Óscar Bustos, el documentalista de la memoria

A lo largo de su carrera, especialmente cuando trabajaba en Canal Capital, el periodista se ha dedicado a reconstruir el pasado, ya que cree en su importancia. Entrevista

Por: Dick Bolívar y otros estudiantes de la CUN
noviembre 15, 2019
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Óscar Bustos, el documentalista de la memoria
Foto: Facebook @oebustos

Hay formas de reconstrucción de memoria histórica para los países que han tenido conflictos internos o externos. Estas se manifiestan en monumentos, fotografías, cartas, muros de la memoria, testimonios escritos y orales, y documentales.

Para esto contactamos al periodista Óscar Bustos, quien como documentalista en Canal Capital ha realizado trabajos sobre la memoria histórica desde el 2012 al 2015. Durante tres años y medio, Óscar realizó 150 documentales en el canal público de Bogotá, cifra que para él es un récord muy pocas veces logrado por otro documentalista.

- Mi nombre es Óscar Bustos, soy periodista y escritor, el programa Hagamos Memoria es el desarrollo de una idea del periodista Hollman Morris, quien era el gerente de Canal Capital en 2012. Él me propuso poner en marcha su idea de hacer un programa que trabajara la memoria del conflicto armado colombiano desde las voces de las víctimas, fueran víctimas de las guerrillas, de los paramilitares o de los agentes del Estado. Creo que él ya había realizado algunas “cápsulas de la memoria” en su programa Contravía, antes de ser gerente del canal público de Bogotá, y que estas cápsulas son la base de la que partió Hagamos Memoria. Desde entonces realicé 150 documentales, uno publicado cada semana.

Creo que esta cantidad, y la calidad lograda en muchos de mis programas, constituyen un récord que no lo tiene ni siquiera History Channel, es decir, que mantuvimos un ritmo de trabajo impresionante, produciendo cada semana un trabajo audiovisual, de 50 minutos de duración cada uno, con una calidad destacable. Trabajamos prácticamente con las uñas, gran parte del trabajo lo hacíamos solo con algunos practicantes que venían de varias universidades bogotanas. Entre los documentales destacados, recuerdo que hicimos un gran trabajo de memoria sobre el caso de los desaparecidos de la cafetería del Palacio de Justicia, en hechos que ocurrieron el 5 y 6 de noviembre de 1985.

Recuerdo que entrevistamos a los familiares de los desaparecidos y con ellos construimos los perfiles de sus seres queridos; también hablamos con los dos abogados que llevaban el caso, que igualmente habían sido amenazados y que vivían casi en la clandestinidad, en una oficina en el centro de Bogotá, con muchas puertas de seguridad, alarmas y llaves que solo sus clientes más asiduos conocían. Este trabajo está en internet y hoy tiene más de 78 mil visitas en YouTube, lo cual creo que es la recompensa del pueblo colombiano más crítico y memorioso a tan gran esfuerzo. También hicimos un trabajo de memoria sobre Jaime Garzón, partiendo de fotografías familiares que nos suministró su hermana Marisol hasta llegar al asesinato y la impunidad que hoy todavía tiene el caso.

Este documental hoy tiene 414 mil visualizaciones en YouTube. Hicimos otro trabajo sobre Jaime Garzón, recordando que cuando era menor de edad, a los 17 años, recién salido de su militancia en el ELN, hacía una tertulia que se llamaba el Rotundo Vagabundo, en la que participaban otros ex integrantes de esa guerrilla y sus compañeros y profesores de la Universidad Nacional. Este documental tiene hoy 125 mil visualizaciones en nuestro canal de YouTube. Creo que las nuevas generaciones deben conocer en detalle y acercarse a este genio del humor, de los derechos humanos y de la participación que era Jaime Garzón. A él lo conocí personalmente, cuando trabajábamos en Producciones JES en la década de los noventa, él como presentador del programa Locos Videos y yo como periodista investigador del programa Panorama, de Julio E. Sánchez Vanegas. Sánchez Vanegas es el padre de Julio E. Sánchez Cristo, hoy director de la emisora La W. Este trabajo lo pueden ver en acá.

