Ni Petrocatoria, ni fuerzas oscuras: Respuesta a María Isabel Rueda y Lucía Bastidas

La revocatoria de peñalosa no tiene nada que ver con Gustavo Petro ni intenciones ajenas a una ciudad mejor

Por: Leonardo Puentes Díaz
febrero 22, 2017
Este es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la opinión de Las2Orillas.
Ni Petrocatoria, ni fuerzas oscuras: Respuesta a María Isabel Rueda y Lucía Bastidas

Trataré de desglosarme bien, para que al final de esta exposición, las señoras María Isabel Rueda y la Concejala Lucia Bastidas se retracten de sus acusaciones calumniosas. Voy a hacer un dibujo traslucido de lo que significa Revoquemos A Peñalosa y lo que se hila aquí en las calles desde que su escudado alcalde llegó al Liévano.

¿Petrocatoria?

Lo primero que hay que decir es que reducir la revocatoria a una fuerza oculta de petristas es por mucho una visión obtusa.

Paradójicamente, aquella mañana del 10 de Diciembre de 2013, luego de una noche donde más de 40 mil ciudadanos de toda índole y pinta habíamos colmado la plaza de Bolívar por la decisión del Procurador de aquel entonces Alejandro Ordoñez de destituir e inhabilitar por 15 años al Alcalde en curso Gustavo Petro, tuve la oportunidad de participar como ponente en el Foro: “¿A qué suena Bogotá?” que había organizado la Fonoteca de la RTVC en el Archivo de Bogotá en torno a una serie de expresiones que buscaban la identidad sonora bogotana mediante investigaciones de varios Artistas Contemporáneos. Antes de iniciar con lo que tenía preparado como parte de mi obra: Crónicas Acusmáticas de Transmilenio, Encabecé mi exposición colocando ante el micrófono la reproducción de mi grabadora que dejaba oír el barullo de una turba claramente indignada. La voz de Bogotá que narraba una historia sonora en sí misma, justo la noche anterior.

Desde aquel día cancelé mis planes para 2014, guardé maletas que estaban casi listas para partir a Europa, modifiqué un par de cuestiones y me quedé porque lo que iba a suceder en Bogotá no me dejaría dormir al arrullo del mediterráneo. Así que hice una parada técnica, para empezar una organización libre y abierta de ciudadanos indignados. Miles de personas conformamos nodos temáticos de trabajo e hice parte del equipo de comunicaciones que trazó las estrategias de defensa para evitar el golpe mediático y político con el que el establecimiento pretendió tumbar a un alcalde elegido por voto popular. Fueron días veloces que se difuminaban entre el giroscopio de tareas, comunicados, graficación, grabaciones, asambleas, ideas. Meses de altibajos pero que nos quitaba el sueño la idea de llevar a cabo un gran desafío: Vencer en las urnas a los lideres de la revocatoria de Gustavo Petro: Miguel Gómez, Pacho Santos y otros políticos que acudieron a argucias sobre la salubridad en Bogotá para poner en la cuerda floja a un alcalde que no les era empático.

De tal manera, fuimos alimentando nuestro deseo irreductible de querer llegar a la refrendación del proyecto de gobierno de Petro, estábamos muy seguros de poder ganar con nuestra campaña “Petro No Se Va” No obstante, en medio de esa marea se atravesó el Concejo de Estado otorgando las medidas cautelares que protegieron y regresaron a Gustavo Petro al Liévano.

Nos quedamos con las ganas, después del regreso del alcalde la idea de revocatoria por los opositores de Petro perdió peso, y se terminó diluyendo en la arena movediza de la opinión pública. A veces pienso que hubiese sido una gran lección sociopolítica para un sector tan mezquino que atacó como nunca y por todos los medios a un gobernante que representaba una otredad tan opuesta a ellos.

Luego de toda esa tormenta, continué en Colombia, me perfilé en nuevos proyectos de mi área cultural e incluso fui elegido Consejero Distrital de Arte Cultura y Patrimonio, un órgano colegiado ad honorem para vigilar, propender y consultar los proyectos y políticas culturales de mi ciudad.

