Pinturas Tito Pabón o cómo una ama de casa y una maestra lograron competirle al gigante Pintuco

Una madre y una hija deciden sacar adelante una empresa que parecía condenada al fracaso. A punta de trabajo e imaginación se impusieron en el mercado Colombiano

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mayo 09, 2017
Pinturas Tito Pabón o cómo una ama de casa y una maestra lograron competirle al gigante Pintuco

Los Pabón salieron huyendo en los años 30 de la Cabrera, Cundinamarca, por culpa de la violencia. Se instalaron en Bogotá donde Tito Pabón empezó muy joven a trabajar en una ferretería. Tenía  16 años y no era un vendedor cualquiera. La curiosidad inherente en él le hizo tomar una ruta particular.

Colombia empezaba su proceso de industrialización y empezaban las primeras importaciones. Rodaban por las ciudades los primeros carros y con estos los talleres de reparación. Tito vio una oportunidad ahí. Empezó a experimentar con mezclas de pinturas y a preparar colores para la latonería. Probó suerte ofreciendo sus propias pinturas. Fue así como nació en los años 50 Vinicol que durante 32 años creció en un pequeño local de la Carrera 27 con Calle 78 en Bogotá. Su competencia estaba en Medellín y se llamaba Pintuco.

Un cáncer en las cuerdas vocales pareció quebrarle su voluntad a los 60 años y pensó en liquidar la empresa, convencido de que su familia no podría continuarla: un trabajo duro para mujeres. Pero no tuvo razón.

Murió en  1999 dejando una empresa de diez empleados que había  crecido a la sombra de su Elvia de Pabón quien solo se enteraba de oídas de los negocios de su marido con los comentarios domésticos. Sin embargo no dudó en que debía sacar a adelante el negocio familiar y había llegado la hora de aprender. Invitó a su hija Lida, una profesora de literatura, a acompañarla en el empeño.

El paso de las letras, como docente en varios colegios de Bogotá, al negocio de la pintura, no parecía fácil. Lida se había formado para otra cosa. Había estudiado español e inglés en la Universidad Pedagógica, y tenía una especialización en literatura latinoamericana en la Universidad Javeriana.

No tardaron en aparecer los problemas. Cinco empleados le renunciaron a doña Elvia por no estar dispuestos a trabajar con  mujeres;  Lida aprendía, a las carreras, de preparaciones y mezclas, la clave del negocio que les había caído encima. Doña Elvia se ocupó del manejo con los empleados, mientras Lida asumía la gerencia y se dedicaba a aprender de la pintura y conocer los procesos productivos, las tecnologías de los proveedores, contactar laboratorios en el exterior para saber todo sobre su oficio. Entendió que en la innovación estaba el futuro y la diferenciación de la marca. Rebautizaron el negocio en honor a su fundador: A partir de ese punto se llamarían Pinturas Tito Pabón.

Por los factores contaminantes que involucra, la industria de pintura está  fuertemente regulada en el mundo.  Así ha sido durante los últimos 40 años y así se espera que continué siendo, incluso con medidas más drásticas. De una manera visionaria Lida Pabón supo responder a este reto y enfocó la empresa en el desarrollo de productos más amigables. Es así como desde 2006 Tito Pabón vende productos con cero y bajo Compuestos Orgánicos Volátiles, que son los contaminantes que se evaporan en el  ambiente afectando la capa de ozono; están además asociados a  la generación de varias enfermedades, entre ellas el cáncer. Con este tipo de pinturas no solo se protege  la salud de todos sino muy especialmente las de los operarios que manipulan y aplican el  producto. En su portafolio hay más de 98 productos verdes certificados en Estados Unidos y con aval internacional de diversos laboratorios.

El mercado de la industria de pinturas en el mundo está directamente relacionado con el crecimiento de la economía, que marca las necesidades de  decoración y protección principalmente de estructuras de los edificios. En Colombia compiten por este mercado en el que el líder sigue siendo Pintuco,  Tito Pabón,  Sherwin-Williams, Lanco Paints de Orlando con Corlanc y MicroBlend Colombia en Cali.

En la estrategia comercial también han sido innovadoras. Tito Pabón trabaja directamente con los pintores, con quienes se promueve el producto a través de ofertas, concursos y mensajes inspirados en ellos. La empresa a pesar de ser un producto masivo, no tiene vendedores, porque según Lida “Un pintor satisfecho es el mejor vendedor”, confía en la buena aceptación de sus productos y opera a través de un call center en el que recibe pedidos, un punto de venta directo donde van a comprarle, su tienda on-line y las tradicionales tiendas minoristas a través de las cuales distribuye sus productos, y a los que también atrae patrocinando eventos como los “Premios Fierros” en diferentes categorías. La negociación con una gran cadena minorista multinacional le tomó dos años porque debía hacerse bajo las condiciones que Lida consideraba equitativas, y no en la forma en que el gran minorista quería comprarle.

Otro de las estrategias de Lida es hacer énfasis en la responsabilidad social, para lo cual ha implementado el programa “Colores que reparan” que consiste en trabajar con comunidades afectadas por la violencia yendo a pueblos a pintar fachadas, creando espacios de actividades culturas, enseñando a las comunidades a cuidar las fuentes de agua, a reciclar y transformar la basura en elementos decorativos. En este mismo programa  han invitado a diversos artistas a pintar mediante la donación de pinturas de su línea de pintura Ojo de Poeta cuyas líneas de colores están ligados a emociones, y buscan destacar el papel del color en el arte y la vida de los artistas.

En 2016 se subastaron pinturas donadas por diferentes artistas para recaudar fondos y así  ayudar a reforestar la Sierra Nevada en una iniciativa denominada “Pinta la Paz, Siembre la Vida”. Ahora, con su línea de “herencia verde”, que nació a raíz de una investigación con biólogos de muchas especies nativas colombianas, pretende destacar las ventajas y beneficios del cuidado ambiental.

El interés en la línea de productos ecológicos la ha llevado a trabajar en el reciclaje, en el diseño de productos como sillas, escritorios, pisos y paredes hechos con todo tipo de residuos, que son utilizados en todos sus puntos de servicios, y que han sido exhibidos en eventos como el Hay Festival y el Museo de Arte Moderno de Medellín. Dos mujeres que aprendieron del negocio tarde, pero al que llegaron con creatividad y energía a hacer cambios que ya están cosechando.

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