Pandemia política en Colombia

“Este brote epidemiológico acarrea estragos tan categóricos como el de volver a los infectados enemigos de todo conciudadano, inmunizados contra tan radicada calamidad”

Por: Carlos Alberto Agudelo Arcila
Abril 20, 2018
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Pandemia política en Colombia
Foto: Unsplash

Colombia está azotada por una pandemia política de nombre uribismo. Es una enfermedad epidémica que azota a toda clase social y se observa de manera más lapidaria cuando arremete, sin misericordia alguna, contra miembros de una sociedad indefensa, postrada en la miseria, hacia individuos desamparados sin nada o poco qué comer, hasta crear una demencia llamada: arribismo. Es un virus cuyo agente transmisor se distingue como Álvaro Uribe Vélez. Es “nuevo” en nuestra sociedad, aunque tiene un antecedente mortal, Hitler. Peste fatídica, la cual en su época mató miles de personas, de manera sanguinaria. Este protozoo echa raíces en el cerebro, crea devastación mental, paroxismo de defensa, mata neuronas de reflexión y deja a quien la sufre en estado de alucinamiento: produce el espejismo de convertir una piedra en pan nuestro de cada día, que al ser masticada, con esperanza de mitigar el ansia alimenticia, despedaza dentaduras y troza la alegría de vivir. Este brote epidemiológico acarrea estragos tan categóricos como el de volver a los infectados enemigos de todo conciudadano, inmunizados contra tan radicada calamidad.

Para extirpar este trauma, se recomienda consumir grageas, en cantidad, de inteligencia, para así recuperar los nervios cerebrales, escaldados por este mal. Esta terapia tiene éxito cuando el paciente abandona su fanático respaldo a este infecto social  y se introduce en lecturas objetivas, serias, contundentes que desenmascaren la realidad putrefacta del entorno.

Sucede que una parte de la naturaleza de la inoculación llamada Álvaro Uribe Vélez, tiene como característica amorfa mimetizarse en el sentimentalismo e inferir una locuacidad y gestos engañosos, con lenguaje vacío, sin profundidad ni plataforma ideológica, con el agravante del cinismo achacoso. Su única tendencia filosófica es pronunciar un léxico incoherente, torpe y fácil de rebatir cuando arenga, sin originalidad alguna, castrochavismo, terrorismo etc, ya que en países como Uruguay, Ecuador también se arremetió con este idioma hipócrita, para impedir el establecimiento de una sociedad más justa y equitativa, obligado por nuestro sátrapa imperial: EE.UU.

Olvida ser pensante al no afrontar la amarga verdad del país que nos importa: Colombia, donde la hambruna, muerte por desnutrición, desigualdad espeluznante y otros males sociales están a la par con otras naciones, cuya población vive por debajo “del umbral de la pobreza” y con un PBI per cápita indigno. Me horroriza esta lepra del siglo XXI: álvaro uribe vélez, con minúscula, como es su calidad política y humana.

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