Pedro Blas Julio Romero, el poeta descolonizador del Caribe colombiano

Pensador y escritor. Desde mediados del siglo XX forma parte de diversas instancias organizativas del pueblo afrodescendiente o interculturales en Cartagena

Por: Arturo Rodríguez Bobb
Enero 12, 2018
Este es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la opinión de Las2Orillas.
Pedro Blas Julio Romero, el poeta descolonizador del Caribe colombiano
Foto: El Universal

El Caribe colombiano fue desde la llegada de los españoles (etnocentristas jerárquicos dominadores) una invención europea. Tanto su nombre, por ejemplo, el de la ciudad de Cartagena y su historia, la “del paseo de los mártires” y su literatura fueron impuestos por una orden imperial-monárquica que construyó su “Otro” (el mismo, el afrodescendiente), para mejor manipularlo. Desde el siglo XIX hasta nuestros días, sin embargo, hay intentos tanto desde la sociología sobre los afrodescendientes, (Rodríguez Bobb, A. (2005): La nación en cuestión. La homogeneización cultural y racial en Cartagena (Colombia). Exclusión, integración e inclusión, como desde el mismo discurso poético a través de Candelario Obeso, Jorge Artel, Pedro Blas Julio Romero, Ashanti Dinah Orozco Herrera y Rafael Bashir Orozco Figueroa, de descolonizar esta zona transfronteriza.

El reconocido poeta afrodescendiente sin fronteras, Pedro Blas Julio Romero, escribe sobre nuevas formas de pensar, ver y sentir la Cartagena de las y los afrodescendientes. “A los 8 años ganó su primer premio con un poema y un dibujo, alentado por la erudición de su tío Pedro Florez, e inspirado en la vida febril de Getsemaní, el antiguo barrio cartagenero de esclavos negros que le vio nacer, un 30 de enero de 1949. Hijo único de Inés Romero, negra descendiente de dominicanos, y Clemente Julio, capitán de barcos”.

Pedro Blas Julio Romero es poeta, pensador y escritor. Desde mediados del siglo XX forma parte de diversas instancias organizativas del pueblo afrodescendiente o interculturales en la ciudad de Cartagena. En la actualidad, trabaja en una novela y es promotor cultural.

En Facebook, Pedro Blas Julio Romero, publica el 23 de octubre de 2017:

Descolonizar la ciudad de Cartagena

Te lo estoy diciendo hace mucho rato. Tienes que aguzarte negro. El racista no quiere verte. Has de ser para el mismo una pila de mierda. Puedes recordar con los primeros futbolistas negros cuando anotaban un gol, donde ni a las tribunas ni a sus compañeros de cancha les valía un chingo aquello. ¿ no ves que era un negro? Una pila de mierda? Siendo que anterior proceder no abandonaran jamás. Es su tónica, la que no abandonaran jamás. Ante todo acá en estas desgraciadas patrias de Simón Bolívar hijueputandose entre todos a todo momento. Donde se da el racismo más infame y maldito por ser el de mayor miseria más hipócrita.

Vieras cómo se complacen, y con alevosía celebrándose entre estos el chiste racista provinciano de mal gusto, de ese mismo provincianismo racista burlón. Les vieras a estos engendros lo más de felices en diversión a carcajada festejando la desconsiderada afrenta escarnecedora , la que hiere, la de la burla que saca roncha. Porque cuando te tienen de burla te tienen de cagadero. La del ultraje, el irrespeto. La misma antipatía de engreimiento feudal de una perfidia de “corronchos” con platica ensañándose con los negros. Algo que no va a desaparecer nunca de acá. Vas a tener que aguantar, escúchame bien negro, aguantar por mucho tiempo tales fetideces racistas. ¿Porque no copias a los del Ku-Klux-Klan, que salen encapuchados a asar vivos a los negros ofreciéndoselos colgados a su cristo?