No obstante, lo dicho hasta aquí aunque me disfraza inmediatamente como Petrista no significa que así lo sea. De hecho nunca he sido Petrista, así como tampoco progresista, ni polista, ni marxista, ni comunista. Nunca he tenido “ismos”, siempre he sido insistentemente negado a dejarme cuadricular en pensamientos de otros. Desde niño mi padre me enseñó a pensar por mi mismo, a imaginar, a soñar y a crear desde mi propia experiencia. Si acaso tuviese un “ismo” sería entonces el Nadaísmo. Para estar de acuerdo con una línea de pensamiento no necesariamente hay que matricularse en una secta y así como estuve de acuerdo con mucho de lo que hizo Petro en su alcaldía, así también me distancié de otras decisiones o políticas distritales y aun así, sin ser Petrísta me parecía vulgar y deleznable la manera como querían tumbarlo en una cofradía de medios de comunicación, contratistas corruptos y un sequito de politiqueros grises.

Por todo esto es que ahora a los que iniciamos esta apuesta llamada Revoquemos A Peñalosa desde hace ya un año y dos meses nos han querido bautizar de “Petristas”, de “Mamertos izquierdosos”, de “desocupados“. Creen que tener una foto con Petro es igual a ser su monaguillo o que defender programas de Bogotá humana que evidencian revoluciones en educación o inclusión social te matriculan inmediatamente como progresista. Y ese es el curso de los imaginarios minúsculos que han creído que esta revocatoria es “la venganza de la izquierda”.

Así lo evidencia ese desacertado trino de la Concejala Lucía Bastidas del domingo pasado entorno a los acontecimientos de la explosión en la Macarena que creativamente acuñó un nuevo apelativo para nosotros: La Petrocatoria. (ver 1)

Señora cabildante, déjeme contarle bien la historia de su Petrocatoria, para que no raye de calumniosa y vuelva a señalarnos de terroristas, porque usted sabe bien que eso es un delito, así como lo hizo en su momento su compañero de patio Yefer Vega mediante un video de la Alcaldía de Bogotá aduciendo que los de la revocatoria éramos unos drogadictos. (ver 2)

La invito a usted y la señora María Isabel Rueda quien insinuó en medios de comunicación que algunas “fuerzas oscuras” como la revocatoria estaban detrás de los atentados del día domingo en la macarena, a que investiguen un poco más sobre una revocatoria ciudadana que se está materializando desde una inconformidad generalizada y que pareciera ustedes no poder leer.

Mientras tanto, les anticipo que esta iniciativa nació con el objeto de abrirle los ojos a una ciudadanía que sufre de una especie de alzhéimer político, se le olvida todo, los desastres de Peñalosa en su primera alcaldía como el desfalco billonario que ha resultado para toda Bogotá el negociazo de las losas de Transmilenio. Solo en 2015 se invirtieron 11.700 millones de pesos, en la demolición y reposición de 2.700 losas. Ni hablar del detrimento patrimonial de la Bolardomanía, en 1998 se realizó el contrato de 16.600 bolardos: 15.040 comprados a $46.542 y 1.560 comprados entre $29.640 y $41.000, por un costo total de $763.851.630. Se apreciaba un sobrecosto, entre 10 y 20 veces, sobre el valor de esa época. La Personería indicó ese año que el acuerdo 6 de 1990 y su reglamentación obligaba a que cualquier intervención del espacio público debía ser autorizada por Planeación Distrital, en el caso de los bolardos no se solicitó el permiso para instalarlos. Hoy esos bolardos (o sus escombros) ocupan 14.940 metros cuadrados de espacio público de Bogotá, o sea, más de dos veces el tamañeramos unosie porque usted sabeos) ocupan smilenio, toda bogotaldendo que los de la revocatoria eramos unosie porque usted sabeño del Estadio El Campín (7.140 mt2) (ver 3)

Hoy, 18 años después, Enrique Peñalosa está instalando una nueva generación de Bolardos.

Ni qué decir de la embolatada del metro que le dejó listo Samper con la Agencia de Cooperación Internacional del Japón (JICA) para lo cual se abrió también Empresa Metro y no pasó nada. O la triste historia de la distribución de ingresos de Transmilenio desde que se lo inventó Peñalosa: 70.5% para los operadores de articulados; 16.4% para los operadores de buses alimentadores; 7.5% para las empresas de recaudo (venta y distribución de tarjetas); 5.5% para Transmilenio S.A., y 0.039% para la empresa fiduciaria que se encarga de hacer el reparto. Mencionando de paso que ese 94.4 % de ingresos van a dar a 18 familias dueñas del transporte “público” de Bogotá. Familias como los Ríos Velilla conocidos por el negociazo de las basuras en la capital y la familia Collins quienes fueron socios de los Nule en la Concesión Bogotá-Girardot. La lista podría continuar. (ver 4)

Aunque es menester no llorar sobre la leche derramada, si parece un buen preámbulo para haber encendido las alarmas cuando de repente esa tarde del 25 de octubre de 2015 la ciudad vuelve a elegir a Peñalosa como alcalde.