Creo que en la recuperación de la memoria de Jaime Garzón está el sendero de lo que debe ser Colombia en el futuro, una Colombia participativa, una Colombia soñadora y creadora. En Colombia la memoria histórica juega un papel destacado, pues busca reconstruir el pasado de nuestra sociedad y visibilizar los recuerdos de las víctimas. En el posconflicto que estamos viviendo después de los acuerdos de La Habana, la memoria será fundamental para propiciar el perdón y la reconciliación entre todos los colombianos. Hoy más que nunca la memoria debe tener gran importancia en los medios de comunicación, pero lastimosamente no la tiene y los medios le deben a la sociedad todo este trabajo de recuperar las historias del conflicto, porque ha sido grande y sangrienta la lucha de los pueblos para desarrollarse por el progreso, la vida, la convivencia, la verdad y la justicia, pero lamentablemente esa historia no es reconocida.

Prácticamente desde que ocurrió la conquista de estos territorios en los siglos quince y dieciséis, la historia ha sido trastocada, ha sido tergiversada y nos la han cambiado por un sartal de mentiras. Ha habido un abandono total de la promoción de la historia por parte del Estado, tanto que durante los últimos veinte años el Estado canceló las clases de historia nacional en el pénsum de los estudiantes de bachillerato, y esas clases solo se pudieron recuperar hace escaso un año. Salvo los esfuerzos que ha hecho el Centro Nacional de Memoria Histórica, CNMH, nadie más ha trabajado por reconstruir esta memoria. Creo que este debe ser un tema importante, algunos académicos sitúan la memoria como prioridad, pero los esfuerzos académicos e institucionales no ha sido suficientes para llegar al gran público.

Todos los ciudadanos, especialmente los comunicadores, debemos abrir espacios en los medios y crear programas para que la memoria histórica se refresque y recordemos que nada nos ha sido regalado, todo ha sido una conquista mediante la lucha de los pueblos, todo, desde la educación pública gratuita hasta la tutela, pasando incluso por el derecho a una vivienda digna, todo nos ha costado sangre, sudor y lágrimas. Sí, como dice Saramago: “Somos la memoria que tenemos y la responsabilidad que asumimos, sin memoria no existimos y sin responsabilidad quizá no merezcamos existir.” Creo que tenemos que hacer de la memoria un hábito y que cotidianamente deberíamos reflexionar a través de una lectura de memoria histórica. Bien lo dijo Hegel: “Pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla, unas veces como comedia y otra como tragedia.”

- ¿Cuál ha sido el trabajo de memoria que más le ha gustado hacer?

- Hicimos uno sobre el caso del asesinato de Gloria Lara de Echeverri, que yo había tenido en la cabeza durante mucho tiempo y lamentaba no poder hacerlo en los medios en que trabajé, porque mis jefes me negaban esa posibilidad o no me daban los medios para hacerlo. A Gloria Lara, hija del acaudalado terrateniente Oliverio Lara, quien había sido secuestrado y asesinado veinte años antes, la asesinaron en noviembre de 1982, cinco meses después de haberla secuestrado. El caso inicialmente lo manejaron los militares, quienes acusaron, torturaron y encarcelaron a un grupo de campesinos, estudiantes y profesores de la Universidad Nacional, pero también a un par de diputados del Nuevo Liberalismo, y hasta los sacaron en televisión señalándolos como los secuestradores y asesinos. Al año siguiente, 1983, en el mismo lugar de cautiverio donde tuvieron a Gloria Lara, los secuestradores llevaron a un representante de la Texas Petroleum Company, el ingeniero Kenneth Bishop.

Aquí la Texas pagó el secuestro y Bishop fue liberado y ya libre contó que había estado en el mismo lugar en el que estuvo Gloria Lara, porque allí había visto prendas y fotografías de ella. Después se supo que quien había estado al frente de este secuestro había sido Iván Darío Murcia, un ex juez municipal de Caicedonia, Valle, muy joven, de 32 años de edad, que fue capturado y que después se fugó espectacularmente de la cárcel Modelo. Se fugó él y su socio, subidos en un helicóptero que sobrevolaba los patios de la cárcel. Esto solo ocurre en Locombia. Nosotros entrevistamos a las hijas de Gloria Lara, quienes insisten en que los asesinos de su madre son los campesinos, los estudiantes y los diputados del Nuevo Liberalismo, quienes hoy están en el exilio. Pero una de ellas nos dijo que la única prueba que tenían era que un brujo les leyó la bolita de cristal y allí aparecía que fueron ellos. Pero también entrevistamos a los campesinos de apellido Rivera, a los diputados y a otros implicados, y lo hicimos vía internet.