¿Porque no copias a los judíos? Los judíos que a nombre del ETERNO, salen a matar. No descansan estos. Se relevan por generaciones buscando por el entero globo terráqueo a los que pretendían sacarlos del planeta. A los que pretenden cogerlos de cagadero como cogen a los negros acá. Grábate más bien lo de los ancestros negros que proclamaban—:¡a quién intente sitiarte…! ¡sitiale tú…! Unos negros en Europa ya regresaron con algo empezado en los años 80 y salen a cazar nazis y toda suerte de racistas. Eso debe empezar acá…Te estás demorando mucho negro… No continúes poniendo la mejilla que eso lo aconsejan los traficantes de negros… Ya padre Oggún, en la primera foto aquí te está indicando algo… cumple-le.

Pedro Blas Julio Romero ha escrito un texto valiente, con un lenguaje sincero y desestructurador sobre el racismo de los “blancos-mestizos”, de los afrodescendientes intelectuales de clase media, hipócritas, excluyentes, que aún arrastran complejos. Pedro Blas dice: “Donde se da el racismo más infame y maldito por ser el de mayor miseria más hipócrita. Vieras como se identifican entre si estos racistas. Vieras como se complacen, y con alevosía celebrándose entre estos el chiste racista provinciano de mal gusto, de ese mismo provincianismo racista burlón. Les vieras a estos engendros lo más de felices en diversión a carcajada festejando la desconsiderada afrenta escarnecedora, la que hiere, la de la burla que saca roncha.

El texto de Pedro Blas expone los problemas del imaginario de lo “masculino”, del conflicto psicosocial y los mecanismos de defensa del agresor, del “descolonizador o de los descolonizadores” no descolonizados, del racista o los racistas en Cartagena, que aún padecen y esconden sus problemas de tipo étnico-sexual identitarios, que no son ni primariamente de época colonial, sin embargo, sus portadores aún se relacionan como si estuvieran en la Colonia. Lo que Pedro Blas sin proponérselo, ha demostrado en este texto, que la hermenéutica freudiana y junguiana son imprescindibles para comprender aspectos centrales con respecto a la subjetividad agresora; pero está claro que tanto Freud como Jung, en este sentido, no son suficientes.

Mi preocupación en esta intervención, muy por el contrario, es la de contribuir a una proyección concepcional (epistémica y política) ante este tipo de agresiones, alrededor de la sociedad y en la sociedad cartagenera alternándola en centros de estudios, paralela e interactuante con cierto tipo de proceso que llamo desmontaje, deconstruccionista. La opción deconstruccionista es la opción que surge enfrentando a la persona agresora y, al mismo tiempo, desenmascarando la agresión (es decir, hacerla pública). En este sentido, la experiencia de nuestras vidas, historias personales e inserciones sociales, ilustrarán los espacios en los cuales la opción deconstruccionista podría formularse. Este aspecto, igualmente, se extendería a otras instancias en la que muchas personas en Cartagena, verdaderamente descolonizadas, en forma conjunta, trabajarían con proyectos académicos y no académicos. Esta claro, que en Cartagena es díficil aliarse para semejante proyecto, pues, la mafia facio-lince y la del suero, ejercen una fuerte influencia sobre un porcentaje alto de la población cartagenera.

Articulando, las personas agredidas deberían de ocuparse en hacer una defensa de la dignidad humana y, al mismo tiempo, un análisis sobre la agresión (describirla), el sujeto agresor y el sujeto agredido. No analizar al agresor desde una perspectiva unilateral, sino que traten de que un mayor número de personas tanto como puedan concientizar, entiendan la dimensión de la agresión. Que el agredido o los agredidos procuren analizar esta agresión, no para atacar al agresor, sino para demostrar el contenido de su falacia. Conceptualmente, falacia quiere decir engaño, fraude o mentira con que se intenta dañar a una persona (con actos racistas). O, con el clásico hábito de emplear falsedades en daño ajeno, por ejemplo, con las siguientes palabras: huevón; pendejo; gilberto; el envíado del gobierno se los mete; uribista; moimerto; mamerto; se le moja la canoa; bateman reparte foticos por email rifando sus glúteos; albertico tan delgadito él, es el masajista de los boxeadores; cuando se ha tomado unos tragos, hasta hasta el buen plante pierde; a fulano de tal le dicen la boba, pues, el moco no se le levanta; se las da de muy macho, visitando búrdeles, pero, que va!, si los visitadores de búrdeles son homosexuales; ese man se la pasa de mujer en mujer, ya una mujer bien brava, le dijo, que más bien se busque a un macho para que lo enderece; ese carajo mete tanto alcohól, que ya está alcoholizado, como será, que hasta el aro lo tiene hincho; te doy en la cara marica; etc.

