus desmanes esa inmensa mayoría que conformamos los súbditos.

No somos fascistas, ni guerrilleros; tampoco los buenos, ni los malos, ni necesitamos vestirnos de blanco, ni de camuflado, pero si nos hacemos a un lado todo su imperio se derrumba.

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