¿Peñalosa II?

Muchos análisis se dieron sobre el tema, expertos y politólogos alabaron y criticaron. Yo solo diré que Bogotá votó asustada, confundida y adiestrada. Las practicas de la “nueva democracia” funcionaron perfectamente. Por un lado el ciudadano común nunca ha sido bien informado de que no se vota por una persona, si no por un programa de gobierno. Nadie lee nunca nada y por eso les meten conejos monstruosos como la troncal de Transmilenio por la séptima. Por otro lado los medios masivos de comunicación indujeron al ciudadano a una paranoia anti-izquierda asustados por los pasos de elefante de Gustavo Petro, que había frustrado su fallido intento de derrocamiento. Toda la oposición de Petro creía que su capital político se había potencializado con ese nuevo bloque ciudadano que salió a la plaza pública a defenderle y que en numerosas ocasiones trataron de estigmatizar.

Lo que los medios no sabían era que irónicamente Petro nunca supo capitalizar esa proeza, se refugió en su oficina y no dio ni las gracias a todos esos amplios grupos ciudadanos que le mantuvieron en el Liévano. No supo sembrar esas “nuevas ciudadanías” que hacían parte de su discurso, incluso hasta el día de hoy como parte fundamental de su ideal progresista. Por eso, por lo menos para mi, el fracaso de Clara López nunca fue una sorpresa. Algo que siempre he creído leyendo la idiosincrasia Bogotana en la experiencia y estudiando los textos del Observatorio de Culturas es que el bogotano no se acuerda del pan que le diste, se acuerda del pan que le robaste.

Por otro lado, ese discurso de “los 12 años de izquierda que acabó con todo“ y alimentada por espejos rotos sistemáticos y tergiversados como la crisis venezolana, de medios como NTN24 y Noticias RCN, sumergieron en el miedo a una clase media que había logrado salir de la pobreza y que se rehusaba a perder su pequeño progreso. Lo que sucedió desde la administración, es que la izquierda se enfocó en darles y darles oportunidades y eso estuvo bien, pero poco se concentró en enseñarles a reconocerse los unos a los otros para generar un ciudadano colectivo que además entendiera lo que significa el ciudadano político en la defensa de lo público.

A la final, mucho de lo que pudo ser no fue. Y Bogotá Humana será un bonito recuerdo de logros nunca antes vistos y de errores que ya no podrán repararse, a menos de que Gustavo Petro por alguna razón, llegara a la presidencia en 2018.

Revoquemos a Peñalosa, el nuevo bogotano.

Y es ahí donde entra la Petrocatoria que tanto le quita el sueño a Lucía Bastidas y a muchos otros peñalosistas que no les cabe en la cabeza que una ciudadanía no militante, sin marcas definidas, amplia, diversa se pueda organizar así como se organizó otrora para defender un alcalde, y en esta ocasión, coordinada para tumbar otro. Y no les cabe porque el marco limítrofe que los políticos del común tienen solo contemplan las marrulleras prácticas con las que saben asegurar sus votos. Ellos no conocen realmente de construcción identitaria, no saben de correlación de valores y a demás desconocen totalmente al ciudadano al que representan y/o gobiernan.

Ya en Noviembre de 2015 teníamos muy claro el programa de Gobierno, vimos el riesgo en muchos puntos, encontramos enigmas semánticos en otros y mucho cosmético por todos lados. Mientras más avanzaba Peñalosa en el 2016 más íbamos desenredando ese programa de gobierno que se convertiría en el plan de desarrollo que desataría toda la opinión a nuestro favor. Fuimos entonces redactando poco a poco nuestra exposición de motivos exigida por la Ley 134 de 1994 y la Ley 1757 de 2015. Hicimos hallazgos preocupantes, encontramos omisiones claras, por ejemplo, en la página 12 dice: “... Avanzaremos sobre nuevas troncales de Transmilenio como las de la Av. Boyacá, la Av. Séptima, la Calle 100 - Avenida 68 hasta la Autopista Sur.”