De otro modo, la opción deconstructivista que debe cumplirse no se encuadra en las opciones de derecha, centro o de izquierda. Es literalmente otra cosa: la opción deconstructivista precisamente, como la derecha, la izquierda o el centro, abunda en su propia diversidad. En este sentido, la opción descolonizadora navega impulsada por su propio interés aclaratorio, en otras palabras, esto implica que en lugar de ateneese (el agredido o la agredida) al contenido-espectáculo de la agresión, debería abocarse a mostrar las reglas de juego de la falacia y, la necesidad, desde luego, de deconstruirla), desmontarla o desestructurarla. La falacia está centrada precisamente sobre el concepto de exterioridad e interioridad, es decir, es una fachada pública, que argumenta en términos de colonización y que justifica su accionar hacia una táctica definida dentro de los propósitos imperiales: intimidar!. De este modo, el pensamiento de los sujetos agresores (que señala, en su texto Pedro Blas, ya no es el de un humanista, descolonizador, sino, que él, (ella ellos o ellas), se sitúan dentro de las estrategias del colonialismo y del imperialismo epistemológico.

En este sentido, la agresión contra la subjetividad del afrodescendiente agredido (en el texto de Pedro Blas) por parte del sujeto agresor o de los sujetos agresores, tiene un contenido de capital importancia a analizar dentro del mundo de la colonización. Precisamente, cuando el agresor agrede la subjetividad del afrodescendiente está recurriéndo fundamentalmente a la tradición castellana mantenida por la élite de la clase media mafiosa blanco-mestiza-afrodescendiente en Cartagena: no obstante el color de la piel de la subjetividad agredida (el afrodescendiente), la subjetividad agresora lo reafirma negro y como negro lo agrede. Es más, desde este punto de vista, también intenta colonizarlo. Como se ve, la subjetividad agresora, asume un argumento construido a partir del cuerpo “negro”, humillado por la conceptualización racial trasvasada al orden de la esfera pública: conceptualización erigida sobre un aparato conceptual construido a partir de la mente del sujeto agresor en detrimento contra los cuerpos de las personas negras que, la agresión, expulsa de la plena humanidad. Articulando: Por esta misma razón, el derecho internacional, los derechos del hombre y del ciudadano y los derechos humanos universales son, precisamente, derechos asignados a ciertas personas, mientras que para otras personas se necesitan derechos especiales, no universales: derechos de la mujer, derechos indígenas, y ley 70 para la comunidad negra en Colombia, etc. Pero, estos derechos y estas leyes, las agresoras y los agresores se los pasan por la faja, los pisotean.

En consecuencia, la falacia es una conceptualización imperial, que trata por todos los medios de marginar al ofendido. No obstante, ella, genera en el ofendido una reacción de toma de conciencia, que en este sentido implica, asumir la posición de estar y de ser frente a la agresión, re-articulándolo y re-orientándolo. En efecto, a partir de este instante, y, a través de la agresión, el sujeto agredido se vuelve hacia el sujeto agresor para dar comienzo a su opción descolonizadora (epistémica, política y ética). Por eso y con justeza, Frantz Fanon cierra su ensayo: Piel Negra, Máscaras Blancas (1970), con una plegaria: “¡oh, cuerpo, hazme siempre un hombre que pregunta!”

Así las cosas, millones y millones de personas son agredidas en la sociedad cartagenera, del Caribe colombiano y mundial. Sin embargo, estas se guardan la agresión sufriendo silenciosamente. De ahí la importancia de la deconstrucción, del desmontaje, de la estima, la autoestima y del coraje desde el punto de vista liberador. Este corto comentario propone que las personas ofendidas lleven a las subjetividades agresoras (con nombre y apellidos) a la condena pública, así como lo está haciendo Pedro Blas Julio Romero; no hay otra alternativa. Al que degenere biografías de personas hay que condenarlo públicamente.

