Oportunismo mezquino

"Por restricción moral, un actor político no puede salir a poner mantos de duda sobre acciones de la administración pública sin antes siquiera saber de qué está hablando"

Por: Juan Nicolás Gaviria B.
enero 25, 2021
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Oportunismo mezquino
Foto: PxFuel

En política se ve de todo; gente buena, gente mala, gente pendeja. Sin embargo, últimamente y vísperas de una carrera política que está pronta a dar inicio veo un nuevo segmento, los oportunistas precoces. Esos que, a falta de argumentos, pretenden —con mechas cortas— atraer la atención de los incautos zombis de las redes sociales.

Este tipo de oportunismo lo encuentro además mezquino. Una cosa es pretender crear una audiencia a partir de argumentos serios, acciones concretas y justificadas, crear opinión; otra muy diferente es pretender crear esa misma audiencia a partir del drama y el espectáculo que deriva de noticias contadas a medias, a una audiencia que poco o nada entiende sobre el particular.

Y es que además de mezquino, irresponsable. Por restricción moral, un actor político no puede salir a poner mantos de duda sobre acciones de la administración pública sin antes siquiera saber de qué está hablando, a lo sumo indagar un poco, no puede hacer la de Simón de no leer. Es que su actuar como político debe basarse en la rigurosidad de sus acciones, la ausencia de ello da cuenta de un carácter adolescente e histérico.

Para quien profesa con irresponsabilidad la acusación vacía, solo prima la presunción de culpabilidad de quien sea ostente la investidura. Esa presunción de culpabilidad que resulta en otra de las herramientas propias de quien se queda corto en argumentos, del nostálgico de las elecciones que perdió, ese que solo busca no perder vigencia.

Al margen de estatuto de la oposición y lo que establece, aquí en Colombia, la oposición (de derecha e izquierda) paso de tener voz a creer tener la razón; independiente de los datos y los hechos. Es que se les olvida, o no leyeron, lo que dice nuestra constitución sobre el ejercicio de la oposición:

Articulo 112: Los partidos y movimientos políticos con personería jurídica que se declaren en oposición al gobierno, podrán ejercer libremente la función crítica frente a este, y plantear y desarrollar alternativas políticas. Para estos efectos, se les garantizarán los siguientes derechos: el acceso a la información y a la documentación oficial, con las restricciones constitucionales y legales; el uso de los medios de comunicación social del Estado o en aquellos que hagan uso del espectro electromagnético de acuerdo con la representación obtenida en las elecciones para Congreso inmediatamente anteriores; la réplica en los mismos medios de comunicación.

A ese artículo le faltó mencionar, o por lo menos pedirle a quien haga uso de este que sea respetuoso y riguroso. Como en efecto se puede advertir por parte algunos sectores de la oposición quienes dan debates serios, argumentativos e informados.

Por eso resultan tan graves esas manifestaciones que carecen de rigor técnico, un carente rigor propio de quien se encuentra marginado del escenario y el contexto. Argumentos vacíos que no cuentan con la información completa, pues no fueron invitados a la discusión y eso además de herir sus egos, explica lo fantástico de sus argumentos.

Una cosa es declararse partido en oposición y participar del debate, otra es haber perdido una elección y sentirse inmediatamente con la autoridad para hacer oposición. Ponerse la camiseta de ciudadano preocupado, no otorga el derecho de salir a señalar y desplumar gallinas. Ese ciudadano preocupado también tiene la responsabilidad de ser riguroso, sobre todo si pretenden volver a aspirar.

Ya lo había dicho en otra columna, pero vale la pena recordar las palabras de Umberto Eco al respecto.

Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban solos en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ellos eran silenciados rápidamente y ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los idiotas.

Idiotas y mezquinos me resultan aquellos que, por procurar una audiencia atentan contra la institucionalidad. Es que atentar contra las mismas instituciones que se anhela representar, resulta idiota y mezquino. ¿O será que la premisa aquí es destruir para después construir?

No encuentro otra explicación. O creen que el pueblo es pendejo, o solo pretenden destruir y desprestigiar todo aquello que existe. Pues a renglón seguido viene la segunda bandera que eleva aquel oportunista; esa que reza, que solo él podrá sacar adelante lo que sea que quiera sacar adelante.

Honestamente estoy cansado de intervenciones tontas, mal explicadas e improvisadas, sobre cualquier cosa que haga el ejecutivo, o un alcalde o un gobernador en ejercicio. Si van a desplumar la gallina asegúrense de hacerlo bien, no vaya a ser y el agua caliente les pele las manos.

También estoy cansado de intervenciones mal diseñadas, mal pensadas y sobre todo mal expuestas en escenarios que no corresponde. Pero más que cansado estoy preocupado.

Me preocupa profundamente que el debate político ahora se dé en redes sociales, ante un pueblo zombi que asume como real todo aquello que le presenta su influenciador de cabecera. Pues ahora el aspirante a político además de influenciador resulta precoz, juvenil y mezquino.

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