¿Otro mundo es posible?

Después de esta cuarentena, tendremos la opción de salir de las lógicas del capitalismo y el neoliberalismo, o también de seguir en las mismas

Por: Daniel Andrés Tapiero Triana
marzo 31, 2020
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¿Otro mundo es posible?
Foto: U.S. Air Force

Alguna vez el filósofo norteamericano Fredric Jameson dijo que hoy parece más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo. Esas palabras las escuché por boca de Slavoj Žižek, el filósofo ruso más mediático de nuestra historia. Dos personalidades que representan mundos distintos, capitalismo y comunismo, respectivamente, concuerdan en la dificultad de imaginar otro mundo posible; es más fácil imaginar el fin del mundo, el apocalipsis, la desaparición del ser humano.

Actualmente estamos viviendo una pandemia que tiene al mundo horrorizado, paralizado, angustiado... en un estado de zozobra pues amenaza la vida de todas las personas, sin distinción de etnia, clase social, género, corriente política e, incluso, edad. Estamos viendo a la muerte cara a cara, sabiendo que no la podemos sobornar, no la podemos corromper, no la podemos extorsionar. En esta situación que ha conmovido a la mayoría de gobiernos del mundo, recordemos que hay insensatos como Bolsonaro que se niegan a aceptar los riesgos al que nos enfrentamos, en esta situación debemos recordar que los intereses de los poderosos no están dirigidos a buscar el bienestar de todos los ciudadanos del mundo; al fin y al cabo, por poner solo un ejemplo, en Colombia siguen siendo asesinados líderes sociales (la semana pasada mataron 3). Así que no nos engañemos pensando en que a estos gobiernos les interesa el bienestar de todos sus ciudadanos, lo que han hecho es tomar medidas para protegerse a sí mismos, lo cual no es reprochable. Pero, independientemente de sus motivaciones, lo cierto es que el mundo entero se ha paralizado, la economía mundial se ha paralizado. Y esta parálisis es una señal de que otro mundo es posible; contrario a lo que pensaba el filósofo Gottfried Leibniz, para quien estamos en el mejor mundo posible.

¡No! No estamos en el mejor mundo posible y ¡sí!, sí es posible otro mundo. Es posible un mundo que no se rija por las lógicas del capitalismo y el neoliberalismo. Ciertamente este otro mundo posible afectará los bolsillos de las personas más ricas de este mundo, afectará el estilo de vida de esas personas que se han enriquecido a costa de otros. No olvidemos que Europa es hoy lo que es gracias a la colonización de territorios asiáticos, africanos y americanos en el s. XIX; después, unos cuantos países de Asia y América lograron sobresalir en la economía mundial debido a las políticas de explotación de territorios más débiles a nivel militar y político, y a la explotación a sus propios ciudadanos de las más bajas clases sociales.

En esta cuarentena las grandes empresas han tenido que parar, la explotación obrera ha tenido que detenerse y la contaminación ha mermado significativamente. Aún no sabemos cuánto tiempo estaremos así; pero sí hemos comenzado a sentir que la prisa del estilo de vida capitalista no es tan necesaria para vivir, hemos comenzado a sentir que la pausa es un estado de vida no sólo deseable sino posible. Incluso, hemos vislumbrado otras maneras de relacionarnos económicamente diferentes a la explotación y el abuso, no sólo de otros seres humanos sino también del ambiente.

Después de esta cuarentena mundial tendremos la opción de plantear y exigir salir de las lógicas del capitalismo y el neoliberalismo, o seguir en esas mismas lógicas. Si seguimos defendiendo el capitalismo y el neoliberalismo, la crisis económica generará una sobreexplotación humana y ambiental. No crean que los grandes empresarios se van a quedar de brazos cruzados después de no obtener ganancias por más de un mes. No obstante, está la alternativa, la posibilidad de gestar economías solidarias, la posibilidad de generar relaciones económicas amigables con el ambiente, la posibilidad de perpetuar las actuales relaciones de cuidado al otro.

¿Aprovecharemos esta oportunidad o la dejaremos pasar?

¿Seguiremos diciendo, junto a Margaret Thatcher, "no hay alternativa", o estaremos dispuestos a dar nuestras vidas por un sistema económico-político que garantice la vida?

Yo, por mi parte, me rehúso a creer que no hay alternativa.

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