Al unir Pedro Blas Julio Romero, la poesía, el ensayo y la denuncia contra las prácticas racistas en la ciudad de Cartagena, no solo quiere difundir las ideas sobre la descolonización, sino también mostrar que la forma en que él concibe actualmente al arte en la ciudad de Cartagena, ese, no aporta estimulantes rutas para explorar conjuntamente cómo se descoloniza una sociedad desde las artes y, a la vez, cómo las relaciones interraciales pueden descolonizarse.

Pedro Blas Julio Romero recoge el accionar de las y los intelectuales afrodescendientes en Cartagena. La inclusión, dice, no está en los afrodescendientes que la esgrimen como apología de su libertad y antirracismo, sino que son las y los intelectuales afrodescendientes de la clase media cartagenera quienes quieren ir hacia atrás, manteniendo el combate contra la exclusión social y racial atrasado. La progresiva regresión colonial, por lo tanto, es una continúa labor de auto-engaño, en que la cultura colonizadora se aleja cada vez más de su verdad. El colonizado, en cambio, sabe que la visión del mundo y el discurso del colonizador son falsos, como aquel titulo de un libro: ¿Descolonizándonos?

La descolonización del colonizado, en este sentido, ya se avizora cuando la (auto)colonización del colonizador, en realidad, apenas ha comenzado. Lo que la pequeña burguesía afrodescendiente, arribista, conservadora y derechista en Cartagena, no le perdona al pensador y poeta, Pedro Blas Julio Romero, no es el haberlos desenmascarados, sino, denunciado, su falsedad, contra las y los afrodescendientes deconstructores, verdaderos des-colo-ni-za-do-res. El valor de Pedro Blas Julio Romero es haberlos confrontados y haberles dicho de frente: ¡basta! De seguir aplicando a las y los afrodescendientes críticos en Cartagena: procedimientos colonialistas, que hasta ahora solo provenían de los blancos y mestizos racistas!

El alcance del contenido de una poesía o de un libro descolonizador trasciende su propia época, y muchas veces, en el mejor de los sentidos, al autor mismo: el juicio más acertado de su valor proviene justamente de la sanción y el veto que le infligen los racistas blancos, mestizos y, ahora de moda, de los afrodescendientes arribistas en Cartagena. Las poesías y los libros críticos, aquellos cuyos análisis determinan los debates de una época, están todavía mucho más expuestos y son más excluidos a esa prueba. En ese sentido la obra de Pedro Blas Julio Romero es un modelo. Este escritor, pensador e intelectual afrodescendiente del Caribe, denuncia en sus poesías, ensayos y novela la condición inaceptable de las y los afrodescendientes colombianos, “decolonialistas”-co-lo-ni-za-do-res -aliados con los neoliberales y ultraderechistas-, cuyos orígenes africanos, han sido explotados y humillados durante siglos. Pero también, a través de esos ataques esquizofrénicos, desarrolló un discurso que es un llamado a la dignidad y la justicia para todas y todos (incluso, para todos aquellos que padecen trastornos hormonales, producto del consumo etílico) con una sorprendente actualidad. Como si precisamente la época tuviera la virtud de recuperar el vigor del grito libertario para darle mayor retumbe y valor a las palabras del poeta.

Al momento de su publicación, Las Cartas del Soldado Desconocido, (1971) y Poemas de la Calle de Lomba, (1988), de Pedro Blas Julio Romero suscitaron tanto entusiasmo como rechazo. A menudo excluido social y racialmente, el escritor no participó en polémicas inútiles ni en discusiones mundanas. Confiado en lo justo de su causa y en el alcance de su palabra, no eludió los combates más intensos del momento, incluso, iba al encuentro, allí donde otros afrodescendientes que viven de las vacaciones de la corrupción, presentaban (presentan) los escritos de otros como si fueran de sus autorías. Hoy es necesario reconocer que sus libros, ensayos y artículos no han perdido vitalidad y que muchos de los problemas socio-económicos y raciales que vienen de la Colonia están presentes en su obra, lograda, como lo confesó él mismo, a fuerza de observar el ayer y el hoy.