El hilo conductor del reportaje de memoria en este caso es la voz del abogado de las víctimas, Alejandro Hernández, una voz muy crítica y muy humana. El reportaje lo tuvimos que dividir en seis partes, cada una de unos 13 minutos de duración, que hoy tienen en promedio 26 mil visitas en YouTube. Recuerdo que queríamos que un grupo de teatro nos ayudara a representar las torturas que recibieron los Rivera y otras víctimas y ese favor nos lo hizo el grupo Artífice Inimaginable, con actuaciones más que profesionales. Haber publicado este reportaje es una de nuestras más grandes satisfacciones, pues le cumplimos a los televidentes del Canal Capital, mostrándoles las versiones encontradas sobre éste caso, ya casi olvidado, que 37 años después todavía está en la impunidad porque la justicia colombiana se declaró incapaz de pronunciarse. Pueden verlo y seguir la serie acá.

- ¿Cuáles otros trabajo hicieron en Hagamos Memoria?

-Tenemos uno sobre el magnicidio de Luis Carlos Galán, en el que entrevistamos a sus hijos y a su viuda, al camarógrafo que grabó el asesinato, a la viuda de uno de los escoltas que también cayó abatido y al antiguo jefe del DAS, Departamento Administrativo de Seguridad, el general Miguel Antonio Maza Márquez, que entonces estaba llamado a juicio y hoy ya ha sido condenado a treinta años de prisión por ese magnicidio. Este reportaje de memoria tiene 29 mil visualizaciones en YouTube. Otro sobre los sesenta años de la televisión colombiana, que hicimos con el periodista recientemente fallecido, Javier Darío Restrepo, tiene 27 mil visitas.

Insisto en el número de visualizaciones porque es la evidencia de que el trabajo está circulando, está siendo visto por una audiencia nueva, y no se quedó guardado en una gaveta o fue destruido, como me ocurrió con decenas de noticias y reportajes que hice para muchos medios de radio y televisión en las décadas de los noventa y los dos mil. Yo lo he repetido muchas veces: Caracol y RCN son responsables de la destrucción de la memoria de este país, pues no aprecian sus archivos, no los guardan como algo precioso que la gente merece volver a ver. Cuando, en las décadas de los noventa y los dos mil yo trabajaba para esos medios y lo hacíamos grabando en cintas de betacam, yo veía cómo reutilizaban esas cintas, grabando otra vez sobre ellas, borrando así la memoria de este país. Veía cómo del material enviado por un corresponsal, que en ese trabajo había arriesgado su vida, grabando a los sobrevivientes de una masacre, por ejemplo, sOlo aprovechaban los escasos segundos más sensacionalistas para titular con todo el amarillismo posible,y lo demás lo reutilizaban o lo botaban a la caneca de la basura.

- ¿Por qué no quedaron esos trabajos guardados en una memoria?

- Uno, como periodista y reportero, estaba en el corre-corre de las noticias, preocupado más porque los colegas no lo chiviaran que por guardar su propio archivo, pero hoy pienso que si pudiera devolver el tiempo pensaría más en guardar mis propios archivos que en en sacar una noticia al aire. En los medios, antes del 2000, individualmente no había posibilidades técnicas de guardar nada, todo era un desperdicio impresionante y para los grandes medios eso no era importante. Hoy la situación no ha cambiado mucho, de los 150 documentales que hice para Hagamos Memoria en Canal Capital, solo logramos subir a YouTube la tercera parte, y los otros cien están en los archivos del canal, pero refundidos, o ya han sido borrados, porque algunos amigos que los han pedido mediante derechos de petición han recibido como respuesta que fueron eliminados porque ocurrieron accidentes electrónicos.

- ¿A lo largo de su vida cuáles trabajos recuerda que realizó y que hoy no tiene guardados?

