Pablo Iglesias o la virtud de decir "no más"

Con el reciente retiro de la política del otrora líder de Podemos termina un ciclo biográfico que bien podría calificarse de histórico

Por: Fredy Alexánder Chaverra Colorado
mayo 11, 2021
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Pablo Iglesias o la virtud de decir
Foto: Flickr Ministerio de Cultura de la Nación - CC BY-SA 2.0

Entre los restos de la peor crisis social y económica desde la Guerra Civil, en una España sumida en la desesperanza y la angustia de una generación sin la promesa de un futuro estable, emergió Podemos como el catalizar de una profunda indignación. Corría el año 2014 y un grupo de jóvenes politólogos de la Universidad Complutense de Madrid, haciendo una lectura táctica del 15M y de la preocupación de miles de jóvenes que llenaban las plazas a lo largo y ancho del país, decidieron dar un salto estratégico y fundar un partido político, una formación que recogiera el clamor de los indignados y se le plantara de frente al rígido bipartidismo del Partido Popular (PP) y el Partido Socialista Obrero Español (PSOE). En medio de ese monolítico PPSOE emergió Podemos con la promesa de “asaltar los cielos”. El principal artífice del asalto fue Pablo Iglesias, un profesor de Ciencias Políticas que, inspirado por la undécima tesis de Marx sobre Feuerbach, decidió transformar el mundo, al menos, la historia española.

Con su reciente retiro de la política (tras una debacle electoral en Madrid) concluye un ciclo biográfico que bien se podría calificar de histórico.

El partido de los politólogos  

En la creación de Podemos también participaron Íñigo Errejón (el número dos), Juan Carlos Monedero, Carolina Bescansa, Luis Alegre, entre otros, en su gran mayoría, académicos decididos a renovar la izquierda y restarle espacio de acción al PSOE. Con la intención de debilitar el rígido bipartidismo heredado de la transición, Podemos buscó construir una nueva identidad en la izquierda española y de paso consolidar una plataforma electoral lo suficientemente amplia para llegar al gobierno. A la indignación callejera del 15M se sumó la visión teórica de Monedero y de Errejón; sin embargo, el núcleo orientador siempre osciló en torno a Pablo Iglesias. El profesor y presentador de televisión no solo fue el arquitecto del asalto, sino el principal vocero e intérprete de una generación de indignados que reclamaba mayores espacios de apertura y participación, así se fue creando una narrativa de renovación profundamente enraizada en los medios y tan enfocada en Iglesias que terminó por delinear a Podemos como un bastión personalista. Tras la indignación llegarían las victorias, las tensiones y las rupturas.

El huracán Podemos

La irrupción de Podemos en el sistema de partidos fue impresionante y sin antecedentes en la historia política española. El mismo año de su creación se convirtió en el segundo partido más grande de España por número de afiliados y se estrenó con relativo éxito en las elecciones al Europarlamento en 2014. Gran parte del éxito inicial de Podemos se explica por el efecto arrastre de la figura de Iglesias, al punto, que su rostro se usó como logotipo en la papeleta de votación. Posteriormente sería elegido como secretario general del partido tras alcanzar el respaldo del 88,6% de los inscritos en el congreso fundacional Vistalegre I. El recién elegido eurodiputado se integró a la Comisión de Relaciones Exteriores y la Subcomisión de Derechos Humanos; sin embargo, a los pocos meses volvió la mirada a España y renunció para concentrarse en las elecciones generales de 2015. En esa elección Podemos puso en práctica su estrategia de “asaltar los cielos” y sacó más de 5 millones de votos equivalentes a 69 diputados. Un resultado inédito que le quebró el espinazo al bipartidismo histórico y de facto configuró un parlamento multipartidista lo que impidió la conformación de una rápida mayoría de gobierno para el PP o el PSOE.

¿Un asalto consumado?