El triste encuentro desencuentro que marcó el comienzo de Pedro Blas Julio Romero como personaje público en Cartagena fue el siguiente: el Prof. Dr. Mark Sanders (afronorteamericano, especialista en literatura y poesía afro, de la Universidad Emorty, Georgia, Atlanta) llegó directamente a esa ciudad atraido por la escritura del poeta afrodescendiente cartagenero, donde permaneció algunos días, sin embargo, no faltaron los oportunistas para hacerse de la presencia de tan prestigioso acádemico y desplazar a pérfiles secundarios a Pedro Blas Julio Romero. Antes de llegar a Cartagena, el profesor Sanders, ya se había informado sobre el poeta del barrio Getsemaní, la obra de Pedro Blas, lo había impactado! No obstante el Prof. Dr. Sanders, descubrió las reflexiones del poeta cartagenero y, sobre todo, su obra completa. No dudó en calificar su obra literaria como “el mayor monumento lírico de los siglos XX-XXI, del Caribe colombiano”.

Para ambos hombres afrodescendientes y verdaderos descolonialistas, el encuentro resultó trascendental, pero además fue el primer reconocimiento a una obra hasta entonces situada en perfiles silenciosos. En Poetas Siglo XXI – Antología Mundial + 20.000 Poetas, el editor Fernando Sabido Sánchez, (2012), escribió su famoso texto: “Pedro Blas Julio Romero (…). Vive en Gesetmaní, barrio emblemático de las luchas sociales, al que llama ‘solemne desorden untado de vida’. Al lado de su producción literaria, dirige un taller de poesía en una emisora cultural universitaria y hace parte de un programa enciclopédico investigativo acerca del latin jazz y la música afrolatina. A comienzos de los años sesenta sostuvo un intercambio epistolar con los poetas nadaistas y vivió con intensidad la revolución juvenil de esa época. Con el libro ‘Rumbos’ obtuvo el premio nacional de poesía Jorge Artel 1993”.

En abril de 2016, retorna a Bogotá, invitado por la Profesora Dra. Graciela Maglia, a las sesiones Herencia Africana: Poéticas del Caribe Poscolonial, Decenio Internacional de los Afrodescendientes, organizadas por el Instituto Caro y Cuervo, las Naciones Unidas y la Universidad Javeriana. En esa introducción a Pedro Blas Julio Romero, Sabido Sánchez, hace un elogio al poeta y a su poema largo: “una creación crítica frente al orden social reivindicativa y poblada de referentes populares. Su estética neobarroca y su entramado africano y amerindio dan cuenta de una memoria de resistencia en el microcosmos de Getsemaní, al equiparar este barrio-arrabal de Cartagena con el continente americano. El delito de su héroe es ser negro, costeño, hijo natural —(que cosa tiene la vida, todas las personas venimos a este mundo así, nacemos de forma natural, salvo que se presente un imprevisto)—, proceder de un barrio pobre y sobre todo, haber soñado un cuerpo“.

Tal como escribió el profesor Mark Sanders y Fernando Sabido Sánchez acerca del poeta afrodescendiente Pedro Blas Julio Romero: “la palabra de Pedro Blas, hermosa y vigorosa como el sol naciente, verdaderamente descolonizadora”. Ese poema largo, agitado, torturado, violento y gracioso, cínico y agresivo, tierno y amenazador, se publicó en Bogotá por la revista Nadaismo 70, pero sin lograr mayor resonancia; tenía una circulación restringida y, por otra, la agitación social del 68, naturalmente acaparó la atención de las personas. Sin embargo, ese texto fundamental es la manifestación poética de las angustias y de las reflexiones del joven intelectual cartagenero en la década del 70, quien muestra con orgullo al lector su revuelta y una nueva forma de ser al mundo: un afrodescendiente descolonizado.

