Todos los militantes de la izquierda parecen estar de plácemes con la elección de Iván Cepeda como candidato del Pacto Histórico para las elecciones presidenciales de este año (¡se nos vinieron encima!).
El único que no tiene muchos motivos para estar contento es el presidente Gustavo Petro, quien pierde si Cepeda es derrotado y pierde más si es elegido presidente.
Me explico: si Cepeda pierde, le echaran la culpa de la derrota a los desastrosos resultados que ha tenido este gobierno. En especial, en materia de orden público.
Y es que a pesar de que Cepeda fue el cerebro de la Paz Total, a quien le correspondió ponerla en marcha fue a Petro. Lo que significa que la responsabilidad del fracaso de esta iniciativa recae totalmente sobre el Presidente. Al menos, de cara a la galería.
No importa que Cepeda sea un pésimo candidato y que le resulte muy difícil pescar votos fuera de la izquierda radical. A Petro le achacarán su eventual derrota.
Y si gana, el escenario para Gustavo Petro y su ego es peor. La llegada de Cepeda a la Presidencia implicará la muerte política para el actual mandatario quien pasará de ser el soberano indiscutible de la izquierda nacional a un expresidente más.Por eso, Petro no ve a Cepeda como un aliado sino como un competidor.
Desde el Palacio de Nariño, Cepeda se convertiría en el nuevo líder de ese sector político. Y desde ese cargo se dedicaría a promover la reelección. Pero no la de Petro sino la suya propia.
Por eso, el candidato que le gusta, o le gustaba a Petro, es Daniel Quintero. Primero porque sin duda es mucho mejor aspirante que Cepeda: tiene carisma, es irreverente, tiene buena pinta, se expresa muy bien. Y como no es visto como un zurdo radical, puede pescar votos de otros sectores.
Por esa misma razón, así llegue a la Presidencia, Quintero no sería competencia para Petro, que sería siendo el rey de la izquierda. Y, a las buenas o a las malas, allanaría el regreso de Petro a la Presidencia en el 2030.
Contrario a lo que muchos colombianos creen, incluida buena parte de la izquierda, Petro no está interesado que este sector político preserve el poder. Lo que le interesa es que el poder esté controlado por el petrismo y, ojalá en sus propias manos. Porque, dado su mesianismo y su egolatría, Gustavo Francisco no confía en nadie y menos considera que alguien dé la talla para sustituirlo.
Petro, que no aprendió a gobernar, pero sí se ha vuelto un político sagaz y calculador tiene claro que es muy difícil que su sucesor provenga de la izquierda. Por el desgaste que este sector ha tenido gobernando y porque, como al perro no lo capan dos veces, es muy complicado que los votantes de centro vuelvan a apoyar un izquierdista radical.
Entonces, la apuesta de Petro es clara: que la izquierda obtenga una votación muy alta en las elecciones legislativas, que le permita controlar el Congreso por sí misma, o en alianza con fuerzas afines.
Por algo puso a encabezar la lista del Pacto Histórico a una petrista pura sangre como Carolina Corcho. La exministra de salud le genera más confianza que María José Pizarro, la otra aspirante a encabezar la lista. Por la sencilla razón de que Corcho es más petrista que izquierdista, mientras Pizarro es más izquierdista que petrista.
La misión de Corcho sería impulsar la Asamblea Nacional Constituyente. Y lo primero que hará esa Constituyente, si sale adelante, será establecer la reelección presidencial indefinida
¿Y quien creen que será el candidato de la izquierda en 2030? Gustavo Petro, por supuesto. En el escenario de que Cepeda se ‘queme’ en las presidenciales, Petro no tendría rival en la izquierda.
Y el hombre llegaría repotenciado a esos comicios. Porque gobernar no sabe, pero sí es un experto en no dejar gobernar y en boicotear la gobernabilidad. Como lo demostró con Iván Duque.
En caso de que llegue a la Presidencia alguien de la oposición, Petro comenzará su campaña para el 2030 el 8 de septiembre próximo, con movilizaciones, estallidos sociales y una crítica despiadada contra quien resulte elegido en mayo próximo.
Mejor dicho, para materializar sus intenciones de eternizarse en la Presidencia Petro necesita que Iván Cepeda no sea su sucesor.
Esa competencia en el liderazgo de la izquierda ni le conviene ni le interesa. Insisto, la elección de Cepeda supone la jubilación política de Petro. Y él en lo que menos está pensando es en cortarse la coleta.
Del mismo autor: La “hazaña” de Petro: regresarnos al 2002
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