Dado que en esas elecciones ninguna fuerza obtuvo la mayoría suficiente para formar gobierno y tras una serie de negociaciones fallidas se cayó en un agudo estancamiento político, no se tuvo más opción que convocar a nuevas elecciones generales para el 26 de junio de 2016. Podemos se unió con Izquierda Unida constituyendo a Unidas Podemos, tras este movimiento, los politólogos estaban convencidos de que podrían consumar el asalto con un sólido y amplio frente de izquierda. Al menos, ya habían desencadenado la primera gran crisis en el bipartidismo histórico. Aunque los resultados fueron similares a los del 2015 (generando las primeras tensiones en la cúpula del partido), el PP pudo conformar una cuestionada minoría que le permitió formar gobierno con Mariano Rajoy. Este gobierno no duro mucho, ya que en menos de un año se ahogó entre acusaciones de corrupción, protestas y malestar ciudadano, Rajoy no tuvo más alternativa y dimitió.

Se convocó nuevamente a elecciones generales en noviembre de 2019, tras los resultados, el PSOE y Unidas Podemos llegaron a un acuerdo de gobernabilidad (tras intensas negociaciones) y el socialista Pedro Sánchez asumió como jefe de gobierno. A los pocos días Iglesias se convirtió en vicepresidente.

Rupturas y desencuentros  

Sin duda, la irrupción de Podemos alteró un equilibrio estratégico en el sistema de partidos español y modificó radicalmente su fisionomía, pues España dejó atrás el bipartidismo e ingreso a un sistema multipartidistas. La consecuencia más directa y funcional del crecimiento de terceras fuerzas por fuera del binomio PPSOE fue la imposibilidad de formar gobierno a partir de coaliciones mayoritarias; el impacto para Podemos fue que ingresó en una espiral de elecciones generales continuas que fueron erosionando las visiones en su cúpula, las diferencias más marcadas se dieron entre Iglesias y Errejón.

Estas diferencias se saldaron definitivamente en Vistalegre II, el segundo y más importante congreso de Unidas Podemos, cuando Iglesias fue refrendado en la secretaría general con el 89% de los votos y pasó a controlar el 60% de la dirección. El sector de Errejón fue derrotado estruendosamente y el “número dos” no tuvo más alternativa que dar un paso al costado (posteriormente fundaría el partido regional Más Madrid y Más País). Así, se cerraba un ciclo en Podemos que dejó a Iglesias como el único orientador del partido.

La virtud de saber retirarse a tiempo

Tras siete años siendo protagonista de primera fila en la política española, sorteando escándalos (como la compra de una casa por más de 600 mil euros) y una agotadora sobreexposición mediática, en marzo de 2021 Iglesias se retiró del gobierno para disputar las elecciones regionales de Madrid. Ante la avanzada de la derecha y la extrema derecha (representada en el partido VOX), Iglesias consideró que lo mejor era convertirse en un dique de contención y concentrar todas las fuerzas de Unidas Podemos en Madrid; sin embargo, los resultados fueron un completo desastre, el partido se ubicó en cuarto lugar en la general y fue superado por Más Madrid, reeditando por última vez un cara a cara entre los antiguos aliados. Asumiendo que su presencia en la elección había movilizado a toda la derecha (que ganó de forma contundente en cabeza el PP), Iglesias decidió renunciar a todos sus cargos en la política y dar un paso al costado, eso sí, garantizando un relevo de liderazgo.

¿Qué sigue para Iglesias?

A pesar de la debacle electoral en Madrid, el legado de Podemos trasciende una coyuntura electoral y se inserta en la ruptura del bipartidismo, en los años más convulsionados de la historia política española que derivaron en la conformación el primer gobierno multipartidista desde la transición. Además, permitió la oxigenación social de la izquierda con la irrupción de fuerzas políticas de alcance nacional o regional, pero en simultánea reforzando el correlato contrario con el crecimiento de partidos de extrema derecha como VOX.

Tal vez, Iglesias vuelva a su papel de profesor y comentarista, al lugar donde todo inicio antes de embarcarse en la aventura más intensa que ha vivido un político español en lo que va del siglo, con la certeza de reiterarse en el momento indicado y cuando el “asalto a los cielos” había degenerado en un partido a su imagen y semejanza. Al menos, se va con la tranquilidad de que puso en práctica la máxima de Marx y no se dedicó solo a interpretar el mundo, pues se la jugó por transformarlo.

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