En efecto, esa ciudad de Cartagena fue uno de los numerosos lugares de destino de las esclavas y los esclavos negros llevados a las colonias de los países occidentales por medio del comercio triangular. Ese sistema consistía en paliar la falta de mano de obra local con la importación de esclavas y esclavos de África. Junto con los seres humanos de piel negra, llegaron los cantos y las maneras de cocinar, la ropa y los imaginarios, las culturas que sobreviven y se mezclan hasta el día de hoy. Pedro de Heredia pudo haber llegado a Cartagena en 1553. La ciudad de Cartagena, aunque no representaba una enorme apuesta económica, constituyó un importante centro colonial para los usurpadores españoles y para el comercio de seres de piel negra arrastrados desde África. En nombre de la monarquía española, los colonialistas tomaron posesión del territorio. Siguieron cuatro siglos de explotación y esclavización contra los seres humanos de África negra por parte del poder colonial. De ello se desprende una estructura social que proviene de una división racial: una ínfima minoría de blancos dirigía el destino de una gran mayoría de seres humanos de piel negra, con muy pocos mestizos entre los dos grupos. Actualmente, esa estructura prevalece. Hasta la mal llamada “abolición” de la esclavización en 1851, gracias sobre todo a los esfuerzos del combate de las cimarronas y los cimarrones, las revueltas fueron numerosas y violentamente reprimidas a través de las mentiras de las y los colonialistas, que siempre les hicieron conejo a las cimarronas y los cimarrones. De ahí proviene la figura de las africanas esclavizadas y los africanos esclavizados que escapaban y vivían, no libres, pero, lejos de la esclavización de la europea y del europeo, etnocentristas dominadores.

En 1970, la palabra de Pedro Blas Julio Romero adquiere una nueva dimensión. Asume una posición política, y desde la poesía combate la exclusión racial. La relación de Pedro Blas Julio Romero con la política es la de un intelectual comprometido contra la pobreza, la corrupción y la hipocresía de las personas políticas en Cartagena. La actividad política de Pedro Blas Julio Romero se manifiesta en estas tres actividades, mientras en sus textos poéticos grita contra las personas de piel blanca racistas y los afrodescendientes de la clase media hipócritas en una lengua que toma las formas del español nada formal y más lírico; en política, se afilia a los movimientos barriales desde la cual interroga y reflexiona acerca de la relación entre los afrodescendientes intelectuales de la clase media y la periferia barrial, en particular. No cree en la independencia de Cartagena del siglo XIX. Ni en la capacidad de la población blanca o de los pardos como para haber podido sentar los principios de la democracia racial, para Pedro Blas, la democracia racial en Cartagena en el siglo XIX, jamás!, existió.

Pero nunca cesará de buscar un estatuto particularmente liberador para las y los afrodescendientes en Cartagena, siempre dentro del marco de las posibilidades sinceras. Esta es la manera de evolucionar de Pedro Blas Julio Romero, una capacidad para tomar lo mejor de cada quien y juntos luchar hombro con hombro contra la exclusión social y racial.

Ante las personas intelectuales afrodescendientes conservadores, que lo atacan, Pedro Blas Julio Romero, no se esconde. Y ante la mayordoma, que una vez lo quizo humillar, creando la duda sobre su honestidad; ella, que compra con su dinero los “favores” y las relaciones del Festival de la Cultura Hay en Cartagena, a través de la violencia y la corrupción, Pedro Blas Julio Romero explica sin rabia que en nombre de los valores mismos de las y los afrodescendientes honestos, jamás!, podrá aceptar sus ataques. Conoce las contradicciones del “humanismo” neoliberal en Cartagena, de las personas eurocéntricas-etnocentristas-dominadoras y de las personas intelectuales afrodescendientes conservadoras, esos postulados mal intencionados en los que jamás no se cuestionan la peor humillación de una población afrodescendiente: la esclavización por parte de los ilustrados blancos y afrodescendientes (llamados jocosamente mulatos), en el siglo XIX.