- En Radio Santa Fé, entre 1989 y 1992, hice reportajes que hoy no tengo guardados y que lamento mucho que se hayan perdido. Uno sobre la epidemia de cólera que azotó a la costa pacífica colombiana, a donde me envió mi jefe Édgar Artunduaga y que fue nominado a los premios de periodismo Simón Bolívar. Otro que hice con un soldado tartamudo que participó en la toma de Casa Verde, sede de la guerrilla de las Farc en La Uribe, Meta, por parte del Ejército. El soldado denunció que a él y a los de su patrulla los habían llevado como gancho ciegos, es decir, sin decirles que iban a atacar el fortín de la guerrilla. Lo que les dijeron fue que iban a capturar a unos ladrones de ganado. Allí hubo muchas bajas por parte del Ejército y el soldado que me dio la entrevista y que había sido herido en los brazos y en el cuello, perdió gran parte de las cuerdas vocales y hablaba muy mal, pero se le entendía. Por ese reportaje tuve problemas con el Ejército, que me presionaba para que les revelara la real identidad del soldado. Claro que nunca se la di.

Otro reportaje con Mustafá, el pionero de los payasos en Bogotá, del que he reconstruido una versión escrita que está en mi página; todos los reportajes que hice sobre los carros-bomba que ponían Rodríguez Gacha y Pablo Escobar en Bogotá, durante los años duros del narcoterrorismo; los que realicé denunciando las masacres de jóvenes humildes en Ciudad Bolívar, a comienzos de la década de los noventa, todo eso se perdió. Y también crónicas urbanas, muchas, que yo hacía todas las mañanas, vía telefónica, desde la sede de la Policía Metropolitana o desde Medicina Legal, entrevistando a los familiares de los desaparecidos o de los asesinados en una Bogotá que llegó a tener altísimas cifras de homicidios y desapariciones. Mis crónicas con culebreros y buhoneros, en los barrios bogotanos, todo eso se perdió. Yo tenía una sección que se titulaba Historias de los Barrios, en la que entrevistaba a los fundadores y líderes cívicos bogotanos, de eso no queda nada, salvo las crónicas escritas que yo tengo y que un día quiero publicar. Me acuerdo del testimonio de una mujer de origen humilde que denunciaba que en un bus le habían suministrado burundanga, echándole en los ojos humo de un cigarrillo. Y crónicas con brujos, para contar que Bogotá es la mata de la brujería, y crónicas en las cárceles con peligrosos asesinos que no duraban mucho porque sus compañeros de patio los mataban y les cobraban todos sus delitos. Esos trabajos solo en Radio Santa Fé. De mi posterior desempeño en televisión solo tengo lo que logramos recuperar en Hagamos Memoria.

- ¿De su trabajo en Séptimo Día logró salvar algo?

- Logré salvar la vida, porque eran muchos los riesgos que corríamos, especialmente con esa presión de Manuel Teodoro por convertir las historias en amarillistas. Al cumplir este programa 20 años, Manuel Teodoro publicó una especie de resumen y allí me veo muy joven haciendo el reportaje al colombiano más prolífico en Buenaventura, Valle, un hombre que tenía diez mujeres y en cada una tenía un promedio de ocho hijos. Y a todas sus mujeres las tenía viviendo en la misma isla. Pero en ese mismo programa le hice el seguimiento a un hombre que vendía tiquetes de avión que habían sido robados en un asalto en una oficina turística, al norte de Bogotá. Después de que fue publicada la historia, pasé noches de pesadilla pensando que ese hombre me iba a buscar y no me iba a perdonar haberlo denunciado. Y logré salvar la tranquilidad, que esto es mucho decir trabajando con Manuel Teodoro, porque la periodista que me sustituyó cuando Manuel me echó sufrió parálisis facial, debida sencillamente a las presiones laborales de Manuel, que como jefe se portaba como un verdadero vampiro fascinado con la sangre. Algunos colegas lo han denunciado penalmente por eso.

- ¿De su trabajo en Colprensa hay alguna crónica que recuerde especialmente?