Mencionar la troncal de la Calle Real (Cra 7ma) de manera tan superficial guardaba algo oculto, ahora sabemos que Peñalosa tiene en mente un diseño que involucra tramos subterráneos sin contemplar estudios de suelos que avalen tremendo adefesio que además continua en la línea del transporte diesel contaminante en un ciudad que ya llegó a calentarse a 25,1 grados Celsius el pasado miércoles 8 de febrero, el índice más alto en 60 años. (ver 5)

Motivos, fueron llegando, por ejemplo el punto primero de nuestra exposición de motivos de revocatoria describe lo siguiente:

  1. SE INCUMPLE EL PROGRAMA DE GOBIERNO DADO QUE EL CAPÍTULO 2 NUMERAL 1 DEL TEXTO DESCRIBE LO SIGUIENTE: “ESTAMOS COMPROMETIDOS CON LA CONSTRUCCIÓN DE LA PRIMERA LÍNEA DEL METRO DE BOGOTÁ… COMBINANDO EVENTUALMENTE TRAMOS ELEVADOS, TAL COMO LO SUGIERE LA FINANCIERA DE DESARROLLO NACIONAL” SIN EMBARGO, LOS ESTUDIOS DE PREFACTIBILIDAD REALIZADOS POR LA EMPRESA SYSTRA ENTREGADOS EL DÍA 10 DE OCTUBRE DE 2016 HACEN REFERENCIA A UN METRO EN SU PRIMERA LÍNEA EXCLUSIVAMENTE ELEVADO. DE ESTE MODO SE INCUMPLE CUANDO EL TEXTO SUGIERE QUE EL DISEÑO DEL METRO DE BOGOTÁ CONSIDERA LA INCLUSIÓN DE TRAMOS ELEVADOS DE MANERA “EVENTUAL” Y NO TOTAL. ADEMÁS AGREGANDO LA IDEA DE QUE SE CONSTRUIRÁ “COMBINANDO” ESTOS TRAMOS ELEVADOS CON OTRO TIPO DISEÑO DE INFRAESTRUCTURA, POR EJEMPLO EL SUBTERRÁNEO.

Durante todo 2016 trazamos todas las estrategias para tejer el poder destituyente, denunciar día a día lo que pasaba en Bogotá, publicitamos noticias, quejas, informaciones. Cubrimos toda clase de hechos y corrimos por toda Bogotá en busca de los elementos básicos de la revocatoria: La Insatisfacción general de la ciudadanía y el incumplimiento del programa de gobierno.

Hicimos 11 brigadas informativas en Transmilenio, dos Estampidas de casi 3000 personas, participamos en acciones de defensa de la ETB y del sector de educadores y de la salud, denunciamos las condiciones laborales de los trabajadores de Transmilenio, así como sacamos a flor pública la situación de las ambulancias, defendimos los festivales al parque y en organización con sectores culturales propiciamos la renuncia de Juan Ángel Director de IDARTES, quien además contaba con más de 10 asesores contratados. También presentamos la denuncia penal de los falsos títulos de Peñalosa ante la Fiscalía General de la Nación; nos hubiera gustado hacerlo con quien realmente hizo la investigación: Juana Afanador, pero en el momento creímos engañados en lo que todo el mundo cree hasta hoy, que fue el docente Carlos Carrillo. La gente nos escribía internamente para contarnos de los despidos masivos, nos envían denuncias de parques que serán destruidos para hacer colegios sin tener en cuenta la opinión de los habitantes locales. Nos sentamos a dialogar con sectores muy diversos, ambientalistas, artistas, vendedores informales, habitantes de calle. Aquí llegaba todo aquel que se sentía indignado por los desastres de la administración Peñalosa y fuimos a llevar nuestra voz a muchas emisoras y canales comunitarios. La mancha de los venados azules nos tomamos con entusiasmo la ciudad.

Una Revocatoria de Comités

Un 2016 muy agitado para Bogotá, pero la tormenta apenas comenzaba. Entre todos los sectores que reunimos, uno de especial trato era el político. Hablamos con sectores de derecha, de izquierda y de centro. Muchos han sido hasta el día de hoy muy respetuosos y nos han enseñado bastante con sus diversas experiencias; manejamos con mucha delicadeza esos acercamientos, pues notamos que después de la presentación del plan de desarrollo al Consejo de Bogotá ahora varios opositores políticos de Peñalosa veían la revocatoria como una opción real, y luego de nuestra primera Estampida, más de un cabildante y congresista abrió los ojos para darse cuenta de que la ciudad tenía algo por decir.