Obviamente Pedro Blas Julio Romero milita desde su condición de poeta y pensador porque es un hombre que está contra la injusticia, las mafias políticas y la corupción política, venga de donde venga. Pero sobre todo, se decide por la oposición consciente contra la racionalidad colonial de las y los intelectuales de piel blanca, mestizos y afrodescendientes encerrados en la academia que proyectan la imagen colonial en las y los afrodescendientes. Es decir, de la misma manera y por motivos similares, como cuando le correspondió a Jorge Artel que perteneció al movimiento contra la injusticia y la corrupción política en Cartagena. En sus poesías, Pedro Blas Julio Romero, el activista anti-racista y el poeta, son uno solo; más allá de los ataques de las personas enemigas que quieran afectar su imagen, en este sentido, Pedro Blas Julio Romero establece las cuestiones fundamentales dentro del marco de sus principios políticos acerca del combate contra la corrupción política y el desdén de las personas intelectuales afrodescendientes de tendencia derechista.

Él, escribe con fervor y justeza que no habrá nunca en Colombia unas relaciones conciliadores entre la racionalidad colonial y los afrodescendientes, porque la racionalidad colonial en las personas intelectuales (blancas, mestizas o afrodescendientes) se encuentran desde una posición de tiranía imponiéndonos cada más una imagen colonial, que de ninguna manera corresponde con nuestra verdadera biografía. Pedro Blas Julio Romero, pronuncia frases fundamentales en sus poesías y ensayos para entenderlo: “Ya llegó nuestra hora para las y los afrodescendientes en Colombia” Y lo que él dice en este sentido, no sólo es válido para las y los afrodescendientes. En otras palabras, Pedro Blas Julio Romero reclama el derecho de todas las personas humilladas al respeto y a la dignidad, es decir, al reconocimiento de los valores de cada persona y a la vida. Esa famosa poesía completa el gran texto de reflexión política del poeta Pedro Blas Julio Romero: Eres un Piano Plaza de la Santísima Trinidad. Ese poema es el ataque más feroz de Pedro Blas Julio Romero en contra del repugnante estado de cosas instalado por el poder colonial y, en consecuencia, sobre las nuevas relaciones mercantiles de su barrio Getsemaní. En varias páginas inspiradas, coloca al mundo de las personas blancas frente a sus contradicciones, utilizando sus propias armas y palabras.

Ya para finalizar este ensayo en honor y homenaje al poeta más significativo del Caribe colombiano, Pedro Blas Julio Romero, hermano en la adolescencia y desde el barrio y socio en el combate contra la exclusión, la mentira y la maledicencia de los intelectuales afrodescendientes de derecha. Me resta decir, si Pedro Blas Julio Romero ha estado tan marginado como poeta, ha sido ante todo porque la originalidad de su tono y la sinceridad exuberante de su pluma y pensamiento no permiten colocarlo en ninguna corriente de la poesía cartagenera y colombiana de su época. Sorprenden la popularidad y el respeto que inspira en otros países. Si su reconocimiento aún no lo han hecho en Cartagena y en Colombia, las tesis sobre su obra literaria abundan en América Latina, el Caribe, Estados Unidos y hasta en África. La otra característica notable de su obra poética es el predominio de la imagen sobre la idea. Este fundamento de su poesía pesa indudablemente sobre la marginalización de su obra en el universo poético cartagenero, más preocupado entonces por las banalidades y el narcisismo intelectual. Lo afirman los estudiosos que pertenecen al tema de la descolonización de manera más precisa: históricamente, la poesía de las y los afrodecendientes surge antes de la llamada racionalidad colonial. Pedro Blas Julio Romero se ve en el combate contra la exclusión racial y la marginalización de personas afrodescendientes distantes de sus principios y de su pensamiento solidario; prefiere el poeta, Pedro Blas; dibujar en su poesía una imagen impactante (como la denuncia, contra los derechos humanos por ejemplo) a desarrollar una temática abstracta y sin impulso. Su universo es del orden de lo real, sabe que una imagen a favor de la justicia conmueve más que una idea y que un discurso banal que no atrapa y que sólo está hecho de mentira y narcisismo.

 

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