- Recuerdo varias, la del campesino que asaltó un avión con un banano, la del accidente del avión con la cúpula militar a bordo, que tuvo que aterrizar de emergencia en Bogotá y del que yo mismo era uno de los pasajeros, la de la toma de La Calera por parte de la guerrilla de las Farc, la del asesinato de un preso en la cárcel Modelo, la del asesinato del asesino de Tacueyó, el guerrillero de las Farc que con sus propias manos había matado a más de 180 de sus compañeros. Recuerdo una entrevista al fiscal De Greiff como el personaje del año. Recuerdo también mi reportaje al cumplirse dos años de la fuga de la cárcel de La Catedral de Pablo Escobar, sin que las autoridades hubieran dado con su paradero. Recuerdo mis crónicas como enviado especial al Cauca, después de un terremoto que afectó especialmente a los paeces; también la historia que escribí sobre un alto militar, un coronel, al que sus compañeros habían señalado como loco porque no colaboró con ellos en la comisión de varios crímenes; también llega a mi memoria la entrevista que le hice al arquero Higuita, preso en La Modelo por haber colaborado con la liberación de un secuestrado; la crónica al cumplirse sesenta años de la guerra con el Perú, en la que entrevisté a varios de los participantes nonagenarios, y la crónica que escribí sobre Cantinflas el día que murió. Algunas de esas sí las tengo gracias a Marthica Bernal, la jefe de archivo de Colprensa.

- ¿Cuál es su opinión sobre el director del centro de Memoria Histórica, Darío Acevedo?

- El uribismo en el poder ha puesto a Darío Acevedo en la dirección del CNMH con la clara misión de tergiversar la historia del conflicto colombiano, del que dice que nunca ha existido. Negar la existencia del conflicto armado colombiano es como negar a la familia, como negar el nido en que todos hemos nacido y nos hemos criado y del que al fin hemos salido para construir la paz que nos merecemos como colombianos, especialmente nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos. Si se niega la existencia del conflicto se cierran todas las posibilidades al desarrollo de los Acuerdos de La Habana, que de por sí han sido poco atendidos por el gobierno de Duque. Si se niega la existencia del conflicto, Colombia vuelve a oscurecerse y no saldremos de la guerra y de la violencia en mucho tiempo. El trabajo que hicieron en el CNMH los investigadores sociales antes de que llegara Darío Acevedo fue muy juicioso y riguroso, detallando cuáles eran los victimarios en las regiones, fueran guerrilleros, paramilitares o agentes del Estado, y escuchando las voces de las víctimas. No es justo que ahora llegue este señor y lance un baldado de agua fría sobre esos trabajos alegando supuestas subjetividades. Es claro que lo mandaron a cumplir una misión específica, que es negar la memoria del conflicto, lo que tendrá consecuencias perversas para las futuras generaciones que ya no sabrán ni dónde están paradas. Ojalá el Congreso de la República, que ha propuesto una moción de censura a este señor, logre destituirlo de su cargo y llegue allí un científico social de verdad.

- ¿Por qué es importante el estudio de la memoria histórica en nuestro país?

- Porque es la única posibilidad que tienen los estudiantes de generar un sentido crítico sobre lo que nos pasa y de saber que lo que nos pasa tiene unos responsables ideológicos que deben ser juzgados y condenados, para quienes se ha creado la Justicia Especial para la Paz, donde les dan la oportunidad de que si dicen la verdad y señalan dónde están los miles de desaparecidos y señalan a los autores intelectuales de los hechos violentos tendrán la oportunidad de estar en la cárcel solo ocho años. Lo que nos pasa quiere ser ocultado por los mismos responsables de los hechos criminales, de las desapariciones y de los mal llamados falsos positivos, de los bombardeos a poblaciones indemnes y a campamentos de las disidencias guerrilleras, a sabiendas de que allí habían sido reclutados menores de edad. Hay un sector de la sociedad, los más pudientes y encapsulados en el poder, que no quieren que se sepan estas infamias y éstas complicidades en los hechos criminales. En cambio, la mayoría de los colombianos queremos saber esa verdad y queremos que haya paz, justicia, reparación de las víctimas y no repetición de los hechos violentos. El día que esto se realice en Colombia comenzará la verdadera paz.

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