Siempre nuestros mensajes con ellos era claro, Revoquemos A Peñalosa se formula como una iniciativa ciudadana e incluyente, cualquiera puede hacer parte siempre y cuando no se pretenda vestir la revocatoria de ningún color político en particular, la ciudadanía civil es nuestra esencia y nuestra población objetivo era el Bogotano no educado en términos electorales, poco instruido o desinteresado de los asuntos políticos de nuestra ciudad. Todo peñalosista arrepentido, abstencionista, incrédulo, apolítico, o engañado es el reto de trabajo en nuestra estrategia. Esta población contempla mas del 87% del grueso bogotano, el otro 13% que milita en algún partido o que no puede votar por diversas razones no nos interesaba porque aquel que milita en un partido o movimiento sabe votar, sabe elegir, no se deja engañar, está capacitado para enfrentar medios de comunicación y tiene una disciplina electoral. Así que ¿para qué persuadir al que ya está convencido?

De esta manera, invitamos a todos aquellos representantes políticos que nos abrieron las puertas a que no propiciaran intentos de revocatoria, pues ya había una que llevaba meses caminando y tenia un carácter marcado desde la sociedad civil. No obstante a algunos no les gustó esa idea, y empezamos a tener la intromisión de cuadros políticos que creyeron inocentemente que podían cooptar el proceso. Por ejemplo, el representante a la cámara Inti Asprilla resultó contratando uno de nuestros compañeros en su UTL, él dice que “no sabía que él trabajaba con ustedes” pero sí lo conocía. Eso rompía con nuestra posición de no aceptar contratos del distrito ni de políticos de oposición.

Más adelante, ese compañero y otros como Carlos Carrillo que por primera vez se sentaba en nuestra mesa, vinieron a imponer un “órgano colegiado con estatutos” y llegaron a hacer afirmaciones como “¿Ustedes creen que sin el Polo van a hacer una revocatoria?” Así que tuvimos que darle las gracias a esas personas y seguimos nuestro camino. Estas cosas son normales, ninguna iniciativa por bien intencionada que sea está exenta de situaciones complejas, internas y externas. Miren por ejemplo lo que pasó con Paz a la Calle o el Campamento por la Paz, retoños de indignación ciudadana que resultaron irresistibles para muchas caras ya conocidas que fueron llegando lentamente en paracaídas. Procesos que podrían eclosionar en una nueva concertación política colectiva independiente y que hoy luchan para no ahogarse en practicas legendarias de la politiquería.

En el mes de noviembre tuvimos el Foro por la Revocatoria donde hicimos un barrido generalizado de lo que fueron los primeros 10 meses de Peñalosa al frente del timón capitalino. Debatimos sobre los motivos de revocatoria desde la salud, la educación, el medio ambiente, empresas públicas y transporte. Luego, vino la etapa más compleja, la concertación con un sector sindical: la Coordinadora Distrital Social y Sindical. Que reúne a algunos sindicatos como Sintrateléfonos, Atelca, la ADE, y la CUT.

Con ellos fue a otro precio, las lógicas mismas organizativas de los sindicatos suelen ser ortodoxas y para varios de ellos Revoquemos A Peñalosa parecía más un obstáculo en el camino que un ejercicio novedoso y atractivo. No entendían la lógica organizativa nuestra, disminuían nuestros logros evidentes y se sumergieron en un rosario de asambleas donde primaban las representaciones políticas. Discusiones de fondo como la exposición de motivos, el tema legal y jurídico, la planificación de recursos y la operatividad de la recolección de firmas nunca fueron temas centrales en las mesas. Adicionalmente, otros proyectos de izquierda como Marcha Patriótica, Congreso de los Pueblos y el Moir, fueron llegando lentamente y luciendo ese bello paracaídas con el que siempre llegan a todo proceso. Su llegada dinamitó finalmente las conversaciones sumergiendo las intervenciones en disputas politiqueras y narrativas de cajón, pues aunque entre ellos mismos hay enemistades de antaño han aprendido que la táctica de bloque de rompimiento les resulta la mejor opción para incidir en sus consensos o democracias. No reconocían nuestra labor, negaron nuestro nombre y nuestras imágenes ya posicionadas. Nunca aceptaron nuestro plan estratégico que ya venía andando en un cronograma muy juicioso. No reconocían nuestros espacios pues siempre debían citarse en algún sindicato, la reticencia llegó incluso al saboteo y a calumniarnos públicamente, por lo cual los invitamos a presentar pruebas, como a nuestro ex compañero que contrató Inti Asprilla, que se atrevió a arrojar nuestra camiseta frente a la asamblea en medio de todo tipo de mentiras. Nosotros sí tenemos pruebas, es fácil con un derecho de petición pedir ese contrato.

