Organizar, parar y avanzar

Una mirada a propósito de 'Parar para avanzar', libro de la profesora Sandra Borda

Por: Juan Carlos Guzmán Pérez
diciembre 17, 2020
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Organizar, parar y avanzar
Foto: Nelson Cárdenas

Tal como se señala en el prólogo del libro Parar para avanzar (de la profesora Sandra Borda), comienza a gestarse en medio de la movilización más grande de la historia de Colombia: el paro nacional del 21N (2019). Esta contó con masiva participación de nuestra generación, que hoy sufre como ningún otro grupo social la crisis socioeconómica que golpea a nuestro país. Por eso, a lo largo de poco más de 90 páginas, lleva al lector a un viaje necesario para aquel que pretenda entender quiénes somos, qué queremos, qué soñamos y cómo nos organizamos.

El viaje literario propone grosso modo dos ejercicios: saber ¿qué carajos pasaba de verdad? (¡Y sigue pasando!), mediante la descripción de algunas movilizaciones recientes –y sus motivaciones–cuyos principales protagonistas fuimos nosotros: los jóvenes, hasta desembocar en el gran paro nacional de noviembre del 2019. Y, por otro lado, saber quiénes somos esos; que, golpeados por el difícil acceso a la educación, el desempleo y el mal empleo, y la incertidumbre inundando el futuro, no tuvimos más alternativa que asimilar la realidad, organizarnos, y echar a andar con determinación el trajinante camino de modificarla.

También la obra es clara en señalar y destacar el papel de dos organizaciones gremiales estudiantiles: ACREES[1] y UNEES[2], e inevitablemente entra a describir, sin agotar tinta en análisis, varios de los debates más relevantes al interior del movimiento estudiantil: el uso de la capucha, la estructura organizativa, la vinculación y actuación política de sus dirigentes, etc.

Pero aparte de destacar la labor y la relevancia de las organizaciones, el libro rescata la labor de jóvenes mujeres y hombres, que han tomado la decisión de levantar las banderas del movimiento y encabezar la trabajosa, pero encomiable labor de organizar a sus similares para apuntar a tan alto objetivo como lo es la educación gratuita, de alta calidad, de carácter científico y al servicio de la nación. Hace este ejercicio mediante un método particular, humanizado, quizá romántico, reseñando brevemente algunas historias de vida de varios líderes estudiantiles, que han dedicado una porción de su tiempo y su energía a jalonar a miles de estudiantes a defender la educación como un preciado derecho, irremplazable pieza en el engranaje para conseguir una república más soberana, democrática y equitativa.

Hay que anotarle un acierto al libro cuando describe en términos tranquilos que al interior del movimiento no todo –más bien casi nada–es color de rosa; que, así como existen puntos de acuerdo, existen diferencias: en lo concerniente a la estructura organizativa, la autora señala que este desacuerdo dio lugar a un “trabajo conjunto” en el paro nacional universitario de 2018. Esto, ya que la estructura asamblearia de la UNEES facilitó la movilización de estudiantes y la estructura de la ACREES le otorgó mayor visibilidad ante los medios al movimiento. Si bien hay que resaltar el carácter masivo, informativo y decisorio que han tenido y pueden seguir teniendo las asambleas, también se debe aclarar que la concurrencia de una movilización no obedece exclusivamente a si se realizan asambleas o no, además de que en algunas universidades de nivel regional la concurrencia de las movilizaciones del paro de 2018 disminuyó drásticamente con el correr del tiempo a la par que la concurrencia a las asambleas. Por tales motivos el movimiento estudiantil debe seguir haciendo esfuerzos organizativos que apunten a verdaderas garantías democráticas, visibilidad ante la sociedad y legitimidad ante los estudiantes en general, para cumplir el aparente pleonasmo de que toda organización es organizada.

Con base a todo lo dicho hasta aquí, desde el trato cercano que presentó la autora a los estudiantes para comprender buena parte de lo que aquí se analiza y resume, hasta todo aspecto concerniente al debate desarrollado a raíz de las distintas consideraciones relacionadas al aporte reciente del movimiento estudiantil en el transcurso de su lucha continua, no me cabe ninguna duda sobre el aporte documental y periodístico que significa este libro para quienes vivimos en primera persona tan magníficas y masivas movilizaciones, mucho menos del valor que puede tener para aquellos que aún no se deciden a subirse al tren de transformar de verdad a Colombia y para aquellas madres (cómo la mía) que con genuina preocupación cada tanto preguntan qué hace uno metido en estas vainas.

[1] Asociación Colombiana de Representantes Estudiantiles de la Educación Superior

[2] Unión Nacional de Estudiantes de Educación Superior

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