Así que la última asamblea del 27 de diciembre luego de tanto manoseo frustrado, y donde nos confesó el señor Román Vega del partido comunista que no tenían nada hecho de la exposición de motivos, pues tomamos la acertada decisión de seguir nuestro camino con las organizaciones que nos acompañaban y la ciudadanía que estábamos empoderando.

El 2 de enero de 2017 a las 8 a.m. mientras el Comité Revoquemos A Peñalosa inscribía una solicitud de revocatoria en la Registraduría Distrital, presentando una exposición de motivos que fue alimentada durante meses y con la revisión de nuestro equipo jurídico; al mismo tiempo otro comité reunido en la sede de sintratelefonos, redactaba su exposición de motivos para presentarlo en las horas de la tarde del mismo día, bajo el nombre Unidos Revocamos A Peñalosa.

En el transcurso de enero, los últimos de la fila llegaron. Los progresistas que en palabras del mismo Petro dijeron no impulsar ninguna revocatoria meses atrás, pues se les iluminó el bombillo. Trataron de persuadirnos para llegar a una unidad con la vieja izquierda, pero como nosotros no nos detenemos (como reza el adagio popular) “ni para coger impulso“ y confiábamos plenamente en nuestro proyecto de un año de planificación juiciosa y solida, pues entonces fueron a parar al otro comité.

Así que señora Lucia Bastidas, señora María Isabel Rueda, tengan claro que el comité Revoquemos A Peñalosa no está conformado por ninguna “fuerza oscura” al contrario, aquí brilla una luz ciudadana muy limpia. Ni tampoco somos una ”Petrocatoria” espero les quede claro que hay otro comité que armaron unos sindicatos recién en diciembre que se llama Unidos Revocamos A Peñalosa. Allí sí habitan Petro, Jorge Enrique Robledo, su hijo Julián, su candidato a la Cámara Sergio Fernández, Manuel Sarmiento, Inti Asprilla y otros.

Por favor, no sean irresponsables e irrespetuosas lanzando señalamientos calumniosos, nosotros tenemos suficientes argumentos para emitir nuestros trinos y publicaciones, lo de la macarena no tiene justificación para una alcaldía que duplica el presupuesto de seguridad según las mismas palabras del alcalde. Además, con una nueva Secretaría de Seguridad, con un pie de fuerza policial reforzado y con un cordón de seguridad que cubría varias cuadras a la redonda de la plaza de toros desde el viernes 17 de febrero no hay excusa, quedan como unos negligentes. ¿En dónde está la seguridad que tanto pregona su alcalde? Por favor, vayan y meditenlo sentadas en un SITP.

Dicho esto, las invito a cambiar la estrategia, estigmatizarnos como instigadores del terror no les queda bien, sean más creativas. Ya suficiente tenemos con las mentiras que han propiciado círculos de trabajo del otro comité de revocatoria, desinformando en los territorios con ideas falsas como “No le firmen a los de camiseta azul porque son los que apoyan a Peñalosa” “La planilla del otro comité es invalida” “Si firman al otro comité le invalidan su firma” todas esas aseveraciones son peligrosas y ponen en duda la verdadera voluntad de algunos de querer la revocatoria para el bien de Bogotá.

Por último, decir que van e emitir cartas a nombre de un partido para “rechazar revocatorias” como lo expresaron algunos miembros de los verdes se ve muy anticonstitucional. Mejor ayúdennos a pensar como le hacemos para que el día de la revocatoria, el Consejo Nacional Electoral nos permita incluir una especie de Papeleta Consultiva, para que le preguntemos al ciudadano si quiere que una persona que evade impuestos con cuentas en paraísos fiscales pueda ser candidato a alguna Corporación Pública como el Concejo de Bogotá o el Congreso de la República.

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